No contentos con liderar los mercados en la tierra, los dueños de TESLA y Amazon se han lanzado a una carrera espacial sin precedentes. El primer paso lo ha dado Elon Musk con el lanzamiento de una nave tripulada a la estación espacial internacional. Bezos, mientras tanto, prepara su aterrizaje en la luna. Hay mucho dinero en juego. Te lo contamos. Por Lourdes Gómez 

Hay dos clases de nuevos multimillonarios empeñados en cambiar el mundo: los que quieren vivir más tiempo y los que quieren llegar más lejos. Los primeros invierten en proyectos relacionados con la inmortalidad (y los hay muy osados, como Larry Ellison, fundador de Oracle, que apuesta a que mutaremos’ en máquinas). Los que quieren llegar más lejos tampoco son timoratos: aspiran a la conquista del espacio. ‘Marte’ es la palabra clave. El más reseñable dentro de esta categoría de ultrarricos es Elon Musk, el creador de Tesla, pero quien posiblemente conseguirá los titulares más importantes en los próximos años será Jeff Bezos, el dueño de Amazon.

La entrada de estos empresarios/visionarios en la carrera espacial va a suponer un impulso exponencial en la investigación o conquista -según quién lo cuente- del universo. El primer ‘gran paso para la Humanidad’ se dio el pasado 30 de mayo cuando se lanzó la nave Crew Dragon, diseñada por SpaceX, desde un cohete Falcon 9 construido también por la compañía de Elon Musk; todo ello en colaboración con la NASA. A bordo iban los astronautas Doug Hurley y Robert Behnken.

Era la primera vez que Estados Unidos enviaba una misión tripulada, llamada Demo-2, a la Estación Espacial Internacional desde 2011. Los accidentes de 1986 y 2003, en los que 14 astronautas perdieran la vida, provocaron la retirada. Desde entonces la NASA se ha visto obligada a utilizar los sistemas de lanzamiento rusos, como el Soyuz, para poner en órbita a sus astronautas.

Musk contra Bezos: un duelo muy espacial 2

Elon Musk, uno de los inventores de Pay Pal y dueño de Tesla, creó en 2002 Space X, con el objetivo de ser tan disruptivo en la carrera espacial como lo ha sido en la del automóvil y la energía.

Con este lanzamiento Estados Unidos recupera la iniciativa espacial, y para dejar constancia de lo trascendental del momento, Donald Trump presenció el acontecimiento desde el mítico Cabo Cañaveral en Florida.

Pero mucho más importante que ese dato es el hecho de que las empresas privadas se hayan convertido en protagonistas de la nueva era de la carrera espacial. Y no es, como se podría pensar, porque esas compañías hayan invertido dinero -que lo han hecho-, sino porque han logrado abaratar los costes. La NASA estima que gracias a esta alianza con empresas privadas ha ahorrado 30.000 millones de dólares en el desarrollo y construcción de su nave espacial. Y, además, ha dejado así de depender del incómodo socio ruso que, lógicamente, daba prioridad a sus cosmonautas en las misiones. Pero, ¿cómo pueden ser rentables este tipo de lanzamientos?

La clave está en reciclar

El éxito de la propuesta de Space X se debe sobre todo a que han conseguido fabricar cohetes reutilizables. Hasta ahora, los cohetes que impulsan a la nave hasta salir de la órbita terrestre se destruían cuando caían al mar. Los Falcon 9 de Space X aterrizan de forma segura en una plataforma situada en el océano Atlántico. Lógicamente, esto reduce enormemente los costes. El Falcon que ha permitido llevar ahora a la Crew Dragon a la Estación Internacional se ha usado en 29 lanzamientos de prueba desde 2018, y se espera que pueda ser reutilizado hasta setenta veces más.
Y ¿cómo lograron los ingenieros de Musk tal avance? Estimulando su ingenio… con una ‘sana’ competencia. Después de los fracasos de sus naves a principios del milenio, la NASA puso un marcha un programa llamado ‘Commercial Crew’ para el que invitaba a empresas privadas a desarrollar soluciones a sus problemas.

La Nasa enfrentó a Boeing y Space x. Todos apostaban por la primera, pero Musk arriesgó y ganó. Sus cohetes han devuelto a Estados Unidos a la carrera espacial

Se presentaron varias candidatas y finalmente fueron seleccionadas dos: Space X y Boeing. Con un presupuesto inicial para la investigación de 6,9 billones de dólares -no todo es iniciativa privada, claro está-, las compañías se pusieron a correr como dos galgos detrás de la liebre. La competencia debía estimular su creatividad. Y vaya si lo hizo. Las apuestas en 2014 iban claramente a favor de Boeing, un gigante de la ingeniería aeroespacial, con un siglo de historia y una larga tradición de contratos con el gobierno estadounidense. Space X había sido fundada en 2002, está dirigida por el excéntrico Elon Musk y no se ha llevado bien con ninguna Administración. Por si fuera poco, la Nasa le dio a Boeing mil millones de dólares más que a Space X para arrancar el proyecto.

