Ya ha ardido más terreno que en los incendios del Amazonas y California juntos, han muerto 23 personas y el humo ha llegado a Chile. El desastre está relacionado con el cambio climático, pero el Gobierno australiano se niega a admitirlo… ¿Por qué? Su economía depende del carbón. Por Johannes Korge y Katherine Rydlink/ Fotografía: Justin Mcmanus, Getty Images y Contacto

Scott morrison era prácticamente un desconocido fuera de Australia cuando pronunció una declaración de amor a un trozo de carbón. Ocurrió hace tres años durante un apasionado discurso ante el Parlamento mientras aún ocupaba el cargo de ministro del Tesoro. Australia le debía su prosperidad al carbón, aseguró Morrison. Y acusó a la oposición de propagar un «miedo patológico, ideológico» a tan noble materia prima.

Hoy, Scott Morrison es el primer ministro de Australia. Desde el pasado mayo, este liberal dirige un Gobierno de coalición. Su amor por el carbón sigue vivo, a pesar del cambio climático, a pesar del incremento constante de las temperaturas en su país, a pesar de los incendios que están arrasando la isla continente.

Australia, huir del infierno

Este mapa se ha elaborado combinando las imágenes por satélite de la NASA de los diferentes incendios forestales que se han sucedido y cohabitado en Australia durante un mes. Muestra todo el territorio arrasado por el fuego hasta el 6 de enero: ocho millones de hectáreas.

A estas alturas, las zonas afectadas por el fuego son ya mayores que las quemadas en los incendios de Brasil y California del año pasado. El humo se ha extendido más de 11.000 kilómetros sobre el océano Pacífico y ha llegado hasta Chile.

Faltan dos meses para que termine la temporada de incendios y los expertos avisan de que la situación puede empeorar. Ya han muerto más de 1000 millones de animales

Los incendios forestales son algo habitual en el verano australiano. Todos los años arden grandes superficies de terreno entre diciembre y marzo. Este hecho le ha valido hasta ahora al Ejecutivo para restarle importancia a la situación. Desde la capital, Camberra, se afirma que lo que está ocurriendo es dramático, desde luego; pero también normal.

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Esta primavera ha sido la más seca y una de las más cálidas en Australia desde que hay registros. Eso, unido a los fuertes vientos del oeste, hace que el fuego se propague más rápido y arrase miles de casas, como esta de Lake Conjola, ante la que pasa un canguro despavorido. Matthew Abbott/ The New York Times/ Contacto.

Las generaciones anteriores, dijo Morrison en el discurso de Año Nuevo, también tuvieron que enfrentarse a «catástrofes naturales, inundaciones, incendios, conflictos globales, enfermedades y sequías». Y añadió que eso había forjado el espíritu de los australianos. Lo que no hizo en su mensaje televisado fue vincular los incendios a la crisis climática.

En rueda de prensa, Morrison aseguró después que los incendios no estaban necesariamente relacionados con el cambio climático. Y eso que la temperatura media en Australia se encuentra ya un grado por encima del promedio histórico. Nueve de los diez años más cálidos que ha vivido Australia son posteriores a 2005.

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Las evacuaciones masivas provocaron colas interminables de automóviles en Nueva Gales del Sur. La Armada tuvo que rescatar a 4000 personas atrapadas en la pequeña ciudad costera de Mallacoota. Todavía tienen que hacer frente a cortes de energía y falta de alimentos, agua potable y combustible.

Una economía  desequilibrada

Para el Gobierno de Camberra, el debate sobre el cambio climático llega en el momento más inoportuno, justo cuando China está intentando reducir su dependencia a las importaciones de carbón, lo que afecta enormemente a Australia. Y es que, en la actualidad, la economía australiana es una de las más desequilibradas de entre los países industrializados.

Australia exporta más carbón que Arabia Saudí petróleo. Sin él, la décima economía del mundo sería poco más que un país agrícola con bellísimas playas

En un ranking sobre el futuro económico elaborado por investigadores de la prestigiosa Harvard Kennedy School, el país figura en los puestos de cola debido a que buena parte de sus ingresos proceden de la exportación de carbón, hierro y gas, un mix sorprendentemente básico para la décima nación más rica del mundo, comparable al perfil exportador de Angola. Esta situación es muy delicada tanto desde un punto de vista de política climática como de política económica.

Australia es uno de los mayores exportadores mundiales de hulla y lignito, sus principales clientes son Japón, China, Corea del Sur y la India. Sin sus materias primas, Australia sería poco más que un país agrícola con playas de ensueño. Por eso, para su primer ministro, los incendios son solo catástrofes naturales que hay que combatir, nada más.

Un país  esquizofrénico

Para entender por qué su Gobierno y amplias capas de la población tienen una relación emocional tan intensa con el carbón, hay que tener en cuenta lo imbricados que están los intereses mineros con los intereses nacionales. Muchos políticos se pasan al sector minero en cuanto dejan sus cargos oficiales. Y la avidez de la industria no conoce límites. La cuota de Australia en el mercado global del carbón es mayor que la de Arabia Saudí en el mercado del petróleo. Y el país aún tiene potencial suficiente para duplicar estas cifras.

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Las imágenes son apocalípticas: niños con mascarillas que juegan ante un telón de fuego y humo, casas convertidas en amasijos… El Gobierno movilizó a 3000 reservistas para ayudar en la extinción, pero no pudieron evitar que se quemaran 1500 viviendas. Matthew Abbott/ The New York Times/ Contacto.

Los incendios forestales han convertido Australia en un país esquizofrénico. Por un lado, es uno de los lugares del mundo donde mejor se pueden apreciar los crecientes efectos del cambio climático. Por otro lado, el país no puede renunciar a la extracción de materias primas dañinas para el medioambiente si no quiere destruir los pilares de su propia economía. En consecuencia, el Gobierno sigue aferrándose al argumento de que Australia solo exporta carbón y que, a fin de cuentas, lo que los demás hagan con él ya no es cosa suya.

De acuerdo con la Organización Meteorológica Mundial, se han liberado a la atmósfera unas 400 megatoneladas de dióxido de carbono, lo que aumenta el calentamiento global

Por su parte, la oposición exige la toma inmediata de medidas. El líder del Partido Verde australiano, Richard di Natale, ha propuesto la creación de una comisión sobre la materia. Pero una investigación pública de este calibre podría ser muy delicada para el Ejecutivo.

Los resultados que arrojan las encuestas también podrían convertirse en una fuente de problemas para el Gobierno. Según uno de estos estudios demoscópicos, los temas medioambientales son para los australianos casi tan importantes como el sistema sanitario o la economía, y eso que la consulta se hizo antes de los incendios.

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