Los psicólogos alertan de los riesgos de buscar en las redes sociales viejos amores. Un fenómeno en alza entre los que ahora tienen 40 y 50 años. Por Priscila Guilayn / Fotos: Getty Images, Deposit photos y Mekakushi

«He revivido sensaciones de la adolescencia. Es lo que quería… En aquella época me sentía viva, todo era diversión, emociones; no había problemas ni obligaciones…». María, cuenta, ha viajado al pasado. Y todo gracias a Facebook. Un día buscó en la red social a su primer amor -su novio entre los 16 y los 18 años- y le pidió amistad. Luego echó un vistazo a sus fotos y le envió un mensaje privado. Se desencadenó, a partir de ahí, un intercambio de historias sobre lo que habían sido sus vidas en los últimos 27 años. Ella, casada con el hombre que conoció cuando rompieron; él, divorciado, presto a casarse por segunda vez. Ambos, con hijos.

Con solo pulsar unas teclas del ordenador, se desentierra un antiguo amor del pasado con la esperanza de revivir sensaciones olvidadas

Aun así, dieron un paso más. «Necesitaba volver a sentirme enamorada», explica María, el nombre que elige esta mujer de 45 años para realizar su confesión a XLSemanal. Fue ella quien propuso el primer encuentro. Se vieron unas cuantas veces a tomar un café y a recordar. «No hubo más -afirma María-. Dejamos de vernos y nos enviamos algún mensaje esporádico… Cuando estoy aburrida o triste, busco aquella época».

Mónica Calzada, psicóloga de María, explica así el comportamiento de su paciente: «Tendemos a buscar aquello que nos resulta familiar, porque los modelos familiares con los que crecemos nos dejan huellas profundas. Por eso se suelen buscar aquellos amores primeros que nos hicieron sentir bien, especiales, o por haber sido, sencillamente, la primera vez».Ya lo escribió Armando Tejada en su Canción de las simples cosas -cantada por Mercedes Sosa o Concha Buika-. «Uno vuelve siempre a los viejos sitios donde amó la vida». Y es, según explica Calzada, tal como lo dice la canción. «Tenemos almacenados en nuestro cerebro aquellos recuerdos y volvemos a ellos cuando hay alguna carencia».

reencuentro antiguas parejas por redes sociales, crisis de los 40

En las consultas terapéuticas, de hecho, son crecientes los desahogos sobre el rescate de un amor del pasado, no necesariamente el primero, de un casi ligue de los tiempos del colegio o de una persona muy cercana del instituto con la que había una atracción. «Es un tema recurrente en las sesiones, normalmente, en la crisis de los 40 -revela la terapeuta Verónica Rodríguez Orellana, directora del centro de aprendizaje Coaching Club-. Se puede deber a lo que llamamos ‘asuntos inconclusos’, situaciones que se dieron entre los 15 y los veintipico años que no se llegaron a cerrar. Se quedan latentes y se reactivan en las crisis evolutivas».

Asignatura pendiente

Todo esto también ocurría antes, pero no con tanta sencillez y velocidad. Se recurría a la guía telefónica o al amigo-del-amigo-del-amigo para llegar a la persona en cuestión. «Facebook es un facilitador. No es bueno ni malo, sencillamente facilita una información a golpe de clic -dice Rodríguez Orellana, matizando que este tipo de revivals se ven más en la crisis de los 40 que en la de los 30 o los 50-. La de los 40 está vinculada con ‘lo que no pude hacer’; viene a decir: ‘No soy ni la sombra de lo que fui’. Así que reactivamos los mecanismos a los que tratamos de recurrir en aquel entonces y tratamos de cerrar lo que quedó inconcluso».

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Lo cierto, sin embargo, es que siempre hay una razón por la cual esa historia de hace 20 años (o más) se quedó en el pasado, un motivo por el cual no hubo contacto durante ese tiempo. Por eso, la sexóloga y psicóloga clínica Amaia Bakaikoa hace hincapié en la necesidad de un proceso de reflexión sobre las causas del desencuentro. «Las personas tenemos la memoria selectiva. Solemos quedarnos con los buenos recuerdos y, además, los idealizamos -ilustra Bakaikoa-. En este sentido, puede haber reencuentros acertados y equivocados. Depende de lo que fue y de cuál sea hoy su situación. A través de Facebook, gente incluso con pareja estable trata de recuperar viejos amigos y viejas amigas, entablar una amistad; a veces van más allá de la amistad y acaban teniendo relaciones paralelas».

