Es Aryenzz, su apodo en ‘League of Legends’. Estudiante de Óptica y Optometría, lleva un lustro participando en competiciones de videojuegos y tres en Zombie Unicorns.

XLSemanal. ¿Por qué Aryenzz?

L.M. Era un personaje de un juego que me gustaba al que le añadí las zetas. Llevo ya unos seis años usando este nick.

XL. ¿Y participando en competiciones?

L.M. Cinco. Aunque la primera vez que jugué a League of Legends me pareció aburridísimo. ¡No lo entendía!

XL. ¿Se imaginaba en competiciones internacionales?

L.M. No. A veces lo veía, pero no me veía con nivel. Además, soy muy insegura. Siempre pienso que no voy a poder.

XL. Ha vivido el boom de la competición. 

L.M. Sí, ha crecido mucho en unos años. Cuando empecé, no le veía salida profesional. En casa se quejaban de que perdía el tiempo.

XL. ¿Su madre llegó a preocuparse?

L.M. Sí [ríe]. Pero fue culpa mía, tenía problemas en casa y me encerré en el juego. ¡Otros beben o se van de fiesta! Cuando pasó todo, ya me había enganchado, aunque entendí que no podía jugar 24 horas al día.

XL. ¿Cuántas horas echaba?

L.M. ¡Muchas! Era una vía de escape.

XL. ¿Hay riesgo de engancharse?

L.M. Sin duda. Hay que controlarlo. Si mi tía me dice que le va a comprar a su hija de cinco años las gafas de realidad virtual, le digo: «¡No! Que salga a la calle y juegue».

XL. ¿Cuántas horas juegan para prepararse?

L.M. Tres o cuatro por la tarde, aunque es poco. Algunas estudiamos, otras trabajan… Cuadrar los horarios para coincidir las cinco del equipo es difícil.

XL. ¿Qué ha cambiado tras su fichaje por Movistar Riders?

L.M. Muchísimo. Antes nos faltaba motivación y no teníamos un entrenador que nos señalara los fallos… Además, somos mujeres y nadie te toma en serio.  Algunas del equipo se vienen abajo a la mínima y me tocaba hacer de psicóloga, animarlas…

XL. ¿Cuánto llevan juntas?

L.M. Casi tres años. Nuestra primera competición fue en 2017, en China. Quedamos terceras.

XL. ¿Qué faltó?

L.M. Trabajo y un entrenador. Todos nos pedían que les pagáramos, ¡pero no tenemos dinero!

XL. ¿Entrenan?

L.M. Antes jugábamos y ya está. Pero sin una figura que te corrija acabas discutiendo. Ahora, cuando el entrenador habla algo, todos escuchan.

XL. ¿Se llevan bien?

L.M. Sí. Ahora convivimos más. Lo cambia todo.

XL. ¿Cómo se formó Zombie Unicorns?

L.M. El equipo ya existía y, a través del juego, me propusieron hacer una prueba.

XL. Y el dinero, ¿por dónde llega?

L.M. No suelen pagarte por jugar. No se invierte mucho en equipos femeninos. En mi primera competición, una parte se la llevó la organización y el resto, yo.

XL. ¿De cuánto era el premio?

L.M. De 2000 euros.

XL. ¿Estudia?

L.M. Sí. Óptica y Optometría. Me encanta.

XL. ¿Hay mucha brecha de género en los videojuegos? 

L.M. Nunca he sufrido acoso, pero, cuando descubren que soy mujer, dejan de confiar en mí.

XL. ¿Se va aceptando más?

L.M. Sí y no. Hace poco un equipo de chicos me preguntó si quería competir con ellos. Nadie me juzgó.

XL. En otra partida acabó bailando virtualmente con una jugadora del equipo contrario… La molestaban por ser mujer. 

L.M. Me pareció fatal. Estaba ganando nuestro equipo, pero en el suyo, al tener nombre de chica, la empezaron a insultar… ¡Y mi equipo también! No lo pude tolerar y me puse a bailar con ella.

XL. Sigue sin haber competiciones mixtas…

L.M. ¡Pero espero que lleguen! Yo quiero enseñar a otras mujeres.

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