Casi no llevan maquillaje, beben vino y comen pan con mantequilla como si no hubiera un mañana y no se esfuerzan demasiado en su peinado matinal. Pese a ello, las francesas siguen siendo las mujeres más atractivas del planeta. Te contamos todos sus trucos para conseguirlo. Por Stefanie Milla / Fotos: Getty Images

Cuando se trata de idealizar la belleza femenina, no hay nada como acudir al país vecino. Alejadas de los excesos con la brocha que tanto practican otras estrellas como las Kardashian y con un interés más relajado por su aspecto diario, celebrities como Inès de la Fressange o Isabelle Huppert son solo algunos ejemplos de ese famoso je ne sais quoi de las francesas, ese toque especial que ha conseguido que el paso del tiempo apenas afecte a su encanto. Analizamos sus secretos.

Piel: cuidados tempranos

Prevenir y aprender. En Francia no se espera a ver la primera arruga para cuidar la piel con mucho mimo, sino que es parte misma del proceso de crecer. Una de las mujeres que mejor lo explica es Mathilde Thomas, creadora de la marca Caudalie y autora del libro The french beauty solution (‘La solución de belleza francesa’): «Aquí, nuestras madres y abuelas nos enseñan que siempre hemos de aplicarnos un buen filtro solar, que debemos desmaquillarnos cada noche con una buena limpiadora y que, si tenemos el dinero, el producto en el que debemos invertirlo es un sérum», comenta. Un estudio de la empresa Mintel le da la razón: según este, un 33 por ciento de las jóvenes francesas entre 15 y 19 años usa cremas antiedad regularmente.

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La diva más exquisita del cine francés, Carole Bouquet, es dueña de una belleza basada en la naturalidad. Otro de sus secretos? Mantenerse fiel al perfume del que fue imagen durante muchos años: Chanel Nº 5

La también francesa Isabelle Picou, directora de Comunicación de Clarins, otra de las grandes marcas de belleza galas, lo confirma: «Yo le he enseñado a mi hija no solo a asearse, sino también a ponerse siempre crema por todo el cuerpo, a cómo aplicarla en la cara… Y no dejamos de cuidarnos nunca. Por ejemplo, la mujer francesa usa siempre una exfoliante y una mascarilla una vez a la semana. Y nada de dejarla actuar cinco minutos, no. ¡la dejamos sus veinte minutos!».

Carmen Navarro, la gran dama de la estética de nuestro país, lo confirma. «En Francia, muchas madres llevan a sus hijas a una facialista desde muy jóvenes para que les enseñe a cuidar la piel. En España, demasiado a menudo me traen a chicas y chicos cuando están ya como paellas, llenos de granos, en vez de seguir una rutina de tratamiento desde muy jóvenes para evitar problemas como ese», explica. «En Francia existe la cultura de cuidar la piel de forma constante, y eso se nota. Realizan una estética preventiva no correctora, y se cuidan mucho en el día a día. Eso les permite llevar bases muy ligeras que dejan ver un cutis transparente y con luz. Les gustan, además, los tratamientos poco invasivos que mejoran la piel de forma natural, sin grandes alteraciones», añade. «En nuestros centros, siempre que viene una francesa pide la tecnología LPG porque estimula el colágeno y la elastina desde el interior de forma natural. En Francia es la aparatología más popular, y la usan toda su vida, para tener siempre la piel en buen estado, más firme y más jugosa».

Más disfrutar, más moderación y menos dietas

La ‘paradoja francesa’. Es el curioso nombre que recibe la documentada evidencia médica de que los galos, a pesar de seguir una dieta rica en grasas, tienen una prevalencia baja de enfermedades cardiacas y vasculares. Venga a decir que las grasas son malas y llegan los franceses, con sus quesos y sus cruasanes rebosantes de mantequilla, y tienen una tasa de enfermedades coronarias mucho más baja que el resto del mundo.

La clave de la dieta francesa es que comen -y beben- de todo, pero en pequeñas cantidades

Las explicaciones científicas han sido variadas -el papel cardioprotector del resveratrol del vino tinto, el efecto beneficioso de los lácteos fermentados (como el queso…)-, pero la realidad de la dieta francesa es que comen de todo, pero no demasiado. ¿Vino? Sí, por favor, una copa de tinto con las comidas. ¿Queso? Sí, claro, pero unos trocitos pequeños como postre.

