Nació en 1972 en Alemania, donde estudió Arte. Máster en Comunicación y Management en California, trabajó en Silicon Valley. Es autor del libro ‘The business romantic’. Acaba de participar en el Foro XLDesafío Empleo, celebrado en Barcelona, puedes ver el video aquí. Por Daniel Méndez 

XLSemanal. Ha vuelto a Berlín tras años en Silicon Valley. ¿Qué diferencia a ambos ecosistemas?

Tim Leberecht. En Alemania, y en Europa, si tienes una idea y la presentas a un inversor o a tus superiores, la primera pregunta será: ¿quién lo está haciendo ya? Si nadie más lo hace, no se sentirán seguros. En Estados Unidos, la pregunta es la misma. ¡Pero si nadie lo ha hecho es cuando se mostrarán entusiastas! Allí hay un optimismo que admiro y que los lleva a pensar que pueden cambiar el mundo.

XL. ¿Es el modelo?

T.L. Trabajé allí casi 14 años y, créame, no queremos copiar el modelo de Silicon Valley. Tiene muchos efectos colaterales y un coste social muy alto. Necesitamos una economía digital humanista europea.

XL. ¿Cómo será?

T.L. Creo que las compañías pueden aportar significado e inspirar a la gente. Deben recuperar conceptos que han quedado fuera del discurso empresarial: los principios de intimidad, misterio, la importancia de hacer cosas económicamente improductivas… Deben buscar significados más profundos, conectar con distintas identidades. Esto es muy romántico.

XL. ¿Romántico?

T.L. Son los principios del romanticismo en el siglo XIX, que luchaba contra la Ilustración. Este es un momento similar. Nos sentimos desencantados, y es doloroso porque no hay aún un nuevo sistema de ideas en el horizonte. Pero también es un tiempo muy romántico: una transición dolorosa entre distintas eras.

XL. ¿Adónde vamos?

T.L. Cada vez habrá más trabajo automatizado. Es un hecho. Hay que ver dónde el ser humano aporta valor respecto a la máquina.

XL. ¿Y dónde será?

T.L. En trabajos que requieren empatía, imaginación, intimidad, fantasía, intuición, generosidad, una comprensión moral de tu trabajo… Hablo de un terapeuta, un profesor, un director de arte, un filósofo, artistas… Y los CEO deben parecerse cada vez más a un artista y menos a un controlador aéreo.

“Necesitamos una economía digital humanista europea, no otro Silicon Valley”

XL. Y eso, ¿cómo se consigue?

T.L. Los líderes deben estar abiertos a estas ideas y a explorar otras formas de hacer negocios, no solo seguir el camino de los datos. Deben ser capaces de estudiar los datos, comprenderlos… Y actuar en contra de su dictado si es lo que su intuición les pide. Además, la misión de la compañía tiene que estar muy clara.

XL. ¿En qué sentido?

T.L. No puede buscar solo ganar dinero. Debe ofrecer algo con lo que la gente se identifique: otro mundo, una tierra prometida. Esto es muy romántico. El objetivo de firmas como Tesla, o Patagonia, va por ahí.

XL. Y en la oficina, ¿en qué se traduce?

T.L. ¡No se trata de transformarlo todo en tres años, sino de llevarlo al día a día! Por ejemplo, que las reuniones empiecen con un minuto de silencio, donde la gente se mire un rato en silencio. A nivel personal, podemos preguntarnos qué nos hizo elegir nuestra profesión cuando éramos jóvenes y reconectar con tus sueños. Y mostrar todo tu yo.

XL. ¿Sin esconder nada?

T.L. Por supuesto, eres libre de dejar fuera lo que quieras. Pero se trata de que haya una tolerancia hacia la vulnerabilidad, la tristeza, el enfado… Hemos dejado esas partes de nosotros fuera de los negocios, pero toda decisión de negocios es emocional; la hacemos con el corazón, con las tripas, no solo con la cabeza. No es casualidad que Jack Ma, el presidente de Ali Baba, hablara de amor a sus empleados. Las máquinas y la inteligencia artificial serán muy eficientes, mejorarán el análisis de datos y la toma de decisiones, pero no pueden soñar, amar, ser vulnerables…

XL. No es usted muy amigo del big data.

T.L. Los datos son muy importantes y no son buenos ni malos. Pero no contienen la verdad objetiva. El paradigma en la última década ha sido: cuantos más datos se tengan, mejores decisiones se tomarán. Hace poco un amigo me dijo: «Cuantos más datos manejamos, menos certezas tenemos».

Pregunta a bocajarro

¿Su discurso no es un poco ingenuo?

Si no somos algo inocentes, copiaremos lo que ya tenemos. Hace cinco años las compañías se reían de estas ideas; hoy ya entienden que para retener a los humanos como clientes y trabajadores deben explorar otros modelos. Las ideas románticas son muy útiles.

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