Santiago Segura se enfrenta al mayor reto de su carrera: «Por fin voy a hacer de persona corriente. No de insensible y animal o consumidor de estupefacientes». Con motivo de su próximo estreno, ‘Padre no hay más que uno’, hablamos con él de su familia, de su infancia y de sus dos hijas, que también participan en la película. Por Virginia Drake/ Fotografía: Pedro Walter 

• Martina D’Antiochia, ‘youtuber’ y actriz en la última película de Santiago Segura

Dice que de pequeño era un niño rarito y especialito; y de mayor tiene fama de ser exigente y disciplinado en su trabajo, agradecido con los amigos y bastante seco con la prensa. Pero a Santiago Segura (Madrid, 1965) nos lo han cambiado. Rodeado de cinco niños, protagonistas de su nueva película, Padre no hay más que uno (en cines el 2 de agosto), descubrimos al más divertido de los directores, al más niñero, dulce y enrollado padre de familia y al más dispuesto y paciente entrevistado. ¡Un lujo!

XLSemanal. De Torrente a entregado padre de cinco hijos, menudo cambio de registro.

Santiago Segura. ¡Has visto qué cosas! Estoy maravillado, es mi primera comedia familiar. Parece que por fin estoy madurando.

XL. Dice que se inspiró en ‘La gran familia’, estrenada hace 57 años.

S.S. Más que inspirarme, yo quería hacer una película que me gustara tanto como La gran familia y que mis hijas, cuando sean mayores, puedan ver alguna película de su padre en la que tenga otro papel que no sea el de Torrente, tan poco edificante [ríe]. Y también para que se acuerden de las cosas que hacían ellas de pequeñas.

XL. Eso lo tiene asegurado, entre otras cosas porque las dos –Calma y Sirena– actúan en la película.

S.S. Sí; y quiero decir que, aunque estaba seguro de que lo iban a hacer bien, quise que pasaran por el mismo casting que los otros niños.

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En primer plano: Calma Segura (sentada) y Sirena Segura (boca abajo). Al fondo: Carlos González, Martina D’Antiochia, Santiago segura y Luna Fulgencio

XL. Javier, su personaje, se queda al frente de la casa porque su mujer decide irse al Caribe para celebrar el aniversario de boda que él ha olvidado. Y empieza el disparate.

S.S. Creo que muchos hombres desconocen el gran esfuerzo que supone la crianza de los niños. Antes estaba medio establecido que la mujer se convirtiera en ama de casa y que el padre trabajara fuera. Pero ahora, incluso trabajando los dos, la madre carga con más responsabilidad en casa. Es injusto.

XL. ¿Y lo descubre ahora?

S.S. No hay maldad en ese comportamiento masculino, hay ignorancia. Como Javier hay muchos hombres.

XL. Y acaba conquistándonos el corazón.

S.S. Va a ser la primera película en la que me amen. Por fin hago de persona normal, porque siempre he hecho de insensible y animal o de consumidor de estupefacientes…

XL. ¿Cómo fue la relación con sus padres?

S.S. Fue mi madre quien me ha enseñado a ser padre. Era maravillosa, fuera de su época, una mujer alucinante. Recuerdo que compraba la revista Integral, cuando a nadie le gustaban las cosas de la naturaleza, y estaba preocupada por la alimentación y la salud.

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Santiago Segura con su madre. “Tuve una infancia felicísima. Solo con ver estas fotos me emociono” Foto: Álbum familiar

XL. ¿Y su padre?

S.S. Era mucho más tradicional y tenían siempre ese conflicto que surge cuando el padre cree que la madre es demasiado blanda con sus hijos. Mi padre protestaba si los mejores filetes nos los daban a nosotros. Yo creo que tenía un poco de envidia.

XL. ¿Con quién hablaba las cosas importantes?

S.S. Con mi madre, era más fácil y comunicativa y muy partidaria de explicarnos bien todo para que entendiéramos las razones. Tenía una paciencia enorme. Mi padre, en cambio, si le preguntabas por qué tal cosa, te contestaba: «¡Porque lo digo yo! Y se acabó la discusión».

XL. ¡Y «cuando seas padre comerás huevos»!

S.S. Exacto, eso también nos lo decía mi padre y yo pensaba: «Pero qué señor más antipático» [ríe]. A mi padre lo veía poquísimo, siempre estaba trabajando (en una fábrica de tuercas y tornillos), era lo que le tocaba al pobre hombre. Mis padres eran el yin y el yang, no sé cómo se llevaban tan bien y se querían tanto.

“Mi madre es quien me ha enseñado a ser padre. Era maravillosa, fuera de su época. Le interesaba la alimentación, la naturaleza…”

XL. ¿Tuvo una infancia feliz?

S.S. Felicísima. Y lo que más echo de menos es a mi madre.