Donde hubo fuego…

Todo es, en cualquier caso, resultado de una insatisfacción con la pareja actual. «Las fases del enamoramiento, del amor romántico y del amor de compromiso, anteriores a la fase del asentamiento, pasan -subraya la psicóloga Mónica Calzada-. Esa vida en común genera estabilidad, seguridad, fidelidad, confianza, intimidad; pero ya no vives aquella revolución hormonal. Las emociones del enamoramiento se quedaron atrás. Están las responsabilidades, los hijos, las obligaciones del día a día…». Así, en busca de una solución, se recurre al viejo amor o al amigo del pasado. «Se los busca porque están mitificados. De ellos solo recordamos la parte positiva e idealizada», aclara Bakaikoa.

El inicio de la relación puede desatar feniletilamina. “Un compuesto neuroquímico muy potente que produce sensaciones muy intensas”, dice la sexóloga

Sin esfuerzo, con solo pulsar unas teclas, se los desentierra del pasado con la esperanza de revivir sensaciones que, hace mucho, ya no se sienten. «El dicho es cierto. ‘donde hubo fuego cenizas quedan’. Se puede reactivar el fuego de la pasión», admite Bakaikoa. Las mariposas en el estómago pueden ir a más y el inicio de esa relación genera la liberación de endorfinas, norepinefrina, dopamina y feniletilamina. «Es un compuesto neuroquímico muy potente que nos produce reacciones poco profundas, pero muy intensas, en las que abunda la idealización», explica la sexóloga. En ese aluvión de sensaciones, a uno se le va la cabeza y puede incluso dejarlo todo para empezar una relación con esa persona del pasado.

Rodríguez Orellana recuerda a un cliente suyo que se reencontró con un viejo amor adolescente por Facebook: «Se subieron a una ola. Ambos se separaron, con hijos de por medio, para estar juntos. Solo duraron tres meses». Uno de ellos recuperó su matrimonio; al otro, sin embargo, le cerraron la puerta. «Creemos que aquello que estaba en el pasado nos va a dar esa vidilla que nos está faltando hoy. Ahí está el error, donde la mayoría de la gente tropieza», afirma la terapeuta.

En las consultas terapéuticas son crecientes los desahogos sobre un amor pasado. Las personas tienen memoria selectiva

En este sentido, Rodríguez Orellana subraya la importancia de crear nuevas estrategias de comunicación -con nosotros mismos y con nuestras parejas- para resolver cuestiones actuales sin buscar apoyo en el pasado.

Soltarse la melena

Y es que estos reencuentros, por más inocentes que puedan ser, suelen tocar nervios sensibles. «En una barra de un bar, o frente a una copa de vino, reencontrarse con el amigo de la adolescencia reactiva esta esencia de frescura, de libertad y, de alguna manera, también el erotismo que nos produce revivir ese momento. Significa soltarse y hacer contacto con aquellos aspectos en los que no teníamos este corsé o esta rigidez propia de la vida adulta», explica Rodríguez Orellana. Va a depender de cada uno dar rienda suelta a estos sentimientos o, como sopesa Bakaikoa, «dejarlo en una relación cordial, entrañable, con un bagaje histórico bonito».

Estos reencuentros se deben a lo que los terapeutas llaman ‘asuntos inconclusos’, situaciones que no se llegaron a cerrar. Las redes son un facilitador

Cabe también la posibilidad de dejar el pasado donde estaba, como pondera Terrón. «Es muy bonito revivir ciertas experiencias, pero siempre ubicándolas donde tienen que estar y tratándolas como lo que son, recuerdos bonitos, pero recuerdos».

¿UNA BÚSQUEDA ARRIESGADA?

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Como señala la especialista en terapia de pareja Amaya Terrón, «las consecuencias de buscar dependen de la intención con la que se busque». Por supuesto, hay reencuentros inofensivos, en los que se pretende retomar alguna amistad por pura nostalgia sin intentar llenar ninguna carencia. «Si la intención no es otra que cubrir una curiosidad, se suele quedar ahí y podemos entenderlo e interpretarlo de forma sana y natural», matiza Terrón. Pero tampoco uno debe autoengañarse, subraya la psicóloga Bakaikoa. «Hay personas con pareja que lo canalizan y lo disfrazan de amistad, pero que en el fondo empiezan a percibir otro tipo de sentimientos. Hay que ver qué surge dentro de cada uno emocionalmente».

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