«En España no hay mentalidad para el teletrabajo». Bajo este mantra llevamos dos décadas ignorando el trabajo en remoto… hasta ahora. En tiempo récord hemos sido empujados a protagonizar un experimento laboral lleno de ventajas. ¿Pero también inconvenientes? Hablamos con los expertos. Por Fernando Goitia

 Cuatro consejos para teletrabajar como si fueras a la oficina

¿Por qué gastar un dineral en una oficina si ahora sabemos que se puede funcionar con todos los empleados en casa? Esta pregunta, inimaginable hace dos meses, cuando en España apenas teletrabajaba el 4,3 por ciento de la población activa, ronda la mente de muchos empresarios en busca de fórmulas para salvar o mejorar sus negocios.

Al fin y al cabo, el teletrabajo se ha convertido en el gran éxito del masivo experimento laboral al que hemos sido empujados por el coronavirus. Miles de empresas siguen vivas gracias a él, además de permitir que la Administración General del Estado, donde el 62,5 por ciento de su plantilla -según el sindicato CSIF- trabaja desde casa, resuelva un histórico aluvión de ERE y ERTE o toda una campaña de la renta.

La dimensión del fenómeno se aprecia en el tráfico digital, disparado con el estado de alarma, y en el uso de herramientas como Huawei Cloud -ha creado un plan específico para sus clientes-, Slack, Trello y, sobre todo, Zoom, aplicación de videoconferencia que, pese a algunos problemas de seguridad y privacidad, ha revolucionado el concepto de reunión. Su fundador, Eric Yuan, ha duplicado su patrimonio gracias a esta crisis.

El teletrabajo favorece la conciliación y reduce la polución y el absentismo. Sin embargo, algunos gigantes tecnológicos que lo fomentaron en su día vieron que podía penalizar la innovación

«Las reuniones son ahora más eficaces, directas y puntuales que nunca», dice Isabel Aranda, especialista en psicología del trabajo y con 25 años de experiencia en asesorar a empresas. «Y el ahorro es brutal; ya no hará falta viajar para hacer reuniones internacionales», secunda Jaime de Jaraíz, CEO de LG Iberia. «El teletrabajo -añaden desde CSIF- favorece la conciliación y reduce accidentes, polución, absentismo; y potenciarlo podría ayudar incluso a repoblar la España vaciada».

Trabajo por objetivos

Tantas parecen sus bondades que hay quien augura la muerte de la oficina. Anuncio que a Aranda le suena exagerado. «Esto se extenderá y la oficina tal como la entendemos cambiará, pero decir que desaparecerá es ir muy lejos». De hecho, gigantes como IBM o Yahoo fomentaron en su día el teletrabajo y recularon al ver que dificultaba tareas en equipo y penalizaba la innovación y la creatividad. «Salir de casa y ver a tus compañeros te da pertenencia al grupo», suscribe Paloma Romero desde DH SEED, empresa de headhunters especializados en transformación digital. Para Romero, la gran lección laboral de esta crisis, más allá de la explosión del remoto, será la reorganización de esfuerzos que va a propiciar. «La masificación del teletrabajo ha dejado claro que, a la hora de trabajar, somos más eficientes si nos centramos en proyectos y objetivos». Justo lo contrario al presentismo, que desconfía de la responsabilidad del empleado y lo valora por las horas que mete en la oficina y no por sus resultados.

Después del coronavirus: ¿el fin de la oficina?

Huawei, líder en redes 5G, ha puesto sus soluciones para teletrabajo a disposición de sus clientes en Huawei Cloud de forma gratuita. Foto: Huawei

«Llevo años oyendo que en España no tenemos mentalidad para esto -añade Aranda-. Pero ya hemos visto que no era un problema de mentalidad; todo era cuestión de, simplemente, ponerse a ello».

Su implantación dependerá, eso sí, de las necesidades y la viabilidad de cada empresa, ya que todo esto exige inversiones. En tecnología, «para conectarse de forma eficaz y segura ya que pymes y autónomos están mucho más desprotegidos que las grandes empresas», advierte Eusebio Nieva, desde Check Point Ciberseguridad; y en salud laboral, para dotar a cada puesto casero de los elementos del derecho del trabajo, como se hace en las oficinas. Y es que teletrabajar es mucho más que llevarse el ordenador a casa.

La revolución, además, será negociada, tal y como estipula el Estatuto de los Trabajadores. «Solo se implantará bajo acuerdo de las partes -dice Pedro J. Linares, de CC.OO.-, aunque las empresas pondrán ahora menos trabas para contemplarlo en los convenios». Algo de lo más urgente porque, como señala José Luis Gil -director de Clientes y Mercados de Naturgy-, «a corto plazo el teletrabajo va a ser una obligación para mantener el distanciamiento social y evitar contagios».

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