Acuartelado en este gris edificio de oficinas en San Petersburgo, un ejército de ‘trolls’ -saboteadores informáticos- bien remunerados ha estado tratando de sembrar el caos en Internet. Sus ataques no conocen fronteras. Por Adrian Chen

El 13 de diciembre de 2014, en Twitter se empezó a hablar de un brote de ébola en Atlanta. El hashtag #EbolaInAtlanta fue trending topic. Un vídeo en YouTube mostraba a un grupo de enfermeros con trajes protectores transportando a un infectado. El mismo día en que se produjo el engaño del ébola, otro grupo de cuentas comenzaron a diseminar el rumor de que la Policía había matado a tiros a una mujer negra desarmada. Un vídeo con un policía disparando parecía confirmar el hecho.

Todo era falso: el pantallazo, los vídeos, las fotos

Se trató de una campaña de desinformación coordinada. Los responsables no solo trucaron pantallazos de la CNN, sino que crearon réplicas perfectas de las páginas web de distintos periódicos y canales televisivos. Incluso crearon una entrada en Wikipedia sobre el desastre.

Este montaje no fue un hecho aislado.

¿Quién estaba detrás de todo esto? Un misterioso grupo radicado en San Petersburgo se dedicaba a difundir información falsa en la Red: la Agencia de Investigación en Internet. Dicha agencia es conocida por dar empleo a centenares de rusos que cuelgan propaganda a favor del Kremlin utilizando identidades falsas con el propósito de crear la ilusión de un gigantesco ejército de partidarios del Gobierno; se los conoce como ‘granja de trolls’.

Un edificio de oficinas situado en el 55 de la calle Savushkina fue la última sede conocida de la Agencia de Investigación por Internet. Ludmila Savchuk trabajó allí dos meses y medio. Un periódico ruso estimó que la agencia contaba con 400 empleados y un presupuesto mensual de unos 20 millones de rublos (unos 400.000 dólares). Durante el tiempo que Ludmila estuvo allí, se encargaban de crear contenidos para cada una de las redes sociales. LiveJournal; VKontakte, la versión de Facebook creada en Rusia; Facebook; Twitter; Instagram; y las páginas de comentarios de los medios rusos de comunicación.

Los ‘trolls’ montan vídeos falsos, replican páginas de periódicos, intoxican Twitter… Todo orquestado, perfecto, y en segundos

Un edificio de oficinas situado en el 55 de la calle Savushkina fue la última sede conocida de la Agencia de Investigación por Internet. Ludmila Savchuk trabajó allí dos meses y medio. Un periódico ruso estimó que la agencia contaba con 400 empleados y un presupuesto mensual de unos 20 millones de rublos (unos 400.000 dólares). Durante el tiempo que Ludmila estuvo allí, se encargaban de crear contenidos para cada una de las redes sociales. LiveJournal; VKontakte, la versión de Facebook creada en Rusia; Facebook; Twitter; Instagram; y las páginas de comentarios de los medios rusos de comunicación.

Según Ludmila, la jornada en la Agencia de Investigación por Internet empezaba siempre igual. Lo primero que hacían al llegar a sus escritorios era conectar un servidor proxy de Internet, que impedía ver sus direcciones IP desde los sitios en los que insertaban contenidos. Los jefes les entregaban un listado con los puntos de vista precisos que ese día estaban obligados a difundir. Ucrania siempre era una cuestión prioritaria; escribían comentarios que denigraban a su presidente, Petro Poroshenko, y sobre las atrocidades cometidas por el Ejército ucraniano. El año pasado, después de que el rublo se desplomara, estos trolls escribieron incontables comentarios optimistas sobre la recuperación económica que estaba a la vuelta de la esquina.

Ludmila compartía despacho con media docena de colegas. Ella trabajaba en un departamento de élite reservado a los ‘proyectos especiales’. Mientras otros se limitaban a la producción masiva de insulsos comentarios a favor del Kremlin, en su departamento se creaban unos interesantes personajes virtuales. Ella se hacía pasar por tres de estas creaciones, cada una de las cuales contaba con su propio blog en LiveJournal. Uno de sus álter ego era una pitonisa llamada Cantadora. El mundo de los espíritus ofrecía a Cantadora todo tipo de revelaciones: sobre amor y desamores Y, de vez en cuando, sobre geopolítica. Cantadora predijo la gloria para Putin y la derrota para Obama y Petro Poroshenko.

¿Qué es un ‘troll’?

Ludmila era un troll. La palabra ‘troll’ se hizo popular en los noventa para denunciar a las personas que saboteaban los chats con insultos o fotos repulsivas. Hoy es posible que un partidario de ISIS adopte un seudónimo para acosar a un periodista en Twitter o que un agitador ultraderechista estadounidense empañe las manifestaciones contra la brutalidad policial haciéndose pasar por un manifestante violento. Todo conflicto encuentra su reflejo en una batalla en Internet entre los trolls adscritos a uno u otro bando.

