Usar un fotoprotector es fácil siempre y cuando se tengan en cuenta algunas especificidades. Por S. M.

  • La capa aplicada ha de ser abundante. Para el rostro se requiere una cantidad similar a la de una cuchara de postre y para el cuerpo, la que cabe en el hueco de la palma de la mano. Si no se aplica la cantidad necesaria, no tendremos la protección indicada en el envase.
  • La repetición es la clave. Sabemos que volver a pringarse de pies a cabeza puede ser muy pesado, pero es imprescindible. Debido a su lucha incesante contra el sol, los pobres fotoprotectores quedan totalmente agotados a las dos horas de pelea, momento en el que debemos traer refuerzos en forma de reaplicación.
  • Si el protector no es cien por cien mineral, debemos aplicarlo al menos 20 minutos antes de la exposición.
  • Fiarse solo del índice de protección. No hay solar que proteja al cien por cien del sol. Por eso, además de la cosmética, necesitamos la ropa, los sombreros y la deliciosa sombra para cuidarnos.
  • A menudo buscamos solares con SPF 50+ pensando que nos van a proteger mucho más que un índice 30, y no es exactamente así. Si no se aplica ni reaplica adecuadamente, da igual el índice utilizado: no estaremos bien protegidos. Un índice 50 nos protege del 98 por ciento de la radiación UVB, y un índice 30, del 97 por ciento, ¡la diferencia no es tan grande! Es más importante seguir todas las reglas anteriormente descritas que fiarnos ciegamente del «cuanto más grande, ¡mejor!».

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