Los diez días de vacaciones decretados por la abdicación del emperador disgustan al 45 por ciento de los japoneses. Por Daniel Méndez

En Japón hay quien está preocupado por una de las consecuencias de la abdicación (el próximo 30 de abril) del emperador Akihito en favor de su hijo Naruhito: diez días de vacaciones por decreto. Supone un sobresalto para muchos en el país que menos días de vacaciones se toma del mundo.

El Parlamento decidió establecer que del 30 de abril al 2 de mayo no se trabaje. Lo que, sumado a los fines de semana y a la llamada Semana Dorada -el período vacacional más largo del año en Japón-, otorga diez días seguidos de asueto.

Según una encuesta, muchos empleados se sienten culpables por no acudir a su trabajo

En un país donde la mayor parte de la población solo se toma a lo largo del año diez días de vacaciones (la mitad de lo que en teoría podrían), la noticia no satisface a todos. Según una encuesta del periódico Asahi Shimbun, el 45 por ciento se siente disgustado por las vacaciones. Entre los motivos: la culpa por no acudir al puesto de trabajo, el dilema de qué hacer con los niños o la previsible masificación en lugares turísticos (en Europa: ha habido un boom de reservas). Y a quienes cobran por día o por horas les inquieta el descenso en sus ingresos. Incluso los inversores están preocupados por el prolongado parón de la Bolsa.

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