Pero nada estimula más a Musk y su joven equipo que un desafío a lo David frente a Goliat. La capacidad de mejora de Space X ha batido récords. Fueron mucho más rápidos y mucho más intrépidos. Y no les importó asumir riesgos: tuvieron problemas con el diseño de los paracaídas, varios cohetes Falcon 9 explotaron y también estalló una cápsula durante un ensayo de rutina. Pero nada detuvo a Musk: solucionaron los problemas con la misma rapidez con la que los crearon y acabaron pasando todos los escrutinios de seguridad de la NASA.

Al mismo tiempo, a Boeing se le multiplicaban los problemas. Todavía estaba lidiando con el desastre relacionado con los fallos mecánicos de su avión estrella, el Boeing 737 MAX, cuando un ensayo no tripulado de una de sus naves en diciembre de 2019 resultó un fracaso. perdieron combustible cuando ya estaban en órbita y todo el proyecto tuvo que ser reprogramado para octubre de este año. Para cuando quieran lanzar una misión tripulada, Space X les llevará dos años de adelanto. La liebre ya está en las fauces de Musk.

Volver a la luna cuanto antes

El único que puede arrebatarle la liebre es otro intrépido empresario tan ambicioso, o más, que él: Jeff Bezos, el dueño de Amazon. Porque esta competición no ha hecho más que empezar. A la pugna por el contrato de la NASA en 2014 se presentó también Jeff Bezos con su empresa Blue Origin.

Musk contra Bezos: un duelo muy espacial

Jeff Bezos, de Amazon, creó Blue Origin en 2000. Entonces solo para vuelos suborbitales, pero ha crecido en tamaño y ambición. En mayo del año pasado dejó claro su objetivo. «Nos estamos quedando sin energía en la Tierra. Es el momento de volver a la Luna. Esta vez para quedarnos ahí».

No paso el primer corte, pero lejos de desistir se centró en otro objetivo: volver a la Luna. Bezos apostó y ganó. Se hizo con el programa Artemis, cuyo objetivo es llevar humanos a la Luna en 2024. El programa incluye a otras empresas habituales en el sector aeronáutico como Lockheed Martin, Northrop Grumman y Dropper. Bezos es el recién llegado, pero, igual que Musk, aspira a quedarse con la presa: Blue Origin está desarrollando su ‘lander’, la nave capaz de aterrizar en la superficie lunar. Amazon ya no se conforma con llevar paquetes a su casa…

Poner a Tom Cruise en órbita

Lo que inspira a estos dos multimillonarios es hacer historia y también, claro, el puro negocio. Estamos entrando en la era de la comercialización de la órbita terrestre y de la privatización del espacio.

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En comparación con Musk y Bezos, las aspiraciones de Richard Branson, de Virgin, para gestionar el turismo espacial se han quedado en un juego.

Las posibilidades que ofrecía el turismo espacial ya las visualizó’ en los años 90 el dueño de Virgin, Richard Branson, aunque hoy sus rivales le hayan dejado atrás. Space X, por ejemplo, tiene comprometidos cuatro de los siete asientos disponibles en su nave Crew Dragon para la NASA, pero puede utilizar los otras tres para poner en órbita a turistas espaciales. Musk no ha ocultado su intención de hacerlo y circulan más que rumores que indican que, como promoción, Tom Cruise rodaría su próxima película en la Estación Espacial a la que llegaría a bordo de una nave de Musk.

Jeff Bezos está construyendo una nave que pueda aterrizar en la luna en 2024. Amazon ya no se conforma con llevar paquetes a casa…

Pero el turismo es solo un primer escalón. La privatización del espacio es un asunto mucho más complejo y peligroso. Donald Trump ha expresado su deseo de que la Luna pase a ser territorio americano y sus potenciales recursos, como el helio 3, necesario en la fusión nuclear, pasarían a ser propiedad de ese país. Algo similar debe de estar rondando la cabeza de los otros dos dirigentes que podrían tener ambiciones similares: Putin y Xi Jinping, porque solo Rusia y China podrían adelantarse a las opciones americanas de volver a la Luna.

Elon Musk, de momento, prefiere aspirar a ser el primero en llegar a Marte, lo dijo nada más lanzar el Dragon el pasado día 30. También se permitió enviar un comentario ácido a los rusos. El 2014 cuando Estados Unidos impuso sanciones a Rusia por su ocupación de Ucrania, el viceprimer ministro ruso, Dmitry Rogozin, amenazó con que los americanos podían prepararse para usar un trampolín para llevar a sus astronautas a la Estación Espacial Internacional. El día 31, cuando su nave conquistaba el espacio, Musk tuiteó: «¡El trampolín funciona!».

Foto apertura: esta foto de la NASA recoge el momento del despegue del cohete Falcon 9 en Cabo Cañaveral, Florida, el pasado 30 de mayo. Los dos astronautas a bordo llegaron a la Estación Espacial Internacional 19 horas después.

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