Murió envenenado. El mechón de cabello que le cortaron el día de su muerte presenta enormes cantidades de plomo. Vivió una infancia dura, un amor imposible y se quedó sordo. Cuando se celebra el 250.º aniversario de su nacimiento, se analizan nuevas facetas de este compositor revolucionario que sigue admirando a los expertos por su modernidad. ¿Por qué su música nos emociona tanto? Por S.B.

• Las innovaciones de Beethoven

La sinfonía Heroica la empezó a componer en 1802, cuando su sordera ya era considerable, lo que suponía una situación terrible para un músico que también se ganaba la vida como pianista y tenía a varios familiares a su cargo. Su Sinfonía número 9, que incluye la Oda a la alegría y es el himno de la Unión Europea, la compuso en un estado de sordera casi total.

Es un portento que Beethoven pudiera crear música y no solo leerla e interpretarla. Debió de exigirle muchos sacrificios, pero también es una prueba de lo que un ser humano puede hacer movido por la pasión.

Beethoven continúa gozando del favor del público 250 años después de su nacimiento. Su música es más compleja que la de otros muchos compositores, pero cautiva, llega al corazón. Por ejemplo, la sonata Claro de luna. Todo el que se ha enamorado y conoce esa combinación de ternura y desesperación, de melancolía y felicidad, siente que esa sonata -que Beethoven dedicó a una de las muchas mujeres de su vida- refleja su experiencia. Su música seduce y emociona.

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Un mechón de su pelo: su análisis ha demostrado que el músico se intoxicó con plomo

También su drama personal es conmovedor. La sordera, los problemas familiares, el alcoholismo, la mala salud… A lo que hay que sumar un gran amor que nunca se consumó y todos los demás amores que lo atormentaron.

Para combatir la sordera, salía al campo a memorizar cantos de los pájaros. Y, al componer, buscaba vibraciones musicales

A finales del siglo XIX, cuando la nación alemana acababa de nacer como tal, Beethoven pasó a ser su genio musical por antonomasia. Pero, en opinión del musicólogo Benjamin Walton, de la Universidad de Cambridge, Beethoven, más que alemán, es europeo, pues pasó la mayor parte de su vida en Viena cuando el Imperio austrohúngaro era un estado plurinacional y en su capital también vivían muchos italianos y franceses. Las influencias le llegaban por todas partes, se nota en sus composiciones, dice Walton, y añade: «Beethoven y Rossini estaban rodeados de música de baile».

Y es que la música clásica también estaba hecha para llegar al cuerpo, cuenta Walton, aunque ese aspecto esté hoy casi olvidado, en parte por culpa de las salas de conciertos que se pusieron de moda a finales del siglo XIX, cuando los burgueses se construyeron auditorios como símbolo de su ascenso social. Imbuidos de su nuevo papel, se sentaban en sus salones muy tiesos, sin moverse.

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Una señal de su rebeldía es que no usaba peluca y vestía a la moda de la Revolución francesa, con pantalones en vez de ‘culottes’

«La música de Beethoven se dirige al ser humano en su conjunto, a la razón y al cuerpo», dice Walton. El sordo Beethoven tenía que recurrir a su cuerpo para percibir la música. Y, para explicarlo, Walton señala los pasajes de unas sonatas para piano en las que Beethoven repite una nota tantas veces que parece que quisiera que las vibraciones generaran un efecto por sí mismas. Este estudioso británico hace mucho hincapié en la importancia del ritmo en Beethoven. También incide en que su música nos suena hoy como si fuera fácil de tocar. Y no era esa su intención. «Beethoven hizo saltar las fronteras de lo que se podía interpretar», afirma. Lo sintieron los miembros del coro que actuaron en el estreno de la Novena sinfonía: se quejaron de que sus partes eran demasiado exigentes.

La exigencia también era consigo mismo. Para luchar contra la sordera, salía al campo para memorizar los cantos de los pájaros. ¿Cómo suena la codorniz? En el manuscrito de su Sexta sinfonía se encuentran anotaciones de este tipo. Así, ya sordo, pudo recurrir al enorme reservorio que era su memoria de sonidos.

