Un niƱo y un perro. El cine y la literatura estĆ”n llenos de historias con estos protagonistas, pero las que contamos en este reportaje son reales. Hablan de cómo estos animales pueden ayudar a quienes sufren un trastorno del espectro autista āunas 450.000 personas en EspaƱaā a relacionarse mejor con el mundo que los rodea. Por Priscila Guilayn / Foto: Carlos LujĆ”n
Cuando su primer hijo nació, hace siete aƱos, Judith Molina tuvo que afrontar un gran reto: demostrar que David era diferente. Ā«Las otras madres me trataban como si fuera una maniĆ”tica sobreprotectora y los mĆ©dicos me decĆan que cada niƱo tiene su ritmoĀ», recuerda.

Charco ha logrado que David (en la cocina de su casa) tenga cierta autonomĆa. Ā«Pero, insisto, no se trata de magia. Hay un trabajo detrĆ”s -subraya su madre-. El perro de asistencia es una maravilla, pero no es la clave de la educación de un niƱo con autismo. Es un complemento a los educadores y a las terapiasĀ».
Se descargó entonces un instrumento de detección temprana del autismo llamado M-Chat y, con el resultado en la mano, acudió a un psicólogo. Este confirmó el diagnóstico: trastorno del espectro autista (TEA), el cual afecta en España a cerca de 450.000 personas.
Acabó asĆ una etapa de incertidumbre y comenzó otra fase, plagada tambiĆ©n de interrogantes. El mayor de ellos: ĀæquĆ© hacer para, mĆ”s allĆ” de la atención temprana, ayudarlo de verdad? Indagó hasta descubrir que existĆan perros de asistencia que podĆan ser adiestrados especialmente para su hijo y solicitó uno a la Fundación BocalĆ”n, entidad especializada en intervenciones terapĆ©uticas para mejorar la autonomĆa de personas con discapacidad.
Ā«Fue algo muy grande. Mi niƱo, que nunca hacĆa caso a nada, jugaba con el perro y se morĆa de la risa. A partir de ahĆ empezó a jugar con nosotrosĀ», cuenta la madre de David
Judith sabĆa que a David, entonces con dos aƱos y medio, no le motivaban los animales, pero decidió probar. Ā«Fui sin grandes expectativas. Solo querĆa un amigo para Ć©lĀ», rememora. Tuvo que aguardar seis meses hasta que Charco, un labrador, se unió a la familia. Al comienzo, el niƱo lo ignoraba. Ā«Charco lo perseguĆa y David lo apartaba una y otra vez. Pero son perros muy insistentes, los rechazas un millón de veces, pero ellos siempre vuelven a tiĀ», cuenta la madre. Y, a fuerza de insistir, en dos o tres meses David, que tan solo se fijaba en ruedas y objetos azules, se puso a jugar con alguien por primera vez. Con Charco. Ā«Fue algo muy grande. Mi niƱo, que nunca habĆa querido tocar nada ni hacĆa caso a nada ni jugaba, de repente, andaba tirĆ”ndole la pelota al perro y, cada vez que se la traĆa con enorme delicadeza, se morĆa de la risa. A partir de ahĆ empezó a jugar con nosotros. Charco nos hizo de puente hacia muchas situacionesĀ».

