Las obras mitológicas del Museo del Prado, pobladas por héroes, divinidades o batallas, viajan al Museo de Bellas Artes de Asturias. Por Suzana Mihalic

El autor: Francisco Collantes, ¿Madrid?, hacia 1599-Madrid, 1656

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Experto en paisajes con ruinas

Fue uno de los pocos pintores españoles conocidos en Europa en vida y, sin embargo, apenas hay información sobre él: no es clara su fecha de nacimiento ni hay imágenes suyas. Collantes sobresalió como paisajista y por su habilidad para casar arquitectura y naturaleza. Era muy hábil en plasmar ruinas clásicas entre paisajes y figuras humanas de gran precisión anatómica. Su estilo se aproxima al naturalismo napolitano y su técnica tenebrista le debe mucho a José de Ribera.

Francisco Collantes, / El incendio de Troya, siglo XVII. / Óleo sobre lienzo. / © Museo Nacional del Prado

1. El tema: el incendio de Troya

Esta obra interpreta el célebre relato mitológico griego y representa las dramáticas consecuencias que tuvo para los troyanos la aceptación del caballo (lleno de soldados armados) que les ofrecieron los griegos. La escena bélica ocupa toda la composición, aunque la parte superior -con el cielo negro de la noche y el humo- se adentra en el cuadro y aumenta de esa manera la extensión del horizonte oscuro y profundo.

2. El caballo: un animal real

Francisco Collantes presenta con gran realismo el caballo de madera. Aunque sus proporciones son exageradas, podría confundirse con un animal de verdad. Su tonalidad es oscura. Las pocas pinceladas claras, aplicadas con gran delicadeza, logran recrear la suave textura de su pelaje, de su cola y de su crin. También la forma, a excepción de las patas delanteras, respeta fielmente la fisionomía de un animal real.

3. La arquitectura: ornamentada y precisa

La pintura de paisaje y de arquitectura estaba de moda en el siglo XVII, lo que generó una gran demanda por parte del coleccionismo privado. En su deseo por mostrar la arquitectura lo más fielmente posible, el artista perfeccionó su trazo aprendiendo de manuales con dibujos arquitectónicos que le permitieron reproducir ornamentos detallados de las fachadas o utilizar la geometría y perspectiva con precisión.

4. El color: dramatismo

La escena central y las dos fachadas que flanquean al caballo están iluminadas de forma teatral, como si la luz de dos focos cayera con fuerza sobre un escenario. El humo crea un contraste de claroscuro, interrumpido por el rojo de las llamas. Es una escena dantesca de la que varias figuras tratan de escapar saltando por el balcón.

5. La batalla: en varios planos

La batalla transcurre en varios planos, lo que dota a la escena de gran profundidad. En un primer plano, pinceladas minuciosas recrean hasta el más mínimo detalle de los uniformes. Se aprecian hasta los músculos tensos de los brazos levantando espadas. En el segundo plano, los colores se van desvaneciendo y en el fondo se convierten en meras sombras luchando a muerte.

6. La huida ecos de Ribera

Junto a lo que podría ser una copia de la Columna de Trajano -en cuyo zócalo el artista ha plasmado su firma-, una familia huye despavorida del incendio. La mujer y el niño semidesnudos miran hacia atrás, mientras que el padre lleva a un anciano en sus espaldas. Sus carnes son grisáceas, en contraste con los demás personajes. recuerda al San Andrés, de José de Ribera.

PARA SABER MÁS

Museo de Bellas Artes de Asturias: Arte y mito. Los dioses del Prado. Hasta el 17 de junio. Calle Santa Ana, 1-3. Oviedo.

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