Una infancia difícil

Beethoven nació en Bonn, no se sabe la fecha. El 17 de diciembre de 1770 se registró su bautizo en la iglesia católica de San Remigio. En aquel tiempo, en Bonn los aristócratas hablaban en francés y los burgueses querían ser como ellos. Todo en Bonn giraba alrededor de la corte del príncipe elector de Colonia Maximiliano Francisco, un hombre liberal. En el otoño de 1789, el año de la Revolución francesa, el periódico en francés de la ciudad publicó la Declaración de Derechos del Hombre.

El compositor formó parte de aquel ambiente liberal. En una carta a un amigo de juventud escribió: «¿Cuándo llegará el momento en que habrá solo personas?», con esta última palabra, ‘personas’, subrayada. No fue un genio solitario, aislado, que creaba en soledad, sino que tomó el espíritu de la época y lo transformó en música.

También ahora se revisa otro tópico sobre él: que tuvo una infancia muy desdichada. Sí, es cierto que su abuela bebía mucho; que su padre era autoritario y bebedor y que su madre murió joven. Pero Julia Ronge, de la Beethoven-Haus, puntualiza: el padre fue autoritario igual que los padres de la época y, en todo caso, hizo que su hijo recibiera una buena educación. «Solo cayó en el alcoholismo tras la muerte de su mujer, y en esos momentos Ludwig tenía 16 años, era adulto».

Ludwig era el mayor de tres hermanos. El mediano fue farmacéutico y el pequeño, funcionario de Hacienda. Por aquel entonces, los músicos tenían sólidas perspectivas de futuro, sobre todo si podían entrar al servicio de la corte. El don del joven Ludwig llamó pronto la atención. Con 11 años ya sustituía en las misas a su profesor, organista de la iglesia a la que acudían los miembros de la corte.

El príncipe elector Maximiliano Francisco se fijó en él. Ludwig empezó a tocar la viola en palacio. Y fue el príncipe quien le recomendó ir a Viena cuando tenía 21 años.

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Ludwig van Beethoven nació en esta casa de Bonn en 1770, en tiempos del príncipe elector de Colonia Maximiliano Francisco, de espíritu liberal y afrancesado

Beethoven se hizo famoso en Viena en poco tiempo. Su música simbolizaba una nueva época. A Johann Sebastian Bach, que murió en 1750, se lo considera el último compositor de la época antigua, todavía imbuida por la fe en Dios. Beethoven, nacido 20 años después de la muerte de Bach, también escribió música religiosa, por supuesto. Pero su música, según Hans-Joachim Hinrichsen, «reaccionaba a los problemas, ideas y temas de su tiempo». Fue un compositor de lo terrenal, de lo humano, y sí, también de lo futuro.

A Beethoven le agobiaba la etiqueta de la corte imperial de Viena. Tenía fama de grosero e iracundo. Quizá es que no sabía cómo debía comportarse en Viena, regida por un severo ceremonial, que exigía que los subalternos salieran de las estancias caminando hacia atrás. Él intentó independizarse de la corte. Recurría al mercado internacional para dar salida a sus composiciones. Se convirtió en un precursor, en un empresario musical antes de que este concepto existiera. Vendía la misma obra en distintos lugares a la vez; su agente negociaba con los editores de Londres. En aquel tiempo, tampoco se habían inventado aún los derechos de autor.

Pudo independizarse, aunque solo fuese en parte, de esos príncipes y reyes que durante siglos decidieron el destino de los compositores por ser los principales contratistas de su trabajo. Claro que sin el apoyo económico de la corte no habría podido concentrarse en la música de la manera en la que lo hizo.

Espíritu revolucionario

Con todo, la voluntad de libertad es algo que resuena en su obra. Otra señal de su independencia es que renunció a usar peluca. Y vestía a la moda de la Revolución francesa. Rechazó los culottes hasta la rodilla de los aristócratas y los sustituyó por pantalones largos, se convirtió en un sansculotte, como se hacían llamar los revolucionarios.

Era un hombre de carácter que vigilaba el presupuesto doméstico: le decía a su criada lo que quería que comprara y supervisaba las cuentas. Era un «inquilino insufrible». Así lo describe Konrad Beikircher en una biografía donde se cuenta que el músico se tenía que mudar constantemente, que por el suelo había pianos sin patas ni pedales y que, cuando componía, se hacía echar por encima un cubo de agua para refrescarse, sin que le importara encharcarlo todo.