La importancia de un buen corte

«Son cortes de pelo de diseño absoluto». Así de clara es Cheska, una de las discípulas más conocidas de Alexandre de Paris, uno de los grandes de la peluquería francesa. «Cortes que no necesitan ser peinados, pero que siempre quedan bien -ríe y añade-. Son estilos en los que el volumen desempeña un papel muy importante para que se vea un aire despeinado, ¡aunque está supertrabajado!». Y termina: «Siempre me ha llamado la atención que las francesas buscan el estilo que favorece a sus rasgos y se mantienen en él, independientemente de las modas».

Llevan cortes de pelo que no necesitan ser peinados y colores que se ajustan a su tono natural

Eduardo Sánchez, director de Maison Eduardo Sánchez y formado en la tradición de la alta peluquería francesa, está totalmente de acuerdo. «En Francia se busca el llamado coiffé decoiffé, es decir, el peinado despeinado. No les gustan los estilos demasiado estructurados ni que se vean artificiales: apuestan por la naturalidad, pero con mucha sofisticación». La fotógrafa Garance Doré confirma que, cuando se trata del estilo francés, menos es más: «Nunca me seco el pelo, soy demasiado vaga para eso».

En cuestión de color, Eduardo Sánchez no tiene dudas: «En España las mujeres, sobre todo a medida que pasan los años, tienden al rubio y a los colores más claros, mientras que en Francia prefieren enriquecer o dar profundidad a su tono natural».

El país del perfume

«A partir de los ocho años, muchas niñas ya comienzan a tener su propio perfume -explica Isabelle Picou-. Un eau de toilette, o un eau de cologne, pero desde niñas nos gusta llevar una fragancia propia. El perfume forma parte de nuestro día a día. Si no llevamos perfume, nos sentimos desnudas». Y añade: «Uno de los regalos más comunes en Navidad para chicas jóvenes no es solo el perfume, sino acompañarlo de su línea de gel, jabón y crema con la misma fragancia».

La parisina ‘perfecta’ nunca usa jabón en la cara y no sale sin un toque de colorete y brillo en los labios

Inès de la Fressange lo tiene claro: «Las parisinas llevamos perfume a diario, siempre». Y comenta: «Me lo pongo incluso si estoy sola en casa». En una entrevista recordaba cómo ha copiado los gestos de su abuela. «Me pongo la fragancia en el cuello, las muñecas y en el pañuelo, como hacía ella. Le gustaban tanto los perfumes que, una vez que la fui a visitar al hospital, no tenía más que frascos de fragancia en la mesita ¡y ni una sola medicina!».

La piel desnuda

«La parisina perfecta -agrega De la Fressange- nunca usa jabón en la cara (que para cuidarla están las leches limpiadoras…) ni sale sin maquillaje, ni siquiera en fin de semana». Algo que Isabelle Picou confirma. «Un toque rápido de colorete, algo de brillo en los labios, quizá un poco de máscara… Sea lo que sea, las francesas no salimos a la calle a cara lavada». La actriz Leslie Caron comentaba a menudo que una de las frases favoritas de su madre era que «la piel de una mujer es demasiado delicada como para salir desnuda».

Los imprescindibles

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Maquillaje con tratamiento
La base favorita de muchas francesas, con activos tratantes: Future Solution LX Total Radiance Foundation, de Shiseido (105 euros).

Cuidado corporal
Supertonificante, con extractos de plantas, un best seller del cuidado corporal en Francia. Huile Tonic, de Clarins (52 euros).
Aceite facial
Nectar Aux 8 Fleurs, de Darphin, es un aceite seco antiedad, un clásico de la cosmética francesa, con extractos de ocho flores (95 euros).
Todo al rojo
Pure Color Love en tono Red Bar, de Estée Lauder, ofrece el color más chic con ingredientes que aportan hidratación y suavidad (25 euros).

 

‘Très français’: gestos de belleza inequívocamente galos

  • El desmaquillado es tan importante como aplicarse crema: nada de usar cualquier jabón o la limpiadora más barata del mercado.
  • El sérum forma parte del ritual de cuidado desde joven: prohibido esperar a las primeras arrugas, ¡más vale prevenir!
  • Suavidad, siempre suavidad: en la cosmética francesa escasean los productos muy agresivos (como cremas con ácidos) y se opta por un cuidado más natural, que mantenga la integridad de la barrera cutánea.
  • Las farmacias son auténticos paraísos cosméticos: gran parte de sus imprescindibles de belleza se venden allí, desde aguas termales a los mejores bálsamos multiuso.
  • Es más importante cuidar bien la piel que cubrirla de maquillaje para ocultar defectos: se lleva una tez transparente, ¡nada de capas y capas de base!
  • Sin miedo al perfume: en Francia gustan las fragancias con personalidad. ¿El secreto para llevarlas bien? Aplicar poca cantidad, directamente en la piel, y convertirlas en una señal de estilo.
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