Antes del actual bloqueo de Wuhan por culpa del coronavirus, a lo largo de la historia se han acordonado muchos puertos y ciudades para frenar la lepra o la peste. Pero ¿por qué se fijó un periodo de 40 días? Por María Corisco / Fotos: Getty Images y Cordon Press

El aislamiento como método para evitar la propagación de una enfermedad es tan antiguo como las epidemias; en los textos más lejanos, desde los papiros egipcios al libro del Levítico, ya hay referencias a la lepra y a la importancia de mantener alejados a los enfermos. Pero será la terrible peste negra la que, a finales del siglo XIV, propiciará el concepto de aislar a personas sanas.

El edicto de la ciudad de Reggio (1374) fue el primer cordón sanitario de la historia; amparándose en él, Venecia y Génova cerraron sus puertos a los barcos que venían de zonas infestadas y les impuso un periodo de 10 días de observación; tres años después, en el puerto de Ragusa, el aislamiento se ampliaría a 30 días; y en la Marsella de 1383 se terminaría fijando en 40 días. Había nacido la cuarentena.

¿Por qué 40 días? Entonces se creía que era el plazo en el que se había pasado la fase crítica de la enfermedad, pese a que no se conocían los agentes microbianos que la transmitían. Pero también se ampararon en el simbolismo del número 40: los días que duró el diluvio, los días que estuvo Jesús en el desierto, los días que dura la Cuaresma…

En los siglos siguientes, a las amenazas de la peste y la lepra se sumaría también la del cólera, y los reglamentos de cuarentena se fueron haciendo más y más complejos; ya no se aislaba solo a los que venían de fuera: también se detenía -y ejecutaba- a quienes abandonaban las ciudades por temor al contagio y a que terminaran propagando la epidemia.

Muchas veces, la eficacia de estos cordones sanitarios era más que dudosa; por ejemplo, se decretó una cuarentena en Filadelfia por fiebre amarilla, pese a que el agente transmisor era un mosquito.

El número 40 tiene un fuerte simbolismo religioso. Fueron los días que duró el diluvio

Sería a finales del siglo XIX cuando se identificaron los patógenos causantes de estas enfermedades, se perfiló el concepto de incubación y se demostró cuáles eran las vías de contagio y prevención.

 Foto principal: este cuadro refleja los estragos de la peste en Milán en una oleada del siglo XVII.

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