En un avión, nuestro organismo se resiente: falta oxígeno y humedad, el aire está viciado y el espacio es tan exiguo que impide moverse. Descubra cómo afecta a nuestro cuerpo cuando viajamos en avión.

PULMONES/ El oxígeno se reduce

La presión del aire de la cabina reduce ocho puntos el porcentaje de saturación de oxígeno en el organismo, un riesgo para quien sufre asma, bronquitis o afecciones pulmonares obstructivas.

ESTÓMAGO/ ¿Molestias intestinales?

Por la diferencia de presión, el aire del estómago se expande y tiende a igualar su presión con la del aire de la cabina. Eso provoca ligeros dolores en esta zona sin consecuencias.

SANGRE/ Menos protección

A gran altura, la protección frente a los rayos cósmicos es mínima. Eso puede provocar daños en los linfocitos, los glóbulos blancos que se encargan de la respuesta inmune del cuerpo.

OJOS/ Mejor sin lentillas

La escasa humedad en el interior del avión provoca una excesiva evaporación de la película de lágrimas y una notable sequedad en los ojos. Las lentillas también acaban secándose.

OÍDOS/ Taponados

El aire alojado en ellos, especialmente en las fases de despegue y aterrizaje, tiende a expandirse. Eso suele provocar taponamientos y, en algunos casos, dolores intensos.

CORAZÓN/ Trabajo a todo ritmo

La escasez de oxígeno a bordo del avión obliga al músculo cardiaco a acelerar su ritmo para oxigenar el cuerpo. Eso aumenta el riesgo de aquéllos con problemas cardiovasculares.

PIEL/ Sensación de frío

El sudor se evapora con facilidad y enfría mucho el cuerpo a causa de la escasa humedad. Ésa es también la razón por la que en los aviones, a menudo, se tiene sensación de frío.

PIERNAS/ Riesgo de bloqueo

En ocasiones, se producen coágulos de sangre que, si se desprenden y ascienden hacia los pulmones, provocan embolias. Pero la inmovilidad no es, como se creía, un factor que los cause.

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