¿Qué le pide al nuevo presidente?

LAS PREGUNTAS DE PUNSET

Como homenaje al divulgador científico Eduard Punset, recuperamos su sección ‘Los lectores preguntan’ en la que abordaba las cuestiones que le planteaban los seguidores de ‘XLSemanal’

Me solicitan desde distintos sectores que -con motivo de las pasadas elecciones presidenciales- le sugiera al futuro presidente del Gobierno lo que yo haría en su lugar. Si por mi fuera, desde luego, no le escribiría ninguna carta; sencillamente, porque no creo en absoluto que lo que yo piense, junto con otros muchos, vaya a influir en las decisiones políticas de los próximos cuatro años. ¿Por qué?

Los españoles tienen un sistema electoral orientado, fundamentalmente, a reflejar la proporcionalidad. Después de una dictadura -cuando se diseñó el sistema tras la muerte de Franco- era lógico que así ocurriera. Importaba mucho que tuvieran voz y voto, por primera vez, cuantas más formas de pensar, mejor; no se podía olvidar a nadie o casi nadie. Lo que importaba era que, por fin, todo el mundo pudiera hacerse oír.

Ahora bien, una cosa es representar y otra, gestionar, y no tenemos el mejor sistema para ello. Sólo se gestiona adecuadamente desde la mayoría social y sólo se dan saltos adelante por consenso. La constitución del Estado del bienestar -impulsado por Bismarck en Alemania, los liberales en Inglaterra y la izquierda en Francia- es el ejemplo más patente. En un momento determinado, en cada uno de esos países se pusieron de acuerdo los representantes de las clases más adineradas y los de las clases trabajadoras en que no se podía dejar a su suerte a los eslabones más débiles de la cadena social. Sin el concurso de los dos, nunca se hubiera logrado. Lo demás son trifulcas, no verdaderos pasos adelante.

Los ciudadanos debemos tomar conciencia del colosal e insoportable déficit de servicios sociales

Es improbable en las circunstancias actuales que ciertas cuestiones clave puedan resolverse sin consenso. Además, cualquier decisión política implica un cambio cultural, y esos cambios son mucho más lentos que los técnicos o institucionales. Si de verdad se quiere profundizar en el conocimiento de las cosas e impulsar los cambios necesarios, es mucho mejor alentar cambios en la manera de pensar de los ciudadanos. Ellos, más que el presidente, son los que, finalmente, deciden.

En lugar de una carta al futuro presidente del Gobierno sugiero, humildemente, a los demás ciudadanos que impulsemos un movimiento de opinión centrado en tomar conciencia de algo que, por desgracia, no ha calado ni en los gobiernos ni en la opinión pública. El alargamiento de la esperanza de vida un fenómeno sin par en cualquier otra especie a lo largo de la evolución ha desvelado un déficit colosal e insoportable en la oferta de servicios sociales, sobre todo para los mayores, que ya son la inmensa mayoría en países como España. Por añadidura, la necesaria universalización de servicios como la educación, la seguridad ciudadana, la sanidad y el ocio ha colapsado las estructuras de la Administración del Estado, que ya tampoco es capaz de garantizarlos a los jóvenes.

El Estado solo no puede garantizar la oferta educativa adecuada -sobre todo con el añadido de las reformas imprescindibles de cara a los próximos años-; sobran los ejemplos de los déficits intolerables en el mantenimiento de la seguridad individual y colectiva; no sólo se han colapsado los niveles de confort, sino la calidad de la atención sanitaria, incluso en aquellas autonomías que tenían a gala servir de pauta a los demás. Sufrimos un déficit galopante de gastos de mantenimiento y no tanto de inversión. Es un déficit biológico, a raíz de la triplicación de la esperanza de vida, que afecta a todos debido a la universalización necesaria de los servicios básicos.