La ciencia debe mucho a los eclipses. Gracias a ellos, los griegos averiguaron el tamaño del Sol, de la Luna y de la Tierra, y la distancia entre ellos. Por G,G.

¿Y si la Luna nos manipula?

Los eclipses solares  acontecen cuando la Tierra, la Luna y el Sol se alinean en el mismo plano, y nuestro satélite se interpone entre nosotros y el astro rey. Como el diámetro de éste es 400 veces mayor que el de la Luna y ésta está 400 veces más cerca de la Tierra que del Sol, esta coincidencia numérica hace que el disco lunar, en ocasiones, oculte el Sol. Si en el momento del eclipse la Luna está en su perigeo -su distancia mínima a la Tierra, unos 357.000 km-, el disco lunar tapa todo el Sol. Pero si está en su apogeo -distancia máxima a nuestro planeta: unos 406.000 km- entonces, y dado que su diámetro es menor que el del Sol, al pasar frente a él no lo cubre por completo, dejando sin tapar una especie de anillo que da nombre al eclipse anular.

La periodicidad de estos fenómenos es cíclica. Se repiten en un intervalo de tiempo denominado Saros, que dura 6.585, 3 días: unos 18 años, 11 días y 8 horas. Descubierto por los griegos en la Antigüedad, este periodo ha permitido establecer tablas astronómicas para predecir cuándo sucederán los eclipses. Durante un Saros se suceden, aproximadamente, 70:29 de Luna y 41 de Sol; estos últimos, 19 suelen ser totales y 31 parciales-anulares. Así, en un año pueden tener lugar como mínimo dos y como máximo siete; y en un siglo, por ejemplo el pasado, se produjeron 375: 228 de Sol y 147 de Luna. Estos últimos son visibles desde todo el hemisferio nocturno del planeta y duran cerca de una hora, mientas que los solares solo se observan desde algunas latitudes. Y aunque entre su inicio y su finalización trascurren unas dos horas, la fase de ‘totalidad’, es decir, el periodo de máxima ocultación del Sol, puede durar entre uno y siete minutos y medio.

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