¿Hasta cuándo se podrá vivir en la Tierra?

LAS PREGUNTAS DE PUNSET

Como homenaje al divulgador científico Eduard Punset, recuperamos su sección ‘Los lectores preguntan’ en la que abordaba las cuestiones que le planteaban los seguidores de ‘XLSemanal’

Se dice que tenemos suerte porque vivimos en un universo amable, con unas condiciones muy favorables para la vida. De hecho, los científicos clásicos creían que éramos afortunados porque habitamos un planeta cuya distancia al Sol era la adecuada para crear las condiciones necesarias para la vida. Quizá hubo un tiempo cuando apareció la vida en la Tierra en que esto fue así. Sin embargo, a partir de ese momento, nuestro desarrollo no siguió las mismas pautas que nuestros planetas vecinos, como Marte o Venus, que se desertizaron de forma paulatina. En nuestro caso, en cierto modo, la vida misma fue la que se hizo cargo de todo, la que controló su propio desarrollo. Aquí, los sistemas inorgánico y vivo se desarrollaron al mismo tiempo. Y gracias a esta sinergia, el planeta ha sido un lugar acogedor para la vida a medida que ésta ha ido surgiendo.

En el pasado, cuando el mundo estaba habitado sólo por bacterias, el gas predominante en la atmósfera era el metano. Había poco oxígeno, y ése era un mundo en el cual no podíamos sobrevivir. Así fue durante casi mil millones de años. Pero las cosas cambiaron, la vida evolucionó y nos proporcionó una atmósfera con oxígeno.

Precisamente, James Lovelock, el padre de la teoría de Gaia, se dio cuenta de que la vida recrea las condiciones necesarias para su subsistencia al observar esta capa muy delgada, llamada atmósfera, tan característica de nuestro planeta. Está formada por gases combustibles, como el metano, que se combinan con el oxígeno. Es una mezcla casi inflamable y si la composición fuese distinta, explotaría. Es muy frágil y, no obstante, perdura desde hace miles de millones de años. ¿Cómo es posible? Exige que algo en la Tierra regule la atmósfera y la mantenga constante. Y ese algo es la vida que late con el planeta, como si fuera un organismo, al que Lovelock ha llamado Gaia.

“Hay formas de mantener nuestro desarrollo y evitar el cambio climático. Se basan en la tecnología, no en su abandono”

Gaia existe desde hace quizá tres mil o cuatro mil millones de años, pero se calcula que no le quedan más de mil millones de años antes de morir. En la escala geológica, Gaia es una señora mayor. Sin embargo, antes de que llegue el momento de su muerte, existen distintas amenazas para Gaia que provienen de nosotros mismos.

El dióxido de carbono en la Tierra está aumentando como consecuencia de nuestra forma de vida. La destrucción del hábitat por ejemplo, la pérdida de la selva amazónica no sólo impide el sustento de las personas, sino que afecta al clima y al bienestar del mundo entero. El cambio climático desatará con cada vez más frecuencia olas de calor como la del verano de 2003, en la que murieron veinte mil personas, y el aumento del nivel del mar amenazará a las ciudades costeras de todo el mundo.

La solución para estos problemas podría venir de la ciencia y de la tecnología. Hace doscientos años éramos mil millones de habitantes en la Tierra; ahora somos seis mil millones. Ejercemos tanta presión sobre ella que nos veremos obligados a recurrir a la tecnología para subsistir. Podríamos, por ejemplo, obtener mucha más comida gracias a la industria química y biotecnológica. También deberíamos controlar nuestro rechazo a la energía nuclear. Tenemos razones de peso para temer la guerra nuclear, tan destructiva para la civilización; pero la nuclear es la única fuente de energía que no daña la atmósfera. Por tanto, sí que existen salidas a nuestro desarrollo, pero están basadas en la tecnología, no en su abandono. Hay otra solución: no hacer nada confiando en que cuando llegue el momento de la gran crisis planetaria, la gente y los gobiernos reaccionarán y aceptarán los sacrificios necesarios para sobrevivir.

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