Francisco de Sandoval y Rojas, duque de Lerma y valido del monarca Felipe III, realizó en pleno Siglo de Oro una operación inmobiliaria redonda que lo convirtió en un hombre riquísimo. Por José Segovia

La idea de trasladar la corte desde Madrid a Valladolid partió de Lerma para alejar a Felipe III de la influencia de su abuela, la emperatriz María. Con la corte a orillas del Pisuerga, la ciudad experimentó un inusitado crecimiento de población. Todos aquellos que estaban de alguna forma ligados al aparato del Estado hicieron sus maletas y abandonaron Madrid, entre ellos, Miguel de Cervantes y su familia, que llegaron a Valladolid en la primavera de 1604.

Cuando la corte de Felipe III se desplazó a Valladolid en 1601, el mercado inmobiliario en Madrid se desplomó

El cambio de capital resultó muy beneficioso para el duque de Lerma, que compró casas en Madrid a precios de saldo cuando el mercado inmobiliario a orillas del Manzanares se desplomó por la mudanza de la corte a la ciudad castellanoleonesa. El hombre fuerte del reino sabía que a corto plazo el monarca regresaría a Madrid, lo que dispararía de nuevo el precio de la vivienda. Y acertó.

Durante un lustro, de 1601 a 1606, Valladolid fue una fiesta. A finales del verano de 1605, una epidemia provocó la inquietud en la corte. El temor a la peste, el fallecimiento de la abuela de Felipe III María de Austria (que despejaba el camino a Lerma) y el dinero que ofreció Madrid al monarca para que cambiara de idea hicieron que la corte volviera a orillas del río Manzanares. Los precios de la vivienda se dispararon y Lerma dio el ‘pelotazo’ inmobiliario más espectacular del siglo XVII.

El poder del duque de Lerma fue inmenso: consiguió hacerse multimillonario, controlar el reino y tomar él solo todas las decisiones políticas entre 1599 y 1618.

Finalmente, el valido real cayó en desgracia. Hubo una investigación que descubrió sus corruptelas y empezaron a caer algunos de sus hombres de confianza, como Rodrigo Calderón, que fue ejecutado en la Plaza Mayor de Madrid en 1621 por llevar a cabo el asesinato de Francisco Juara, un antiguo asistente suyo, a instancias del propio Lerma.

Alarmado por la reacción de la Corona, el duque de Lerma viajó a Roma y logró el capelo cardenalicio. El rey hizo la vista gorda y el exvalido pudo retirarse a sus propiedades en Valladolid, donde murió en 1625.

El verdadero rey de España

Cuando Felipe III subió al trono, quiso tener como consejero y hombre de toda su confianza al duque de Lerma, quien distribuyó los puestos más importantes de la corte entre su familia y amigos.

Traicionado

Algunos historiadores sugieren que Lerma fue víctima de un complot urdido por su propio hijo, el duque de Uceda, y por el conde-duque de Olivares, que medró contra él para sustituirlo como valido real.

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