Solo habían pasado dos semanas de confinamiento y ya habíamos superado todo el consumo de Internet previsto para 2020. Comunicaciones y energía han sido dos pilares en medio de la pesadilla. Así se ha vivido en sus centros de operaciones. Por Fernando Goitia

A las ocho de la tarde, desde hace casi dos meses, el consumo de datos en España se derrumba. Una curva abrupta se hunde en las gráficas que retratan el tráfico por Internet. «Es el momento en que la gente lo deja todo y sale a las ventanas para aplaudir a los sanitarios». Joaquín Mata, director de redes y sistemas de Telefónica, asiste a diario a este singular escáner de nuestra vida social. «Se triplicó el gaming cuando se mandó a los estudiantes a su casa -detalla-; vimos la explosión doméstica con el estado de alarma y la avalancha del lunes 16 de marzo con la masificación del teletrabajo. En dos semanas consumimos todo el Internet previsto para 2020».

El trabajo de Mata consiste en garantizar que las redes que soportan todo ese volumen de datos resistan. «La gente se está comunicando como nunca en la historia y no podíamos fallar». Y no han fallado. Las redes españolas, de hecho, están muy lejos de saturarse. «Cuando Netflix anunció que rebajaba la calidad de sus vídeos, contestamos que, por nosotros, no lo hicieran. España tiene capacidad para aguantar esto y mucho más». La afirmación tiene bases sólidas. «Tenemos la mayor penetración de líneas de fibra óptica de Europa: más que Reino Unido, Alemania, Francia e Italia juntos, y la tercera del mundo después de Corea del Sur y Japón. Además de infraestructuras adecuadas para soportar el tráfico asociado a toda esa fibra». Una fortaleza clave para evitar que este confinamiento no resulte una pesadilla aún mayor.

Todos los días a las ocho de la tarde el tráfico por Internet se desmorona. Es el momento en el que lo dejamos todo y salimos al balcón a aplaudir. España posee la mayor red de fibra óptica de Europa; más que Reino Unido, Alemania, Francia e Italia, juntos. Eso ha sido vital

«Con la pandemia, las comunicaciones se han convertido en una parte aún más esencial de nuestras vidas -subraya el ejecutivo de Telefónica-. Y, sin empresas como la nuestra, todo esto sería muy distinto». Al fin y al cabo, la comunicación, conectar, ha sido el eje central del confinamiento. Y en ello las operadoras -también Vodafone, Orange y Más Móvil, además de tecnológicas como Huawei o LG- desempeñan un papel fundamental.

Movilización de recursos

Igual que las energéticas. Iberdrola, Naturgy y Endesa son garantes del suministro energético en España. Pero, además de eso, han dado un paso adelante al poner sobre la mesa su descomunal músculo financiero y su capacidad para movilizar recursos. «Somos una industria tractora -subraya desde Iberdrola José Ángel Marra, su director de Recursos Humanos y Seguridad Corporativa-. De nosotros dependen muchas empresas a las que debemos ayudar a mantenerse ahora y a recuperarse después lo más rápido posible».

El músculo que nos mantiene unidos 1

Iberdrola ha adoptado más de 150 medidas extraordinarias desde que estalló la pandemia con el objetivo de proteger a sus empleados y a colectivos vulnerables, además de apoyar al tejido empresarial de su entorno. En la foto, Ignacio Galán -presidente y CEO- en el centro de distribución de la compañía en Bilbao. Foto: Iberdrola

Las consecuencias del coronavirus afectarán, es obvio, a sus cuentas de resultados, pero la preocupación de sus directivos parece girar hoy en torno a otro eje: estar a la altura de las circunstancias. Es una aplicación extrema del nuevo paradigma empresarial que viene imponiéndose en los últimos años y que responde a la triple ‘P’ de profit, people, planet (‘beneficio’, ‘personas’, ‘planeta’), para instar a las empresas a generar con y para la sociedad. «Va a ser un año muy duro -ilustra Marra-, pero ya no se trata de cuánto gastemos ahora, sino de que compañías como la nuestra ayuden a mitigar el sufrimiento de mucha gente».

