La osa Holly ha pasado semanas devorando a mansalva (hasta veinte mil calorías al día) y ha engordado tanto que es la favorita del concurso Oso Gordo, que se organiza en la Reserva Natural de Katmai, en Alaska. Por Fátima Uribarri

Dentro de unos días, Holly ‘desaparecerá’ durante la hibernación. Pasará meses en una osera sin comer, beber, defecar ni orinar. En el letargo invernal, el corazón de los osos baja a diez pulsaciones por minuto, se ralentizan su metabolismo y su respiración, pero no se debilitan sus músculos ni huesos y, lo que es más sorprendente todavía, en invierno las osas paren y amamantan a sus crías. De ahí la necesidad de tanta gordura.

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