La limpieza de la obra de Caravaggio saca a la luz el proceso creativo del pintor y muestra los cambios que realizó. Se puede ver en el Museo Thyssen de Madrid. Por Fátima Uribarri

Catalina de Alejandría, una cristiana culta del siglo IV, se negó a abjurar de su fe; y el emperador romano Majencio ordenó torturarla. Pero los pinchos de la rueda de tortura se quebraban sin hacer daño a la santa, así que la decapitaron. Michelangelo Merisi da Caravaggio la pintó con las herramientas de su martirio en 1598. Ese lienzo acaba de ser restaurado en el Museo Thyssen Bornemisza de Madrid y desvela su aspecto original.

Es un alarde del claroscuro, el manejo de la luz del que Caravaggio fue maestro. Pero en esta pintura el foco de luz entra por la derecha, cosa poco frecuente en las obras de este pintor pendenciero y genial. Sin embargo, el rostro sí es habitual. Pertenece a Fillide Melandroni, una cortesana amiga del artista que aparece en otros cuatro de sus cuadros: uno de ellos es Judith y Holofernes. La restauración saca a la luz el proceso creativo de Caravaggio. Esbozó primero la rueda con una circunferencia completa; luego retrató a la mujer y ‘rompió’ un trozo de la rueda pintando encima para contar que la tortura se truncó. La limpieza también muestra que el autor cambió las manos de la santa y el color de su vestido.

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