El suministro de energía no ha fallado. Las energéticas han dado un paso más: han puesto sobre la mesa su descomunal músculo financiero

Entre otras medidas, Telefónica, Iberdrola y Endesa pusieron 25 millones de euros cada una para suministrar a Sanidad material sanitario y de prevención; Vodafone y Naturgy se volcaron con organizaciones como Cruz Roja o Save the Children, entidad esta última también apoyada por LG; Huawei y Vodafone han puesto su tecnología al servicio de la investigación de vacunas y tratamientos contra la COVID-19; Orange, MásMóvil y, de nuevo, LG entregaron móviles y tabletas para facilitar la comunicación entre pacientes aislados en hospitales y sus familiares… La lista de las empresas que nos mantienen conectados es larga y a ella también se suman compañías públicas como Correos o Renfe. La primera colabora con SEAT para entregar respiradores en hospitales, reparte kits de diagnóstico y equipos de protección individual y distribuye productos de primera necesidad a colectivos vulnerables. La ferroviaria transporta gratis al personal sanitario y ayuda a distribuir respiradores y material médico, además de disponer de trenes medicalizados para el traslado de enfermos.

La idea central de esta marea solidaria se resume, en palabras de José Luis Gil, director de Clientes y Mercados de Naturgy, «en poner a disposición de la sociedad nuestra gran capacidad operativa». En ello incide Jaime de Jaraíz, presidente y CEO de la matriz española de LG -primera empresa, por cierto, que decidió no ir al último Mobile World Congress-: «Se trata, simple y llanamente, de hacer lo correcto, dar el máximo en la medida de las posibilidades de cada uno».

La consigna es estar a la altura de las circunstancias. Es una aplicación extrema del nuevo paradigma empresarial que viene imponiéndose: beneficios, personas y planeta

Y las posibilidades de empresas como estas están, sin duda, muy por encima de la media en un país donde las pymes conforman el 95 por ciento del tejido empresarial. Es lo que permite a Iberdrola, Endesa y Naturgy dar facilidades de pago y acceso a financiación a sus clientes; adelantar compras a proveedores para evitar su asfixia financiera y acelerar inversiones para este año. Iberdrola, por ejemplo, lo hará por un importe récord de 10.000 millones, además de impulsar nuevas contrataciones. Un empuje a la actividad económica al que Endesa también pretende contribuir. «Cuando pase el confinamiento -anuncia Javier Uriarte, su director general de comercialización-, habrá que seguir invirtiendo y crear empleo».

Las operadoras, por su parte, regalan datos, amplían el alcance de sus productos premium o lanzan iniciativas para impulsar la investigación. Se trata, en definitiva, de cubrir tantos frentes como se pueda ante esta crisis del coronavirus. Y el esfuerzo compensa.

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Trabajando bajo estrictas medidas de seguridad y salud laboral, los operarios del centro de control central de Endesa se han asegurado de «que no falte la energía», lema de la eléctrica en esta crisis, a sus 12 millones de clientes. Foto: Endesa

«Recibimos muchos agradecimientos -revela Remedios Orrantia, presidenta de la Fundación Vodafone-. Recuerdo sobre todo una llamada que recibimos en nuestra línea 900. El hijo de una fallecida por COVID-19 quería darnos las gracias porque pudo despedirse de su madre gracias a la tableta que le enseñamos a usar».

José Luis Gil, de Naturgy, cuenta que su empresa ha realizado más de 14.000 reparaciones de emergencia, entre las cuales recuerda la historia de una señora a la que, justo los días en que se desplomaron las temperaturas, se le rompió la caldera, con sus dos hijos infectados por el coronavirus. «Es una operación rutinaria para nosotros, pero la mujer contaba el episodio con tanta emoción que me costó acabar de leer la carta que nos escribió», confiesa Gil. Una emoción similar a la que transmite Arturo Gonzalo Aizpiri, el hombre al frente del comité de crisis de Repsol, al contar que los vecinos aplauden a sus repartidores de butano. «Estamos viviendo historias emocionantes. Sin darnos cuenta, esto nos está transformando», dice Aizpiri.

¿Transformará también la percepción social hacia estas corporaciones? Ignacio de Orúe, director de Personas, Comunicación y RR.II. de Orange España, cree que sí. «La crisis ha cambiado el modo en que la gente nos percibe porque nuestros profesionales están al pie del cañón y gracias a nuestro sector afrontamos todo esto en las mejores condiciones»

Foto apertura. el Centro Nacional de Supervisión y Operación de Telefónica, en Aravaca (Madrid), es un edificio clave para la multinacional española. Desde la sala de controladores se supervisa toda la red.

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