Beethoven era un hombre que gustaba a las mujeres y que estaba siempre enamorado, cada vez le dedicaba sus composiciones a una mujer diferente: «Para Elisa» es su dedicatoria más famosa, y con la que dejó un enigma. ¿Se refiere a la cantante de ópera Elisabeth Röckel? Se cree que sí.

Nunca se casó. Se enamoraba de mujeres de un plano social superior al suyo, lo que imposibilitaba el matrimonio. Otros sostienen que su corazón siempre tuvo dueña. De ahí la misteriosa carta a una «inmortal amada».

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Se cree que la ‘inmortal amada’ de la que Beethoven habló en sus cartas era Josephine Brunsvik, una aristócrata, alumna suya de piano. Fue un amor imposible por la diferencia social.

Se cree que era Josephine Brunsvik, aristócrata y alumna suya de piano. Beethoven no solo acabó dándole clases gratis, sino que lo hacía durante tantas horas que la madre de la joven se apresuró a buscarle a Josephine un marido adecuado, un conde con el que tuvo cuatro hijos.

Cuando el marido falleció, Beethoven escribió: «Usted es mi única amiga, mi única amada». Y Josephine respondió: «Mi corazón siempre ha sido suyo». Pero las barreras de clase seguían presentes. Josephine volvió a casarse, con otro aristócrata, y también tuvo hijos con él. Pero el nuevo marido dilapidó su fortuna, nunca la trató bien y la abandonó.

Hay indicios de que Ludwig y Josephine se reunieron el 3 de julio de 1812 en Praga. Nueve meses más tarde, Josephine dio a luz a una niña, Minona: ‘anónima’ al revés. ¿Era hija de Beethoven? El marido de Josephine vivía en el extranjero. Y Minona se parecía a Beethoven. E incluso compuso música…

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Su gran amor, Josephine, dio a luz a una niña nueve meses después de una cita con Beethoven. Hay indicios de que el músico era el padre de esa niña, de nombre Minona (‘anónima’, al revés), que se parecía a él y que también compuso música.

Otra tragedia fue su sordera. No se sabe la causa, quizá una infección. Se sometió a todo tipo de tratamientos: incluso se administró corriente eléctrica en la cabeza con una varilla metálica. Nada funcionó.

Cayó en la depresión. En 1802, con 31 años, se recluyó en el pueblecito de Heiligenstadt para someterse a unas curas. Allí redactó su testamento. En él explicaba a sus hermanos que no se apartaba de la sociedad por «misantropía», sino por la sordera. A partir de entonces, la aceptó y compuso contra ella: empezó a trabajar en la Heroica. En un principio quiso bautizarla en homenaje a Napoleón, pero el personaje le decepcionó cuando se coronó emperador.

Tras la derrota de Napoleón, el otrora triunfante espíritu liberal, revolucionario, pasó a ser perseguido. Beethoven se resistió. Así surgió la Novena sinfonía, en la que «todos los hombres serán hermanos».

Durante décadas, Beethoven bebió dos botellas de vino blanco y una de tinto al día. Al blanco entonces se le añadía plomo

Sin embargo, era bastante conservador en algunas cosas. A su sobrino Karl, a quien quería mucho y del que se hizo cargo tras la muerte de su hermano en 1815, lo crio con tanta severidad que el muchacho intentó pegarse un tiro en la cabeza en 1826. Por suerte sobrevivió.

En marzo de 1827, Beethoven se acercaba al final. Durante décadas había bebido demasiado: dos botellas de vino blanco y una de vino tinto al día. Entonces, al vino blanco barato se le añadía plomo. Beethoven pasó muchas horas de agonía en su lecho de muerte.

El último día estalló una tormenta. Un testigo aseguró que Beethoven levantó el puño con el retumbar de un trueno y luego falleció. Fue su último ‘ta-ta-ta-tan’.

Su vieja amiga Elisabeth Röckel se encontraba a su lado cuando murió y le cortó un mechón de pelo. Gracias a eso sabemos que su cabello presentaba grandes dosis de plomo. Más de veinte mil personas acompañaron su féretro por las calles de Viena, los niños no tuvieron colegio ese día. Beethoven fue una estrella. Y un luchador: compuso a pesar de la sordera, amó a pesar de los obstáculos, hizo una loa a la alegría a pesar de la depresión.

PARA SABER MÁS

Casa de Beethoven. Exposiciones, conciertos, conferencias y eventos programados en su casa natal, en Bonn.

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