Las bases de lo que hoy se conoce como ‘terapia asistida con perros’ (TAP) las desarrolló el psicólogo estadounidense Boris Levinson en 1953, tras ver, casualmente, el efecto que tenĆa en un niƱo con autismo la presencia de su perro en la consulta
Un vĆnculo fue, precisamente, lo que surgió entre Charco y David. El perro lo desvestĆa: le quitaba la chaqueta, los zapatos, los calcetines; dormĆa con Ć©l cuando sus noches de sueƱo se limitaban a tres horas; le enseƱaba a cerrar cajones empujĆ”ndolos con el morro a la orden de Judith siempre que su hijo los abrĆa. Ā«Si lo hacĆa yo, David pasaba totalmente. Si lo hacĆa Charco, era diferenteĀ», cuenta la madre, que recuerda los tiempos en que el perro acudĆa con su hijo a las sesiones de atención temprana. Ā«Era muy gracioso. La terapeuta le decĆa: ‘David, coloca esta pieza aquĆ’, y Ć©l… ni caso. Pero si Charco le daba golpecitos en el brazo con el morro, se ponĆa en alerta y obedecĆa la orden. Charco estĆ” atento a todo. Es un perro muy inteligente en muchos aspectosĀ».
El elemento motivador
En este universo de animales al servicio de niƱos con autismo conviene distinguir entre los perros de asistencia como Charco, que viven con la familia, y los llamados ‘perros de terapia’. En este caso, al can siempre lo acompaƱa un profesional experto en intervenciones asistidas con animales (IAA) -educadores, psicólogos, mĆ©dicos.- y un tĆ©cnico que lo guĆa.

En el hospital Gregorio Marañón de Madrid, el equipo de Perros Azules cuenta con una sala para actividades asistidas con perros. «Cuando los niños vienen a un entorno médico, se retraen -explica la psiquiatra Abigail Huertas Patón-. Tener un perro de terapia cerca los deja mÔs calmados y con menos ansiedad. Y eso permite al profesional comunicarse mejor con el niño». Jorge, de nueve años, cepilla a Maya.
Los expertos aclaran que, en el proceso de evolución de los niƱos con TEA, el perro es un complemento, no un sustituto a las demĆ”s terapias ni mucho menos un terapeuta. Insiste en ello Luz Jaramillo, de la asociación sin Ć”nimo de lucro Perros Azules. Ā«Desde el comienzo somos muy sinceros con las familias porque esto no funciona con todo el mundo -explica-. Solo si somos capaces de crear ese vĆnculo en el niƱo, podremos potenciar al perro como elemento motivador. Si no es asĆ, difĆcilmente alcanzaremos nuestros objetivosĀ».
Silvia era una niƱa distante, pero con las sesiones se fue abriendo y empezó a achuchar al perro. Ā«Ahora es todo ternura conmigo -cuenta su madre-. Me dice: ‘mamĆ”, abracito'Ā»
Silvia, por ejemplo, tenĆa ocho aƱos cuando comenzó a participar, una hora por semana, en las sesiones de educación asistida con perros dirigidas por Luz Jaramillo en el colegio Aucavi, de Getafe. La niƱa, que ahora tiene once, no temĆa a los perros, pero los ignoraba. Ā«Su evolución ha sido impresionante -dice Gloria MartĆnez, su madre-. Silvia era una niƱa frĆa, pero con las sesiones fue abriendo sus sentimientos y poco a poco empezó a achuchar al perro de la terapia. Ahora es todo ternura conmigo. Me dice: ‘MamĆ”, abracito’. Sus habilidades sociales han mejorado y empezó a responder a órdenes cortas y sencillas de la vida cotidiana, como ‘apaga la luz’, ‘quĆtate el jersey’ o ‘ponte las zapatillas’Ā».
Cómo entrenar a un perro
Conseguir que los aprendizajes vayan mÔs allÔ de las sesiones es uno de los principales retos de las intervenciones asistidas con perros. «No me sirve de nada que el niño muestre un potencial mientras trabajamos con el perro si eso desaparece cuando yo me voy -enfatiza Jaramillo-. El objetivo es despertar el aprendizaje y que el niño lo traslade luego a otros contextos en los que el perro no estÔ presente».