XL. ¿Vive todavía?

S.S. No; murió de un cáncer a los 64 años y yo lo pasé fatal, porque pensaba en lo injusta que es la vida. Mi madre ha sido supercariñosa con nosotros y supercomprensiva. Yo he tenido una supermadre. ¡Ojalá las madres de ahora sean como ella!

XL. ¿De esto se dio cuenta entonces o lo descubre después de ser padre?

S.S. Después de tener a Calma y a Sirena, pienso más en las cosas que me decía mi madre y las entiendo mejor. Incluso me veo repitiendo esquemas que nos decían y me siento un poco ridículo porque parezco un mono de repetición.

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“Vivíamos en Carabanchel. Mi padre era más tradicional”.  Foto: Álbum familiar

XL. ¿Qué cosas repite?

S.S. Pues, por ejemplo, mi padre se pasaba el día diciendo: «Esta casa parece una verbena» o «apagad esa luz que no se sabe a quién alumbra». Ahora, yo también digo esas cosas, pero mi padre las decía porque era difícil llegar a fin de mes y yo, por el derroche energético.

XL. ¿Lo obligaban a comer todo lo que le servían en el plato?

S.S. Sí [ríe], aunque no había que insistir. Mi madre nos ponía la comida y, en lo que se iba a la cocina a por algo, mi hermano y yo no habíamos dejado ni las migas. Cuando mi madre volvía, miraba debajo de la mesa por si habíamos tirado algo. No se podía creer que comiéramos tan rápido.

XL. ¿A qué le gustaba jugar?

S.S. Yo era un niño rarito que no soportaba el fútbol. Cogía un palo y me iba solo por ahí a jugar a los comandos y hacía mis propias películas, era un niño muy peculiar. Por lo demás, como a todos los niños de la época, me gustaba leer y era feliz con los tebeos.

XL. ¿Dónde jugaba?

S.S. Vivíamos en Carabanchel y no había ningún parque cerca; y, como a mi madre no le gustaba que jugásemos en la calle por si nos atropellaba un coche, mi hermano y yo jugábamos siempre en casa. Estábamos todo el día zurrándonos.

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“Con mi hermano estábamos todo el día zurrándonos”. Foto: Álbum familiar

XL. ¿Dónde pasaban el verano?

S.S. En Cabo de Palos, en Murcia, y ahí sí que éramos unos salvajes. Todo el día en traje de baño de aquí para allá. Recuerdo los veranos como la libertad absoluta.

XL. Cuenta que a los 12 años se compró una cámara de cine por 900 pesetas.

S.S. Una Bolex, sí. Yo a esa edad ya ganaba dinero, era el niño más negociante que hayas conocido. Mi madre flipaba.

XL. Y ahora ¿cómo concilia?

S.S. Pues como puedo. Y te aseguro que intento estar el mayor tiempo posible con mis hijas por mi propio disfrute, por egoísmo.

“Mis hijas se llaman Calma y Sirena porque quería regalarles un nombre original sin recurrir a Manzana”

XL. Ejercer de padre es complicado.

S.S. ¡Y de madre! Recuerdo que la mía me decía: «Hijo, yo intento hacerlo lo mejor posible, pero es que es muy difícil. Nadie te enseña a ser padre, ya te darás cuenta cuando lo seas». Ahora pienso: «¡Pobre mujer, con lo bien que lo ha hecho!», porque lo hizo sensacional.

XL. ¿También ejerció de abuela?

S.S. Lo que pudo, que fue muy poco, porque a Calma solo la vio con 2 añitos y a Sirena no la conoció. Me da mucha pena.

XL. ¿Cómo se reparten los papeles en su casa: mamá para el juego y papá para el castigo, o al revés?

S.S. Parto de la base de que yo estoy enamorado de mis hijas, soy un padre al que se le cae la baba con sus niñas y las quiero muchísimo. Además, he sido muy afortunado porque yo quería chicas.

XL. Y porque el complejo de Electra funciona [risas].

S.S. Bueno, pero mis hijas también quieren mucho a su madre, que se pasa el día pendiente de ellas y las lleva de un sitio a otro. Muchas cosas de las que ocurren en la película son autobiográficas. Mi hija Sirena, en la realidad, va al logopeda porque tiene problemas al hablar y recuerdo que le propuse a su madre que dejara de ir, al menos hasta que acabara de rodar la película, no fuera que empezara a hablar bien y me jodiera el personaje [ríe]. La madre, por supuesto, no aceptó. Y lo de las actividades extraescolares es flipante: Calma toca el violín, y las llevamos a piano, danza, natación… Mi hermano y yo, como mucho, fuimos una vez a clase de yudo.

XL. Responda tipo test. ¿Cuántas veces ha llevado a sus hijas al médico?

S.S. Es que yo no soy un padre normal. Lo de ir a sitios donde hay mucha gente me estresa un poco.

XL. Vamos… que nunca.

S.S. Sí, sí, alguna vez. Cuando mi hija pequeña tenía alergia, fui a lo de la vacuna… Digamos que si la niña ha ido al médico 200 veces, yo la he llevado 30.

