John F. Kennedy, el presidente mĆ”s preparado de EE.UU., fue un ‘aristócrata’ que llevó a la Casa Blanca la verdadera imagen del sueƱo americano
En la tribuna instalada al aire libre se hallaba ante los micrófonos un hombre joven, alto, de pelo castaƱo, Ćŗnicamente abrigado por un elegante traje, en aquella maƱana en que los termómetros marcaban cuatro grados bajo cero y una gĆ©lida brisa movĆa el tupĆ© del orador. Ā«La trompeta nos convoca de nuevo (…) a la lucha contra los enemigos comunes del hombre: tiranĆa, pobreza, enfermedad y guerra. No preguntĆ©is quĆ© puede hacer vuestro paĆs por vosotros, preguntaos quĆ© podĆ©is hacer vosotros por vuestro paĆsĀ».
Kennedy fue el primer presidente católico de Estados Unidos
John Fitzgerald Kennedy estaba tomando posesión de la Presidencia de Estados Unidos el 20 de enero de 1961. TenĆa entonces 43 aƱos y todos los requisitos para el Ć©xito: un poderoso clan familiar; una buena formación universitaria; un amplio conocimiento del mundo adquirido en numerosos viajes y en el aƱo en que se dedicó al periodismo; 14 aƱos de ejercicio polĆtico en la CĆ”mara de Representantes y en el Senado, un elaborado pensamiento polĆtico en materia internacional, expuesto en su obra Estrategia de la paz y un gran prestigio personal como hĆ©roe de guerra y como premio Pulitzer de biografĆa por su obra Profiles in courage (1945).
Aires de renovación.
ĀæPero serĆa capaz de llevar a su paĆs a la Nueva Frontera que venĆa diseƱando y prometiendo desde 1960? Ā«Necesitamos una revolución en la agricultura…, una revolución en la población urbana…, una revolución pacĆfica por los derechos humanos… Los problemas no estĆ”n todos resueltos, no estĆ”n ganadas todas las batallas, nos encontramos hoy al borde de la Nueva Frontera. La Nueva Frontera de que estoy hablando no es un conjunto de promesas, sino de objetivos que nos llaman…Ā»

La pareja formada por Kennedy y su esposa Jacqueline representó durante años el verdadero sueño americano de prosperidad y para todo el mundo. Ambos reflejaron como nadie la ilusión juvenil y el compromiso con ciertos valores, como la paz, durante la década de 1960. Su muerte, ante las cÔmaras de televisión, acabó con la ingenuidad de la sociedad occidental.
El paĆs se ilusionó con aquellos aires de renovación y llevó a los jóvenes en masa a las urnas, lo que le dio a Kennedy la victoria en una de las elecciones presidenciales mĆ”s concurridas (votó el 64 por ciento de los censados) y disputadas, ya que los votos fueron de casi el 50 por ciento para cada candidato, aunque la diferencia de compromisarios fue, sin embargo, amplia: 303 frente a 209.
En sus primeros 15 dĆas de mandato envió al Congreso seis proyectos, alguno de tanto relieve como el programa de la Alianza para el Progreso. Esta iniciativa consistĆa en una especie de Plan Marshall para LatinoamĆ©rica, que podrĆa contar con casi un billón de pesetas (6.000 millones de euros) para avanzar con rapidez hacia el desarrollo, potenciaba el papel de la Organización de Estados Americanos (OEA), creaba la Agencia para el Desarrollo. Pero muchas de las brillantes iniciativas de Kennedy fueron lastradas por la fĆ©rrea oposición a muchas ideas de la mayorĆa de los senadores y congresistas, gente conservadora y forjada polĆticamente en las dĆ©cadas anteriores, que no estaba para nuevas fronteras.
Un equipo viejo.
