Los nuevos activos estrella de cremas y sérums se parecen cada vez más a un yogur. Los científicos han descubierto el increíble poder de la microbiota cutánea. Descubre todo lo que las bacterias (buenas y malas) de tu piel pueden hacer por ti. Por Stefanie Milla

Primero oímos hablar de ellos en relación con el intestino y su flora. La palabra clave es ‘microbiota’: un término que se refiere al conjunto de microorganismos que se encuentran asociados y viviendo en tejidos sanos del organismo, sea el interior de la boca, el intestino o la piel. Y, al igual que en ocasiones se necesita reforzar la flora intestinal para mejorar las defensas, también es posible que tengamos que hacer lo mismo con la flora cutánea. Sí, esa piel que tanto cuidamos y mimamos está cubierta de un auténtico hervidero de microorganismos vivos que son esenciales para su salud (bacterias, hongos, virus y hasta algún parásito que otro) y que varían según el individuo y el área de piel que estudiemos.

En general, en las áreas secas hay mayor variedad de microbios, pues son zonas muy expuestas al medioambiente que las rodean; a diferencia de áreas más húmedas como las ingles, la piel entre los dedos de los pies, las axilas o la parte inferior del pecho. Y las zonas más grasas, donde hay mayor presencia de sebo, son más susceptibles a que haya en ellas un desequilibrio bacteriano que puede derivar en acné. Son muchos los estudios que demuestran que, cuando la microbiota cutánea está bien, la piel está aún mejor porque el equilibrio de microorganismos se traduce en una barrera epidérmica más sana, más fuerte y más resistente. De ahí que tanto probióticos como prebióticos se hayan convertido en los nuevos activos estrella de la cosmética.

Calmar, recuperar y proteger

Como explica Concha Vived, del Departamento de Formación de Clinique, «estos activos ayudan a reforzar el sistema inmunológico de la piel y a regenerar su flora bacteriana, mejorando sus defensas y evitando problemas dermatológicos». Es decir: calman, recuperan y protegen.

Los probióticos son bacterias vivas y los prebióticos, el alimento para esas bacterias

¿En qué consisten exactamente? El primer punto pasa por diferenciar entre ‘pro’ y ‘pre’. Los probióticos son bacterias vivas. Los prebióticos, alimento para esas bacterias. Lo que se hace en cosmética -al igual que en alimentación- es añadir prebióticos «que está demostrado que alimentan y dan fuerza a las bacterias buenas para que acaben más fácilmente con el exceso de bacterias malas», explica Paola Gugliotta, creadora de la marca Sepai y especialista en dermocosmética, que recurre a un símil alimentario para explicarlo. «Si queremos buscar un prebiótico para el intestino, apostaremos por sustancias que alimentan las bacterias buenas, como la fibra, y evitaremos aquellas que sabemos que multiplican las bacterias malas, como los azúcares». Aunque no se trata de acabar con todas las ‘malas’ para potenciar solo las ‘buenas’. Como en todo en la vida, la virtud está en el equilibrio.

Alimentar la piel

Aunque… ojo con creer que las cremas están llenitas de probióticos: no es exactamente así. Como añade Paola Gugliotta, «la cosmética con probióticos no existe, puesto que estos son un conjunto de microorganismos vivos que no se pueden usar en cremas. En primer lugar, porque los conservantes se introducen precisamente para matar cualquier bacteria viva en menos de cinco minutos, sean buenas o malas. Y, en segundo, porque los análisis que evalúan la limpieza de la formulación no permiten la existencia de bacterias vivas». Isabel Márquez Dorsch, directora de producción de los laboratorios Fridda Dorsch, añade: «Para usar probióticos en cosmética sin que supongan una carga bacteriana en la crema, lo que se hace es incluir probióticos lisados, es decir, fragmentos que, al ‘romperse’, se inactivan y que actúan como prebióticos, alimentando a las bacterias beneficiosas».

El sol, el viento o un exceso de limpieza pueden reducir el número de bacterias protectoras

Curiosamente, aunque los azúcares sean fatídicos para nuestra microbiota intestinal, son fantásticos para la piel, al igual que la levadura. En las etiquetas, los encontraremos bajo diversos nombres, tal como ‘yeast’, ‘polisacáridos’ o ‘gums’. «Hay muchísimos componentes que llevan moléculas de azúcar -explica Paola Gugliotta-. Y, por tanto, muchísimos activos que actúan como prebióticos en un cosmético».

Para hacer el cuento corto: los prebióticos son los grandes pacificadores de la flora cutánea. «Con la edad, nuestra piel genera menos células muertas, lípidos… Y agentes externos como el sol, el viento o gestos agresivos para ella, como productos irritantes o un exceso de limpieza, hacen que se pueda reducir la existencia de bacterias protectoras», afirma Isabel Márquez Dorsch. ¿El resultado? «Desequilibrios que provocan que los patógenos se encuentran con un espacio para ocupar, lo que puede llevar a enfermedades infecciosas».

LOS IMPRESCINDIBLES

Pre y ¡probióticos! La cosmética se llena de bacterias

1. Antirrojeces
Crema Redness Solutions, de Clinique (56,50 euros). Su tecnología probiótica ayuda a fortalecer la barrera de la piel.
2. Limpiadora con arcilla
Probiotic Cleanser, de Elizabeth Arden (29 euros). Purifica, prepara, limpia,
desinfecta y aporta probióticos para fomentar las defensas naturales de la piel.
3. Piel equilibrada
Ampollas Acción Profunda Prebióticos, de Germinal. Estimula los mecanismos de defensa naturales (37 euros).
4. Ojos y pestañas
Concentrado activador de juventud
Advanced Génifique, de Lancôme. Rico en extractos de probióticos (67 euros).
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