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“Con mis dos hijas se me cae la baba”. Santiago Segura con su hija Sirena de 5 años. A la derecha Calma Segura, de 11 años

XL. ¿Cuántas veces las ha recogido de sus actividades extraescolares?

S.S. A las de violín he ido más porque es en el conservatorio. A danza, casi nunca porque es más lejos. Empecé a llevar a Calma a piano porque seguía el método Suzuki y recomiendan que lo haga con el padre. Las seis primeras veces fuimos juntos, pero luego me salió una película y ya no pude. La verdad es que siempre va mi mujer.

“He protegido tanto a mis hijas que hay gente que me ha preguntado si tenía familia”

XL. ¿Baños y cenas?

S.S. Cuando eran pequeñitas, les cambiaba el pañal y a veces las bañaba porque molaba mucho hacerlo, ahora se bañan solas [sonríe]. Pero con los pañales he ido a tope. Recuerdo que durante la lactancia la caca era dorada y olía hasta bien, a mí al menos me gustaba aquel olor. A lo mejor es que soy un guarro, pero cuando dejaban la lactancia y empezaban a comer sólido aquello era bastante más duro porque ya olía a mierda.

XL. ¿Controla sus notas?

S.S. ¡Eso sí! Además, este año me preocupaba más el tema porque han estado un mes distraídas con el rodaje, pero han aprobado todo al final. Así que estoy muy contento.

XL. ¿Asiste a las reuniones de padres?

S.S. A las de muchos padres no, pero cuando el tutor nos llama de forma individual sí que voy. Eso es como llevarlas al parque de atracciones: mejor con su madre, porque es una brasa cuando te reconocen. Recuerdo una vez que mi hija me dijo, cuando la separé de mí para hacerme una foto con alguien: «¿Pero, papá, por qué no quieres que salga yo en la foto?». Le tuve que explicar que la apartaba por su protección, para que tuviera una infancia tranquila y normal. No quería oír eso de «mira, la hija de Torrente», porque la gente es muy friki. Las he protegido tanto que a veces me han preguntado si tengo hijos.

XL. Sin embargo, las acaba de sacar a la palestra al formar parte de esta película.

S.S. Lo he hecho como un regalo para ellas. Yo me imagino lo que sería para mí ahora verme en una película con mi padre, hecha hace 40 años. Si solo con ver las fotos en las que estoy con mis padres ya me emociono.

“A mis hijas, cuando eran pequeñitas, les cambiaba los pañales. Durante la lactancia, la caca era dorada y olía bien. Con la comida sólida, ya era más duro”

XL. ¿También fue un regalo llamar a su hija mayor Calma? [Risas].

S.S. Es que todos los nombres de mujer me recordaban a exnovias, cantantes, actrices… y quería regalarle a mi hija un nombre original sin recurrir a llamarla Manzana. Calma me parecía un buen concepto, aunque mis amigos se tomaran a broma lo de ‘calma segura’. Yo creo que la persona hace al nombre, y tanto Sirena como Calma son niñas buenas, guapas e inteligentes.

XL. ¿Qué tal se han portado los niños en el rodaje?

S.S. Muy bien, porque la disciplina es parecida a la de un colegio, no es un juego: se tienen que aprender los textos, actuar y repetir las cosas cuando se les pide y hacerlo bien. Creo que ha sido algo bueno para todos ellos; aunque reconozco que me planteé bastante que participaran mis hijas, por si podía cagarla y fastidiar su educación.

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Santiago Segura con sus hijas Sirena y Calma

XL. Acaba de recordar cosas que le decía su madre, ¿qué le han dicho sus hijas imposible de olvidar?

S.S. Las cosas que te escriben cuando te traen del colegio el regalito del Día del Padre: «Tú me cuidas, tú me quieres…». Les pregunto que quién les ha dictado eso, y me contestan que nadie, que se les ha ocurrido a ellas [ríe].

XL. ¿Y guarda esos regalos?

S.S. Sí, como los guardaba mi madre. Casualmente, cuando ya no estaban mis padres, tuve que ir a limpiar la casa y, en un cajón, me encontré las poesías que yo le escribía a mi madre. Me las traje y, de vez en cuando, se las enseño a mis hijas.

XL. Para terminar, una curiosidad. Los cameos son ya marca de la casa, Ona Carbonell, Carlos Baute, Boris Izaguirre… ¿Colaboran de forma altruista?

S.S. Totalmente, no les pago nada. Tengo la suerte de tener amigos que se animan a hacer un papelito. ¿Qué les vas a pagar? O les pagas una burrada y desestabilizas el presupuesto de la película o les pides que se vengan y rueden una tarde sin más.

XL. ¿Hay quienes matan por salir en sus películas?

S.S. No; no matan, les hace gracia.

XL. ¿Lo mejor de esta película?

S.S. Que como no se habla de política ni de temas escabrosos van a salir los espectadores del cine con una sonrisa de oreja a oreja.

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