En la Antigüedad se creía que los eclipses solares eran cosa de los dioses y su aparición logró detener guerras y fascinar a los primeros astrónomos. Por G,G.

¿Y si la Luna nos manipula?

Los eclipses solares acontecen cuando la Tierra, la Luna y el Sol se alinean en el mismo plano, y nuestro satélite se interpone entre nosotros y el astro rey. Como el diámetro de éste es 400 veces mayor que el de la Luna y ésta está 400 veces más cerca de la Tierra que del Sol, esta coincidencia numérica hace que el disco lunar, en ocasiones, oculte el Sol. Si en el momento del eclipse la Luna está en su perigeo -su distancia mínima a la Tierra, unos 357.000 km-, el disco lunar tapa todo el Sol. Pero si está en su apogeo -distancia máxima a nuestro planeta: unos 406.000 km- entonces, y dado que su diámetro es menor que el del Sol, al pasar frente a él no lo cubre por completo, dejando sin tapar una especie de anillo que da nombre al eclipse anular.

Eclipses en la mitología

En las leyendas hindúes, la Luna era la copa en la que los dioses bebían el amrita, elixir de la inmortalidad. Y los eclipses se producían cada vez que el monstruo Rahó conseguía atraparla para beberse el brebaje mágico. Pero como Rahó no tenía vientre, la Luna podía escapar de nuevo y seguir su curso.

Para los incas, los eclipses totales de Sol tenían lugar cada vez que nuestro satélite y el Sol hacían el amor. Por ello, este acontecimiento era motivo de celebración para los indígenas.

Los antiguos egipcios estimaban que, cuando se producía un eclipse, era porque el Sol era atacado y devorado. Cuando reaparecía, según su creencia, era un Sol nuevo, una reencarnación del antiguo.

En la cultura china se pensaba que era un dragón el que devoraba el Sol durante los eclipses.

Los pueblos mexicanos suponían que algún ser sobrenatural devoraba o comía el Sol o la Luna. De hecho, en todas las lenguas indígenas la palabra ‘eclipse’ procede del término ‘comer’. La creencia de que si el Sol era devorado por completo ya nunca más alumbraría dio lugar a que se intentara impedir tal desastre con sacrificios de víctimas humanas, especialmente de pelo blanco y caras blancas, como el Sol, o automortificaciones.

Entre los chibchas, una cultura precolombina mexicana, los eclipses se producían únicamente cuando el Sol, Zuhé, y la Luna se enojaban.

Eclipses en la historia

El más lejano. El eclipse total más antiguo del que se tiene constancia ocurrió en la ciudad mesopotámica de Ugarit, en el 1375 a. C., durante la disputa de una batalla. Los ejércitos interpretaron la repentina oscuridad como la ira de los dioses.

El primero que se predijo. En el 584 a. C., un eclipse total de Sol ocurrió durante la batalla del Río Halys, que llevó a la paz entre Aliates y Ciaxares. Fue el primero anunciado por Tales de Mileto, que inauguró la ciencia de los eclipses.

El más polémico. El 24 de noviembre del año 29 d. C. se produjo uno total sobre Jerusalén. Es el único que encajaría con el eclipse que, según la Biblia, ocurrió en la Crucifixión de Jesús, pero admitirlo trastocaría la fecha oficial de su muerte.

El del anuncio del profeta. El 24 de noviembre del año 569, un eclipse total se produjo momentos antes del nacimiento de Mahoma.

El que alargó una guerra. Fue en el 939, durante la batalla de Simancas (Valladolid), entre las tropas de León Ramiro II y el califa Ad al-Rahman III. La oscuridad causó pánico entre ambos bandos y retrasó tres días el desenlace. Venció el rey castellano.

El que ‘salvó’ a Colón. El 29 de febrero de 1504, Colón acabó con una revuelta de su tripulación gracias a sus conocimientos astronómicos. Instantes antes de que se produjese un eclipse total de Sol les dijo que Dios estaba enojado y que mostraría su ira. El eclipse aplacó la rebelión.

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