Las estrellas pop virtuales tienen millones de fans en Asia. Algunos solteros empedernidos incluso han encontrado en estas artistas digitales a la ‘mujer’ de su vida. Tal como suena. Texto y fotos: Jérôme Gence con la colaboración de Chi-Hui Lin

Mi esposa es un holograma

Luce largas trenzas de color verde turquesa, caderas estrechas y grandes ojos azules. Tiene 16 años y siempre los tendrá, puesto que su edad, al igual que su altura (1,58 metros) y su peso (42 kilos), es el único rasgo personal que le dieron sus creadores. Hatsune Miku, programada en Japón en 2007, es la voz robótica más famosa del mundo, una especie de Alexa versión cantante con la estética de una chica sacada de los manga.

Al comienzo de su carrera, Miku solo era la imagen publicitaria de un software que llevaba su nombre. Ahora, 12 años más tarde, sale a escena en forma de proyección triimensional durante sus propios conciertos.

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Cantantes holográficas como Miku o Luo Tianyi (arriba) arrasan en países como China y Japón. Allí revientan recintos como el Mercedes-Benz Arena de Shanghái, con capacidad para 40.000 personas. Una entrada en primera fila: 150 euros

En 2014 fue telonera de Lady Gaga y el año pasado estuvo de gira por Europa, llegando incluso a actuar en Naves Matadero de Madrid. Hatsune Miku nunca se cansa, y su repertorio es mucho mayor que el de sus colegas humanos: en 2013 había publicado ya más de cien mil canciones.

No hay cifras para los años posteriores, pero es indudable que el número de temas no ha dejado de crecer. Y es que Miku es open source. Eso significa que todo el mundo puede escribirle canciones y subir los vídeos de sus actuaciones, pero sin fines comerciales.

LLENANDO ESTADIOS

Cuando Hatsune Miku o su contraparte china, la etérea Luo Tianyi, salen de gira al mundo real, llenan estadios. El público hace cola durante horas y paga sin pestañear entradas que superan los 100 euros para ver a chicas de cómic animadas por ordenador. Muchos de los asistentes dicen que esas cantantes hechas de píxeles son como sus novias. Algunos hasta aseguran estar enamorados de ellas.

En China son ídolos de masas perfectamente controlables. Se comportan tal y como se quiere que lo hagan y no cantan nada no autorizado. En los conciertos está permitido descontrolar, siempre dentro de unos límites

El fotógrafo Jérôme Gence se topó con el fenómeno de las estrellas pop virtuales en junio de 2018. Los personajes del manga y el anime son un componente muy presente en la cultura japonesa, por lo que no resulta tan sorprendente que allí los hologramas disfruten de una adoración similar a la que en otros lugares generaban Take That o Britney Spears.

Al igual que muchos cantantes reales, son productos pop diseñados al detalle y con copyright, acompañados por un catálogo siempre creciente de merchandising, artículos varios y todo tipo de eventos. Pero en el caso de las estrellas virtuales son las primeras a las que los fans pueden dotar de un contenido creado por ellos mismos.

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Un joven taiwanés, Andy, junto a la funda de almohada con la imagen de su cantante favorita. Para él, dice, refugiarse en el mundo virtual es sobre todo una huida del presente.

«Me fascinó la cantidad de personas que han llegado a desarrollar una relación personal con estas criaturas -dice Gence-. Forman parte de su vida diaria. Como no son humanas, cada uno puede ver en ellas lo que quiera». Muchos de los fans con los que el fotógrafo habló son hombres que ya han dejado atrás la adolescencia. Lo que cuentan suena extrañamente triste. Muchos viven la realidad como algo decepcionante. El mundo virtual les parece mucho más atractivo porque en él sí pueden ser alguien, hacer cosas y sentirse bien. También da la sensación de que en ese otro mundo pueden permitirse mostrar unos sentimientos para los que no ven lugar en la sociedad en la que viven.

Miku ha sido telonera de Lady Gaga. No se cansa y su repertorio supera las cien mil canciones

Por otro lado, en un país como China, una cantante pop virtual es un ídolo de masas perfectamente controlable. Se comporta exactamente como se quiere que lo haga. Los conciertos sirven sobre todo para eliminar el estrés, le dijo a Jérôme Gence un organizador de este tipo de eventos. Está permitido descontrolar, siempre dentro de unos límites, por supuesto. Límites que también se aplican a la libertad de expresión de Luo Tianyi, a diferencia de lo que ocurre con la japonesa Miku, que en sus canciones trata cualquier asunto.

MI ESPOSA ES UNA CHICA VIRTUAL

En un país donde uno de cada cuatro varones llega soltero a los 50 años, Gatebox, la empresa que fabrica los dispositivos domésticos que permiten convivir con un holograma de Miku, ya ha emitido más de 3700 ‘certificados’ donde consta que un humano y un personaje virtual se han casado «más allá de las dimensiones».

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Rodgers, un investigador de una universidad de Tokio, ha convertido a Miku en su pareja, confidente y alma gemela. Posee varias muñecas de su ídolo y amante con distintas expresiones faciales que reflejan cómo se siente él.

A Miku, al fin y al cabo, no le preocupa el estatus social de su pretendiente o si este es apocado o un perdedor. Ella es inocente, siempre encantadora. Y se la puede desconectar.

“Mi madre no quiso ir a mi boda”, dice un hombre casado con uno de estos hologramas

En criaturas como Miku, dice Yuji Sone, experto en ciencias de la cultura, se refleja el deseo de una feminidad controlable, dócil. La creación de una mujer ideal a la que se pueda manejar y formar, escribe en su libro La cultura robot japonesa, ha sido un elemento recurrente en el arte y la literatura. Es decir, el mito griego de Pigmalión: conseguir que la pareja sea como uno quiere ha llegado a la robótica. Ya en este punto, cabe preguntarse por qué Alexa, Siri y demás asistentes digitales tienen voz de mujer.

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