En su último libro Jared Diamond analiza siete países que, en un momento u otro de la historia han tenido que hacer frente a graves crisis nacionales como Alemania, Australia y Japón. Pero también reflexiona sobre su propio país, Estados Unidos. Por I. D.L./ Fotos: Getty Images y Cordon Press

ALEMANIA PURGÓ SUS PECADOS

Lecciones del pasado, según Jared Diamond

Después de la Primera Guerra Mundial, los alemanes sentían que su país había sido «una víctima» y sus líderes «no eran responsables de los desastres». Pero tras la Segunda Guerra Mundial, la actitud alemana cambió de manera radical. Para Diamond, la aceptación de la responsabilidad sobre las atrocidades cometidas por el régimen nazi fue clave para la reconstrucción del país. Pero la purga de sus pecados no se limitó a los juicios de Núremberg. Diamond recuerda también la figura del abogado judío Fritz Bauer, que se ocupó de perseguir a alemanes anónimos que participaron en los horrores de Auschwitz, pero también a policías, soldados o jueces. «El principio era que los alemanes debían juzgarse a sí mismos. Y eso significaba procesar a ciudadanos alemanes, no solo a los líderes a quienes los Aliados ya habían juzgado», escribe. Diamond también destaca otros momentos, como cuando, en 1970, el canciller de Alemania Occidental, Willy Brandt, se puso de rodillas en su visita al gueto judío de Varsovia.

AUSTRALIA ENCONTRÓ SU IDENTIDAD

Lecciones del pasado, según Jared Diamond 1

Después de iniciar su proceso de independencia del Reino Unido en 1901, el gran dilema de Australia consistía en responder a una pregunta concreta. « Quiénes somos?», escribe Diamond. La respuesta derivó en una profunda transformación social: desde un país de raíces xenófobas que hasta la Segunda Guerra Mundial aspiraba a ser una nación solo blanca hasta convertirse en una de las más multiculturales del planeta. «Los australianos reconocieron que Gran Bretaña solo era un socio comercial menor, que su antiguo peor enemigo, Japón, era ahora su socio comercial más importante y que no era una estrategia viable operar como una avanzadilla británica blanca en la periferia de Asia», escribe Diamond. Australia también supo hacer cambios selectivos, como el desarrollo de una política exterior independiente del Reino Unido conservando lazos simbólicos.

Y JAPÓN SE ABRIÓ AL MUNDO

Lecciones del pasado, según Jared Diamond 2

Hasta 1853, cuando Estados Unidos amenazó a Japón con sus barcos de guerra si no se abría a comerciar con Occidente, el país asiático había vivido de espaldas al mundo. Según Diamond, en aquella coyuntura, Japón tomó una decisión inteligente: fijarse en las soluciones (e incluso copiar) de otros países para resolver retos similares. «La Constitución y el Ejército de Japón se basaron en modelos alemanes, su flota en el modelo británico, su proyecto inicial de código civil en el modelo francés y sus reformas educativas de 1879 en el estadounidense». También tuvieron que revisar leyes y costumbres, aboliendo, por ejemplo, «la forma tradicional de tortura japonesa o el uso extensivo de la pena de muerte». Pero el cambio fue selectivo. Otras características se conservaron, incluidos el culto al emperador, la homogeneidad étnica, la piedad filial y el sistema de escritura japonés.

Y LA LECCIÓN NO APRENDIDA DE ESTADOS UNIDOS

Quizá la reflexión más interesante de Diamond es la que hace sobre su propio país, Estados Unidos, del que dice que está «desperdiciando sus ventajas». Desde la geográfica («los Estados Unidos son virtualmente inmunes a una invasión») y la fortaleza de su sistema político hasta su legendario ascensor social, el ya casi extinto ‘sueño americano’. Aunque el inventario de problemas es extenso y complejo (cita la baja participación política, la creciente desigualdad y la incapacidad de los dos grandes partidos a la hora de cooperar), puede que el principal problema estadounidense sea, en realidad, una cuestión de sinceridad. De saber aceptar su crisis y de responsabilizarse de ella.

Por eso, Diamond no es precisamente optimista sobre el futuro de la primera potencia mundial. Vaticina, por ejemplo, que su país volverá a experimentar disturbios urbanos en los que «los cordones policiales no serán suficientes para disuadir a los manifestantes de ventilar su frustración contra los estadounidenses adinerados». Y ni si quiera descarta que la propia democracia norteamericana peligre. «Es muy poco probable que en Estados Unidos nuestros militares tomen el control actuando de manera independiente. En cambio, preveo que un partido político en el poder o en los gobiernos estatales manipulará el registro de votantes, apuntalará los tribunales con jueces comprensivos, los usará para impugnar los resultados electorales y luego invocará a las ‘autoridades policiales’ para reprimir a la oposición política». Y todo eso sin mencionar ni una sola vez a Donald Trump, salvo para adelantar que no era su intención hablar de él en este libro. ¿Cuándo empezará a tomarse Estados Unidos sus problemas en serio?, se pregunta Diamond. «Cuando los americanos ricos y poderosos empiecen a sentirse físicamente amenazados».