Los expertos llevan años advirtiendo de que el componente cultural de cada país influye decisivamente en la tasa de repetición de los alumnos. Por Carlos Manuel Sánchez

• Dos expertos debaten: pros y contras de repetir curso

No es casualidad que naciones bajo la influencia magisterial del Liceo Francés, que se puede rastrear en España desde el siglo XIX, tengan tasas muy elevadas de repetidores en secundaria, como sucede también en Bélgica, Portugal, Países Bajos o Luxemburgo.

Francia, no obstante, ha logrado reducirla a la mitad en los últimos 9 años, pasando del 32 al 16 por ciento. Lejos de sacar pecho, los franceses se fustigan. ¿Cómo es posible que el país de la egalité sea uno de los peores clasificados en igualdad de oportunidades, que es otro de los baremos que mide PISA?

La comunidad educativa gala siempre ha tenido predisposición a considerar que la repetición de curso es una segunda oportunidad, de tal modo que los que llevan retraso puedan conseguir el nivel mínimo de sus compañeros. Pero también hay un sesgo de castigo, muy criticado: el que repite no se ha esforzado lo suficiente. Y se han visto otros factores determinantes, dicen los expertos de la OCDE, como el nivel socioeconómico de la familia, su origen o su entorno.

En cualquier caso, repetir es caro. Y es una medida de dudosa eficacia. Y, en la educación anglosajona (incluida la esfera de influencia nórdica), la ecuación coste-efectividad se mira con lupa. Por eso, la repetición es excepcional. En Islandia repite un alumno de cada cien, dos en el Reino Unido, tres en Finlandia.

Y es que, en la tradición protestante, cada cual responde ante su propia conciencia y saldrá de la escuela más o menos preparado… Allá él si no aprovecha el tiempo, porque se pasa de nivel automáticamente. No sucede como en Francia o en España, donde una instancia superior, el claustro de profesores, emite un veredicto a final de curso que otorga el derecho a promocionar.

Es la cultura de la evaluación, que tiene en cuenta las notas y, en menor medida, el comportamiento y
la asistencia. Dos o tres suspensos suelen condenar al evaluado, dependiendo del país y de si la asignatura ‘cateada’ es considerada esencial o no. En el caso de Italia, es la media de todas.

Un tercer modelo, más ecléctico, es el centroeuropeo, influido por Alemania (19,6 por ciento de repetidores), donde se separa a los niños en diferentes itinerarios desde los 10 años en función de si irán a la universidad o a la formación profesional. En el caso alemán es posible trasladar al alumno a otro centro para mejorar sus resultados o repetir para subir nota.

¿Y el papel de los padres? En la mayoría de los países, incluido España, tienen derecho a apelar si sus hijos van a repetir. Otra cosa es que prospere su reclamación.