¿Qué empuja al suicidio a una serie de insectos? Están ‘poseídos’: un nuevo libro lo explica al detalle. Y da mucho mucho repelús. Por Fátima Uribarri

Las hormigas suben por los troncos de los árboles, caminan por las ramas y de pronto aferran sus mandíbulas a la vena de una hoja. Con toda su fuerza. Y ahí se quedan. Petrificadas. Seis horas después están muertas.

El hongo ‘Cordyceps unilateralis’ controla los músculos de la hormiga y domina su comportamiento

Esas rarezas las hacen las hormigas cuando el parásito que se ha expandido dentro de ellas decide que ha llegado el momento final. Son hormigas zombis ‘poseídas’ por un hongo listísimo llamado Cordyceps unilateralis, que lleva tres semanas creciendo dentro de ellas. Pero con disimulo. Si hubiera ordenado a la hormiga hacer cosas raras antes, las demás se habrían dado cuenta y la habrían expulsado del hormiguero.

Este cruel polizón se introduce en el insecto a través de esporas y comienza su proceso de expansión. Toma el control de los músculos, se hace con los nutrientes, pero no invade el cerebro: lo asedia en forma de vaina. Cuando llega la hora de su triunfo total, el hongo emerge rompiendo la cabeza de su desgraciada casera. Lo hace en forma de tallo, apuntando hacia abajo para liberar sus esporas sobre el resto de las desventuradas hormigas que transitan por el suelo. Un libro nuevo, Plight of living dead, de Matt Simon, se adentra en el asombroso mundo de los insectos zombis manejados por sus letales amos.

El ‘alien’ de los grillos

grillo insectos hongos

A los grillos no les gustan los ríos. Pero en Japón se ha realizado un estudio en cinco ríos lejanos entre sí y se han encontrado las panzas de más de la mitad de las truchas llenas de grillos. ¿Qué hacían allí? Los convencieron para que se tiraran al agua los gusanos nematomorfos.

Estos gusanos parasitoides se alimentan de los fluidos del grillo mientras el insecto hace su vida normal. Así conviven. Pero, cuando el gusano alcanza la madurez sexual, quiere salir. Al agua: al gusano sí le gusta el agua. Convence al grillo de darse un chapuzón. Y ya en remojo aflora como un espagueti a través del cuerpo de su huésped. Al grillo no lo mata el gusano, de eso se encargan las truchas.

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