El calzado, útil y signo de distinción, nació al final del Paleolítico. Desde entonces ha evolucionado mucho.

La historia del calzado, obviamente, comenzó mucho antes de que supiéramos que Imelda Marcos, la exprimera dama de Filipinas, disponía de tres mil pares en su armario. De hecho, el zapato existe desde el 10.000 a. C., al final del Paleolítico, y el más antiguo que se conserva son unas sandalias de paja trenzada de Egipto.

Los griegos pusieron “de moda” modelos diferentes para el pie izquierdo y el derecho y en Roma el calzado se convirtió en referente de clase social.

  • Egipto. El faraón Tutankamon tenía el enemigo a sus pies. Sus sandalias se ilustraban con imágenes de los prisioneros y rivales del imperio.
  • China. A principios del XX se prohibió a los machúes vendar los pies de las mujeres, pero empezaron a usar los qixie, que obligaban a arrastrar los pies. Llegaban a medir 10 cm, de alto.
  • Mongolía. Los jinetes mongoles de Gengis Kan (siglo XII) cabalgaban a gran velocidad mientras se mantenían de pie en los estribos para usar mejor sus armas. Las botas de cuero iban reforzadas con piezas metálicas.
  • Turquestán. En el Turquestán, en el siglo XIX, los hombres calzaban botas con tacón alto, que los más poderosos encargaban a medida.
  • Sioux. Los adornos de los mocasines sioux son todo un lenguaje. Sólo los guerreros podían lucir pelo de mofeta o cola de lobo.