Nació en Castellón en 1982. Tras el éxito abrumador de ‘Sin tetas…’  ‘desapareció’ una temporada para convertirse poco después en ‘chico Almodóvar’ con  ‘Los amantes pasajeros.

Miguel Ángel iba para tenista profesional, pero una lesión en el hombro le alejo del tenis y tuvo que buscar otros caminos. Primero estudio Fisioterapia. Y tras ganar el concurso de Mister Castellón vio que podía tener posibilidades como modelo. De ahí a actuar había un paso. Hizo varios papeles en teatro y cine hasta que en 2005 interpretó a un boxeador en la película La distancia y ganó varios premios. Pero cuando su vida dio un giro radical fue en 2007. Entonces se ‘encarnó’ en Rafael Duque, un narcotraficante con corazón, en Sin tetas no hay paraíso. Y fue el delirio.

¿Cuál es el primer recuerdo de tu infancia?

Una pelota de tenis.

¿El consejo de tus padres que más recuerdas?

“Miguel Ángel, por favor, céntrate”. Me lo siguen diciendo.

¿Qué consejo darías tú a tus amigos?

Que se cuiden.

¿Qué libro o lectura te ha marcado más?

Kafka en la orilla, de Murakami.

¿Qué es lo que haces mejor?

[Va a responder, se detiene y se ríe a carcajadas]. Déjalo en la paella. La receta de mi abuela

El personaje al que más admiras.

Sam Cooke y Martin Luther King. Por experiencias recientes.

Personaje al que detestas.

Hoy en día hay mucho donde elegir, es difícil quedarse con uno.

¿A qué tienes miedo?

Al miedo.

¿Un lugar para escapar?

Mi casa de Castellón.

¿Un defecto propio?

Ser un desastre. Soy muy desordenado.

El defecto ajeno que más detestas.

El abuso de poder.

¿Qué te disgusta más de tu apariencia?

Estoy empezando a aceptarme, aunque suene raro. Aquello que me disgustaba empiezo a aceptarlo.

¿Dónde y cuándo has sido más feliz?

Creo que en la residencia donde vivía cuando jugaba al tenis en Barcelona entre los 13 y los 19 años. Esa etapa donde todo va bien siempre.