En el verano de 1936, y a bordo de un yate, el rey Eduardo VIII se relajó y fue fotografiado mientras Wallis Simpson le tocaba el brazo: un error que le costó la corona. Por F. U.

¡Ay, esa mano! Era un secreto a voces, pero esa mano de Wallis Simpson tocando el brazo del rey Eduardo VIII de Inglaterra era la prueba inequívoca del romance entre ambos.

La imagen es muy comprometida. Acaba de mostrarse en el documental Los Windsor una dinastía real, recién emitido en Francia. La fotografía se tomó en agosto de 1936 durante un crucero por el Mediterráneo a bordo del yate Nahlin. Eduardo VIII llevaba solo seis meses en el trono de Gran Bretaña, pero su romance con la socialité norteamericana Wallis Warfield (Simpson es el apellido de su segundo marido) había comenzado cuando él era príncipe de Gales y ella seguía casada.

Antes de este romántico crucero de verano él había notificado a su familia y al gobierno sus deseos de casarse con ella y le contestaron con un no rotundo y escandalizado. La pareja mantuvo las formas en público, pero en el yate se relajaron. Y los pillaron in fraganti. «No se debe tocar el cuerpo del rey en público», explica Ted Powell, biógrafo de Eduardo VIII. Esa mano habla demasiado. Eduardo VIII abdicó en diciembre –cuatro meses después de la indiscreta foto– para casarse con ella.

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