Un historiador inglés indaga en aspectos poco conocidos de la personalidad de Isabel I y reivindica su papel en la historia de Occidente. Por Fátima Utribarri

Fuera de España se conoce poco y mal a Isabel la Católica. Por eso, el británico Giles Tremlett le dedica la biografía Isabel la Católica. La primera gran reina de Europa (Debate). Occidente tiene una gran deuda con ella, asegura este historiador. Isabel nació solo dos años antes de la caída de Constantinopla. Occidente y el cristianismo perdían terreno. El encontrar un nuevo mundo y llevar allí la cultura occidental ha hecho que esa cultura haya pervivido y haya incrementado su poder. «Hay que entender sus acciones dentro de los valores y las normas de su tiempo», explica el historiador británico, autor también de una biografía de su hija Catalina.

«Isabel es la Margaret Thatcher del siglo XV, una mujer fuerte que consigue imponerse en un mundo de hombres sin ser en absoluto feminista», añade. Tremlett la define como inteligente pero sencilla; decidida, «de blanco o negro»; celosa, pasional; con una religiosidad muy intensa; y preocupada por su reputación. En su testamento no hay arrepentimiento por la Inquisición ni la expulsión de los moriscos. Le importa, eso sí, dejar deudas y que en el Caribe se hubieran desviado del objetivo principal, que era captar almas. Fue implacable, pero en sus últimas voluntades pide que «los Yndios […] sean bien e justamente tratados». «Isabel es un personaje clave de la Historia -añade Tremlett-. Es equiparable a Catalina la Grande de Rusia y supera a las británicas Isabel I y Victoria en el impacto de su reinado. No entiendo por qué no es conocida como Isabel la Grande. Se acerca a la figura del gran emperador».

¿Es ella?

Solo hay dos retratos contemporáneos reconocidos como tales (en el Prado y el Palacio Real). Esta María Magdalena de la National Gallery de Londres podría ser Isabel la Católica. Lo ha descubierto el historiador Pedro Flor. «Si no es ella, es su hija Juana. Lo indican las joyas», sostiene Giles Tremlett.

“Es la Margaret Thatcher del siglo XV, una mujer nada feminista que se impone entre hombres”, dice Giles Tremlett.

En contra de los toros

Acudió a corridas, pero no le agradaban. «Le preocupaba la sangre humana que se vertía. Lo que no le gustaba eran los toreros muertos», explica Giles Tremlett. La reina propulsó unas normas para que a los toros se les clavasen cuernos de bueyes, de modo que las puntas quedaban desviadas hacia atrás.

Sí y no con los esclavos

Fue benevolente con los guanches de Canarias e inmisericorde con los musulmanes.
Fue pionera en la trata con africanos. «El tráfico de esclavos negros de África empieza con la Castilla de Isabel», dice Tremlett. La inició porque los nativos americanos se extinguían tras la llegada de los españoles (y sus enfermedades).

Trastornos alimentarios

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«Las mujeres Trastámara eran muy pasionales y con tendencia al perfeccionismo», cuenta Giles Tremlett. Ese talante llevó a dos hijas de Isabel a sufrir trastornos alimentarios. La mayor, Isabel, dejó de comer tras quedar viuda de Alfonso de Portugal; la menor, Catalina, ayunaba tanto que su suegro, Enrique VII, pidió al Papa que interviniera.