A todos los perros de asistencia adiestrados por BocalĆ”n se les permite acompaƱar al pequeƱo donde quiera que vaya. Otros niƱos, como Nacho (a la derecha), Ascher (arriba a la izquierda) y LucĆa (abajo a la izquierda), asisten a sesiones de Educación Asistida con Perros en lugares como el colegio Aucavi de Getafe, donde se relacionan con perros como este, llamado Marvin.
Cuando los niƱos interiorizan lo que han aprendido y lo aplican en su dĆa a dĆa, muchos padres, maravillados, imaginan su evolución multiplicada si, ademĆ”s de la hora de terapia semanal, tuvieran Ā«un perro de estosĀ» en casa. Los expertos lo desaconsejan tajantemente. Ā«Es un fracaso -afirma con rotundidad Jaramillo-. Conocemos familias que han pedido crĆ©ditos y se han endeudado gastĆ”ndose entre 20.000 y 30.000 euros en animales que venden como ‘perros terapeutas’. Eso no funciona, aunque estĆ©n adiestrados, porque estas empresas no hacen acople con las familias, que es fundamental; tampoco seguimiento. Les entregan el perro y ya estÔ».
El niƱo evoluciona cuando establece un vĆnculo con el animal entrenado. No se aconseja comprar o adoptar perros domĆ©sticos para este fin. AdemĆ”s de no surtir efecto, es una tarea mĆ”s para unos padres ya desbordados
Entidades como BocalĆ”n sĆ realizan ese proceso de acoplamiento al que Jaramillo se refiere. Suele durar diez dĆas y en Ć©l se enseƱa a la familia a manejar al perro, trabajar con el niƱo y ahondar en sus necesidades para practicar con el animal la manera de atenderlas. Antes, sin embargo, este debe aprobar ciertas etapas. Ā«Casi todos los perros nacen con nosotros -revela Mariscal-, luego pasan un aƱo con una familia educadora que les enseƱa los mejores hĆ”bitos. Cuando regresan, los entrenadores trabajan con Ć©l y, si es vĆ”lido, sigue con pruebas de salud y adiestramiento ocho meses mĆ”s. El gasto medio total es de 12.000 eurosĀ». BocalĆ”n, sin embargo, no suele cobrar directamente a las familias el valor del perro. Ā«Son patrocinados por empresas -explica-. Si la familia tiene una, como fue el caso de Judith, la adquisición se hace mediante una donaciónĀ». Ella y su marido, propietario de una pastelerĆa, gastaron 6000 euros en Charco. Ā«Un niƱo con autismo requiere un gran esfuerzo económico. Somos muy afortunados porque la mayorĆa de los padres no se lo pueden permitirĀ», dice Judith.

LA HISTORIA DE MARIO
Con diez aƱos, Mario empezó a desarrollar pavor a los animales. Ā«VeĆa acercarse a un perro y chillaba y echaba a correr sin fijarse si venĆan coches; o se agarraba al primero que pasabaĀ», recuerda su madre, Carmen de la Fuente. Hace cuatro aƱos fue cambiando su actitud gracias a las terapias asistidas con perros en la Asociación Afanya, en Getafe. Ā«No es que ahora le encanten los perros, pero viene, se va contento de la terapia y se ven cambios. Anda mĆ”s tranquilo por la calle, sin poner en peligro su integridadĀ».
Antes de entregar un animal, BocalÔn realiza una valoración al niño y entrevista a los padres. El seguimiento posterior, clave fundamental del proceso, es constante. Para que el animal siga desempeñando su papel, se recicla el adiestramiento para proporcionar renovadas enseñanzas al perro cuando surgen conductas nuevas en el niño.
AsĆ ocurrió con el pequeƱo David cuando empezó a darse con la cabeza en el suelo cada vez que se enfadaba. Ā«Se lo comentĆ© a la fundación y adiestraron a Charco para que, si eso ocurrĆa, le chupara -recuerda su madre-. Ante el lametón, David lo apartaba y para cuando conseguĆa quitarse de encima a Charco ya se habĆa olvidado del enfado y de dar cabezazos. AsĆ conseguimos erradicar esa conductaĀ». Aunque, como dice Judith, Ā«la modificación de la conducta viene por las terapias, por todo el trabajo, por todo el cariƱo y, sobre todo, por la aceptación. Que aceptes a tu hijo es el primer pasoĀ».
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