Los problemas de tiroides se han triplicado en los últimos 30 años. El resultado: un 10 por ciento de la población padece algún tipo de desajuste de esta glándula. Los especialistas buscan responsables. Y señalan uno: los plásticos que nos rodean. Se lo contamos. Por María Corisco

• ¿Cuáles son los síntomas del hipertiroidismo y del hipotiroidismo?

En la sala 15 del Museo del Prado, rodeado de otros bufones como él, encontramos a Pablo Lezcano, el Niño de Vallecas. Cuando Velázquez lo retrató, allá por 1644, el muchacho tenía 14 años; la maestría del pintor logró reproducir tanto su discapacidad física como mental, a la que hoy los expertos no dudan en dar un diagnóstico: cretinismo. Padecía una patología que afecta a entre 2000 y 4000 recién nacidos, pero que afortunadamente en España se diagnostica en la primera semana de vida del bebé –es la llamada ‘prueba del talón‘– y se trata de manera inmediata. «Durante la gestación, el feto recibe las hormonas tiroideas de su madre; pocos días después de nacer, tiene que poner en funcionamiento su propio tiroides, es necesario para el desarrollo de su cerebro –explica el doctor Nicolás Olea, catedrático de Medicina en la Universidad de Granada–. Tan importante es la hormona tiroidea que, si te falta, pierdes dos grandes características del ser humano: la talla y el cerebro».

Esta pequeña glándula con forma de mariposa es el centro de control del metabolismo, su director de orquesta. Su función es sintetizar, almacenar y liberar hormonas tiroideas, que son las encargadas de asegurar que los tejidos y órganos de nuestro cuerpo funcionan correctamente y a la velocidad adecuada. «Regulan casi todas las funciones: cardiaca, muscular, hepática…; por eso, una mala salud tiroidea va a condicionar síntomas de todo tipo», afirma la doctora Elena Navarro, especialista en Endocrinología y Nutrición en el Hospital Universitario Virgen del Rocío, de Sevilla, y coordinadora del Área de Tiroides de la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).

Avalancha de hipotiroidismo

Pese a su papel crucial, la glándula permaneció inadvertida durante siglos. Sería Thomas Waterton (1614-1673) quien le diera su nombre –por su proximidad al cartílago tiroides–, aunque ha habido que esperar hasta el siglo XXI para que se generalice la sensación de que existe una ‘epidemia’ de disfunciones tiroideas.

En estos momentos se considera que un 10 por ciento de la población española padece una enfermedad del tiroides (aunque se estima que una gran parte no ha sido diagnosticada). En la mayoría de los casos –un 91 por ciento–, esta disfunción se debe a que su actividad ha disminuido, lo que provoca una cantidad insuficiente de hormona; es lo que conocemos como hipotiroidismo.

Las enfermedades del tiroides aumentan: los expertos apuntan a los plásticos

Esta glándula con forma de mariposa es el centro de control del metabolismo e interviene en el funcionamiento de tejidos y órganos

El 9 por ciento restante se debe a la situación contraria: el tiroides está demasiado activo y produce demasiada hormona. Es el hipertiroidismo. Ambas son las disfunciones más comunes, muy por encima de los casos de bocio o de cáncer de tiroides. Y todas ellas son, por causas que no terminan de estar claras, mucho más prevalentes en mujeres.

Viendo las cifras, vemos claro que el foco adonde se dirigen todas las miradas es al hipotiroidismo, disfunción que padecen alrededor de 700.000 personas en España. ¿Hay realmente más que antes? «No está claro. Pero es evidente que se diagnostica mucho más», sugiere la doctora Navarro.

Hace tres décadas, que un médico pidiera valores de hormona tiroidea en una analítica era poco menos que una rareza; hoy, en cambio, es habitual. Casi rutina. Y, además, es de muy fácil tratamiento: si tu tiroides no fabrica la hormona tiroxina, es tan simple como administrársela; basta con una dosis diaria de tiroxina, que el especialista deberá ajustar a cada paciente, y asunto resuelto. No es extraño que Eutirox sea el quinto fármaco más vendido en España.

Las enfermedades del tiroides aumentan: los expertos apuntan a los plásticos 1

Ojos saltones: uno de los síntomas más visibles del hipertiroidismo

No obstante, hay dudas en el planteamiento. Se estima que el diagnóstico se ha triplicado en los últimos 30 años. Entonces, ¿qué ocurría antes con las personas que nunca llegaban a saber que tenían hipotiroidismo y que, por tanto, no se trataban? ¿Tan necesaria es la suplementación? «La mayoría de las personas tiene lo que se conoce como un hipotiroidismo subclínico, que no da síntomas –explica la experta de la SEEN–. Se trata de una pequeña alteración, que muchas veces no evoluciona. En esos casos no es necesario tratar, se debe observar la evolución».

Una cuestión diferente es cuando se trata de tiroiditis de Hashimoto, la forma más frecuente de hipotiroidismo en nuestro país. Es una patología, con una importante carga genética, en la que «el organismo se equivoca y ataca a las células tiroideas, no las reconoce como propias –explica David Vargas, psiconeuroinmunólogo, especialista en Biología Molecular y director de Regenera–. A partir de ahí no fabrica hormonas tiroideas, y por eso el tratamiento consiste en administrar tiroxina. Pero la gran pregunta es: ¿no se hace nada con la patología autoinmune de base? Estamos errando el tiro: la actual epidemia de hipotiroidismo de Hashimoto es en realidad una epidemia de enfermedades autoinmunes».

Plásticos y tóxicos

En este sentido, la doctora Navarro corrobora que «están aumentando las enfermedades autoinmunes, pero no sabemos la causa concreta. En los últimos años se está hablando mucho de los contaminantes ambientales, los plásticos… como causantes del aumento de las enfermedades. Suponemos que es la acumulación de todo, pero no hay una relación causa-efecto demostrada».

Quien tiene pocas dudas de la repercusión de los contaminantes ambientales es el doctor Olea: «Hay una hipótesis que cobra fuerza, la de que estos compuestos tóxicos interfieren en la función tiroidea o en los niveles de hormonas circulantes. Por decirlo de una manera simple, las enzimas encargadas de transformar la hormona T4 en T3 están demasiado ocupadas metabolizando contaminantes, limpiando, y no se ocupan de su función». Desde esta perspectiva, la enfermedad no estaría tanto en el tiroides como en todo el ‘ruido’ alrededor. «Es una hipótesis factible que encaja en las fechas: el incremento de enfermedades tiroideas coincide con el aumento a la exposición a contaminantes bromados».

Es posible, pero no está probado. Igual que tampoco tenemos explicación que justifique la predilección de las enfermedades tiroideas por la mujer. Según David Vargas, «también hay una epidemia de niveles elevados de estrógenos en la mayoría de las mujeres, que provocan inflamación y predisponen a patologías autoinmunes». Pero tiene que haber algo que se nos escapa, señalan Olea y Navarro: «Siempre se ha pensado que el mayor número de mujeres hipotiroideas está relacionado con las hormonas, pero resulta que también hay esta mayor proporción en mujeres menopáusicas y en niñas. Y no sabemos por qué».

Para saber más

Área de patología tiroidea. Clínica Universidad de Navarra

Te puede interesar

¿Nos está matando el plástico?

La oficina me está matando (y mi casa también)