Donar esperma en España no es fácil ni rentable. Por ley, la donación es altruista, aunque se suele dar una compensación de 50 euros «por las molestias»… Por Carlos Manuel Sánchez

El proceso es largo; se redacta su historia clínica, se miran antecedentes, se hacen análisis para detectar enfermedades infecciosas y hereditarias… El semen debe ser de calidad, con una alta concentración de espermatozoides capaces de ‘hibernar’ a 196 grados bajo cero. Nueve de cada diez aspirantes no pasan la criba. El candidato está obligado a informar si ha realizado donaciones previas; y la clínica, a verificar que no ha sido papá de más de seis bebés, límite legal para reducir los riesgos de consanguinidad, por si dos de sus hijos se enamoran en el futuro sin saber que son medio hermanos… Pero como en España no hay un registro centralizado, hay que fiarse de su palabra.

La ley también garantiza el anonimato del donante, a diferencia de Estados Unidos, excepto en casos en los que corra peligro la vida del nacido y haya que contactar con el padre, por ejemplo para un trasplante de médula. Sin embargo, en países de nuestro entorno como Alemania, Suecia, Portugal o el Reino Unido, la legislación ya ha levantado el velo del donante en beneficio del hijo una vez que cumple 18 años. Los expertos pronostican que la ley española habrá que revisarla para conciliar el derecho a la intimidad del donante con el del hijo a conocer su origen biológico. De momento, en los países donde se ha modificado, las donaciones han disminuido drásticamente… en beneficio de España, donde hay 400 clínicas y nacen unos 2800 niños al año con esperma donado, según la Sociedad Española de Fertilidad.