Casi 90 millones de chinos pertenecen al Partido Comunista (PCCh), uno de cada 15. A pesar de esta cifra, es difícil ingresar en él. Solo lo hacen los mejores universitarios y soldados… Por Carlos Manuel Sánchez

Es cierto que los hijos de los miembros tienen más facilidades, pero también suelen contar con acceso a la mejor educación. No obstante, nadie entra con malas notas. Muchos que solicitan el ingreso lo hacen como un trampolín para mayores oportunidades de promoción profesional en cargos públicos y para extender su red de contactos. A cambio, deberán entregar hasta el dos por ciento de sus ingresos al Partido. Se requiere escribir un ensayo autobiográfico y los aspirantes se someten a varios exámenes y a un periodo de prueba.

Los escándalos de corrupción han manchado la imagen del PCCh, que controla la banca y la judicatura. Hasta la llegada al poder del presidente chino Xi Jinping, estos delitos se investigaban de manera interna, en comisiones que solían terminar en nada, pero el encarcelamiento de numerosas figuras prominentes ha convulsionado su estructura en los últimos 5 años. «Que nadie se una al Partido para ganar dinero», ha advertido el presidente Xi Jinping. Apenas hay, por cierto, presencia femenina en los cuadros de mando: solo dos mujeres entre los 25 miembros del Buró Político, el comité de mayor rango.

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