Según Ludmila, la agencia había industrializado el arte del ‘trolleo’. Los directivos estaban obsesionados con las estadísticas -visionados por página, número de post, el tráfico de los blogs-, mientras los jefes de equipo obligaban a los empleados a darlo todo en el trabajo, a cambio de un sistema de bonificaciones y multas. “El espíritu corporativo era muy fuerte”, recuerda Ludmila. Su calendario laboral era de dos jornadas de 12 horas ininterrumpidas, seguidas por dos días libres. Durante esas dos jornadas tenía que completar una cuota de 5 post de tipo político, 10 inserciones no políticas y entre 150 y 200 comentarios en los post de otros empleados de la casa.

Todos los días, los jefes de la agencia entregaban a los empleados un listado con los temas que ‘tratar’, es decir, que intoxicar

Los empleados tenían entre 20 y 30 años y la agencia, ante la avalancha de trabajo, estaba dispuesta a contratar casi a cualquiera. Sin importar su nivel educativo o sus opiniones políticas. El resultado: sus inserciones estaban llenas de errores gramaticales. “Eran tontos de remate”, afirma Marat Burkhardt, quien trabajó durante dos meses en el departamento de foros, insertando 135 comentarios al día. “Esos tipos iban vestidos a la última, como si fueran de Nueva York. Pero eran tontos”. Los directivos trataron de enmendar su ignorancia con lecciones de gramática rusa. Otros fueron obligados a asistir a clases de politología, para que aprendieran el adecuado punto de vista ruso sobre los últimos acontecimientos. A cambio, el sueldo era muy bueno. Ludmila ganaba 41.000 rublos al mes (777 dólares), tanto como un profesor universitario.

El cocinero de Putin: el hombre en la sombra

Durante el tiempo que estuvo en la agencia, Ludmila Savchuk copió decenas de documentos. También grabó un vídeo clandestino de las oficinas. En febrero pasado hizo entrega de todo este material al Moi Raion, un periódico local crítico e independiente. Ludmila abandonó la agencia el mismo día que el periódico publicó el reportaje. Su objetivo es que la agencia cierre sus puertas; defiende que esa guerra informativa revierte en una atmósfera cada vez más oscura en Rusia. “La paz informativa es el principio de la verdadera paz”, asegura.

Las revelaciones sobre la agencia han fascinado a los rusos. confirman sus sospechas: Internet en Rusia está plagado de ‘Trolls’

Algunos medios rusos han asegurado que la agencia está financiada por Evgeny Prigozhin, un oligarca de la restauración, conocido como el Chef del Kremlin en la prensa independiente por sus lucrativos contratos con el Gobierno y su estrecha relación con Putin. Después de que una periodista de la publicación opositora Novaya Gazeta se infiltrara en la agencia fingiendo buscar trabajo, esta reportera descubrió que uno de los jefes de departamento era una empleada de Concord, el holding empresarial de Prigozhin. Las sospechas sobre Prigozhin se acentuaron cuando los correos electrónicos obtenidos por unos ‘hackers’ dejaron claro que uno de los contables de Concord aprobaba pagos destinados a la agencia. Si todo esto resulta cierto, no sería la primera vez que Prigozhin utiliza su fortuna para costear proyectos dirigidos contra sus enemigos: según Novaya Gazeta, en un documental financiado por el magnate se afirmaba que los participantes en las manifestaciones contra Putin que tuvieron lugar en 2011 eran agentes pagados por los Estados Unidos. “Estamos ante un verdadero genio del mal”, dice Andrei Soshnikov, el periodista de Moi Raion al que Ludmila filtró los documentos.

Objetivo: controlar lo que pasa en la web

Las revelaciones sobre la agencia efectuadas por Ludmila han fascinado a los rusos. Confirman lo que sospechaban: que Internet en Rusia está plagada de ‘trolls’. “Este negocio de los trolls no hace más que crecer”, afirma Platon Mamatov, quien asegura haber estado llevando su propia granja de trolls en los Urales entre 2008 y 2013. Durante ese periodo tuvo entre 20 y 40 empleados, por lo general estudiantes y madres jóvenes, cuya función era la de hacer favores en la Red a sus contactos del Kremlin. Mamatov manifiesta que hay incontables organismos de este tipo por todo el país, que trabajan para las autoridades gubernamentales. Dicha industria se financia mediante un laberinto de negocios-tapadera, de modo que resulta difícil estimar con exactitud cuánta gente está trabajando como troll en la actualidad. Mamatov dice que “son millares”.

El florecimiento de los ‘trolls’ al servicio del Kremlin tiene su origen en las protestas antigubernamentales de 2011, cuando decenas de miles de personas salieron a las calles después de que aparecieran indicios de fraude en las últimas elecciones. Las protestas fueron organizadas a través de Facebook y Twitter y encabezadas por figuras como el cruzado contra la corrupción Alexei Navalny, quien se valió de diversos blogs en LiveJournal para movilizar a los descontentos. Un año después, Vyascheslav Volodin nueva mano derecha de Putin y arquitecto de su política interior se fijó el objetivo de controlar Internet. Según la revista Forbes Russia, Volodin hizo instalar en su despacho un ordenador dotado de una aplicación llamada Prism que le permitía seguir la evolución de la opinión pública en la Red por medio de 60 millones de fuentes. El fabricante de Prism indica en su página web que el programa “monitoriza aquellas actividades en las redes sociales que originan tensiones sociales, sentimientos de protesta y extremismo”. O en palabras de Forbes: “Prism considera que las redes sociales son un campo de batalla”.