En el caso de la Alianza para el Progreso, aparte del torpedeo sufrido en las CĆ”maras, padeció el efecto del fracasado desembarco anticastrista de BahĆa de Cochinos, visto por muchos latinoamericanos como la pervivencia de la antigua prĆ”ctica de las caƱoneras. El proyecto lo habĆa heredado Kennedy de la administración de Eisenhower y dio luz verde presionado, en parte, por el viejo equipo que habĆa incorporado a su Presidencia. En efecto, entre sus hombres estaban los viejos directores del FBI y de la CIA y muchos polĆticos veteranos de gobiernos republicanos anteriores. Con ellos se mezclaron los llamados cabezas de huevo, una generación de universitarios e intelectuales, como Ted Sorensen, Arthur Schlesinger o su hermano Robert. El desequilibrio interno del Gabinete, la oposición de las CĆ”maras y los propios errores del presidente hicieron que la ilusión de la Nueva Frontera fuera desmoronĆ”ndose. De los centenares de propuestas de ley, pocas se convirtieron en leyes (en 1963, sólo tres).
Su mayor revĆ©s fue, probablemente, la imposibilidad de sacar adelante su Ley sobre Derechos Civiles, un intento de lograr la igualdad racial, que habĆa constituido una de las claves de su victoria electoral. Lo intentó con ahĆnco, pero no logró que se aprobase en el Congreso Ā«esa nefasta LeyĀ», segĆŗn decĆa un autĆ©ntico racista, el senador Smith, presidente del ComitĆ© Regulador. Eso suscitó grandes protestas raciales, choques entre las diversas comunidades y la Marcha sobre Washington. En las luchas de aquellos dĆas surgió la figura del lĆder pacifista negro, Martin Luther King.
Libertad en BerlĆn.
Mayores Ć©xitos logró en polĆtica exterior, terreno en el que frenó a la Unión SoviĆ©tica en el establecimiento de bases de misiles en Cuba y halló el instrumento para aminorar las tensiones de la guerra frĆa al establecer una lĆnea directa de comunicación entre el Kremlin y la Casa Blanca, el ‘telĆ©fono rojo’; ademĆ”s de acuerdos sobre supresión de pruebas nucleares. En esa confrontación con la Unión SoviĆ©tica tuvo que tragarse el Muro de BerlĆn, aunque hizo en la antigua capital alemana uno de los mejores ejercicios de propaganda que se han visto nunca. Ā«.Hay muchas personas en el mundo que no comprenden cuĆ”l es la diferencia entre el mundo libre y el mundo comunista. Ā”Que vengan a BerlĆn! Hay quien dice que el comunismo es el camino del futuro Ā”Que venga a BerlĆn! Todos los hombres libres, vivan donde vivan, son ciudadanos de BerlĆn y, por tanto, como hombre libre tengo el orgullo de decir: Ich bin ein Berliner (Soy un berlinĆ©s).Ā»
En su mandato llegó el ‘telĆ©fono rojo’ (en realidad un teletipo)
Pero tambiĆ©n en el campo exterior cometió errores graves, como implicarse en el conflicto de Indochina. Cuando llevaba mil dĆas en la Casa Blanca, su presidencia estaba perdiendo carisma. La Alianza para el Progreso no funcionaba, los derechos civiles no progresaban, la economĆa no estaba en su mejor momento, Vietnam surgĆa en lontananza como amenaza. Un asesino segó su vida en Dallas (Texas) el 22 de noviembre de 1963. Su trĆ”gica desaparición, el misterio del magnicidio, los retos de la Nueva Frontera y los gestos de la crisis de los misiles y de BerlĆn abrieron para Ć©l el reino del mito.
LUCES
- Hizo soñar a los electores americanos y llevó a la Casa Blanca nuevos proyectos y el aire fresco
de la modernidad y la universidad. - Comenzó la distensión en la guerra frĆa al abrir nuevas vĆas diplomĆ”ticas y defendió los derechos civiles.
- Impulsó decididamente la carrera espacial, al situar a Estados Unidos en ventaja respecto a la URSS en los años siguientes a su desaparición.
SOMBRAS
- Fracasó en gran parte de sus iniciativas porque los viejos polĆticos se opusieron a las reformas.
- Cometió graves errores, como el permitir que siguiera adelante la fallida invasión de Cuba, que fue rechazada por todos los suramericanos.
- Su anticomunismo le cegó y acabó implicando a Estados Unidos en el conflicto de Vietnam al enviar a asesores militares.Una imagen para la historia
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