La educación ‘on-line’ ya avanzaba con ímpetu cuando la COVID-19 la ha convertido en imprescindible. Ahora 1200 millones de estudiantes de todo el mundo se relacionan con sus profesores y compañeros de otra manera, ante una pantalla. Un grupo de expertos nos cuenta cómo va a ser la enseñanza tras la pandemia. Por Fátima Uribarri

Lo pasó mal en el colegio porque tenía enormes ganas de aprender. Es paradójico, sí, pero para el ambicioso emprendedor David Rogier el hambre de conocimiento fue un inconveniente. Asaeteaba a preguntas a sus profesores; cuestionaba lo que decían y eso hacía que se irritaran con él. Otro impedimento escolar para David era su tartamudez. Su etapa colegial no fue feliz. «No fui recompensado por ser curioso», cuenta. Sus obstáculos educativos lo decidieron a montar Masterclass, una exitosa plataforma de educación on-line para la que ha fichado como profesores a personalidades como Serena Williams, Jane Goodall o Martin Scorsese. «He querido hacer una escuela que hiciera posible que cualquier persona, desde cualquier lugar del mundo pueda aprender de los mejores», dice David Rogier. Esta manera de estudiar, a distancia y a través de una pantalla, es una tendencia imparable: según un estudio de la UNIR (Universidad Internacional de La Rioja) -uno de los seis campus universitarios virtuales de España- desde el año 2000 la educación on-line ha crecido un 900 por ciento a nivel mundial.

Los expertos pronostican que el mercado de la educación ‘on-line’ será de 350.000 millones de dólares en 2025. El despegue es imparable

Este ascenso es constante: la UNIR nació en 2009 con unos 2000 alumnos, y en diciembre de 2019 contaba con 48.000 matriculados. Pero ahora todo se ha multiplicado a lo grande porque el COVID-19 ha obligado a 1200 millones de estudiantes a hincar los codos y a examinarse frente a una pantalla.

La educación on-line ha propulsado sus posibilidades de tal manera que la agencia de análisis Research and Markets pronostica que su mercado será de 350.000 millones de dólares para 2050. El despegue ha sido rapidísimo. El cierre de centros escolares fue tan abrupto que una avalancha sin precedentes cayó sobre el Instituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado (INTEF), la unidad del Ministerio de Educación que se encarga de la formación del profesorado en el manejo de las TIC (Tecnologías de la Información y la Comunicación). En los últimos días de marzo, hasta 22 millones de páginas vistas se acumularon en este portal dedicado a ‘enseñar a los profesores a enseñar on-line‘.

Cómo será el curso que comienza en septiembre

Durante el confinamiento, INTEF ha proporcionado 90.000 recursos (seminarios didácticos, audios, imágenes…) a los docentes españoles. El encierro obligado ha demostrado que hay que estar preparado para telecomprar, teletrabajar o teleestudiar. ¿Estamos listos para afrontar un curso 2020-2021 de manera on-line? También en esto hay incertidumbre. El Ministerio de Educación contempla varias posibilidades para el curso que comenzará en septiembre. «Podría ser mixto -con formación on-line y el alumnado turnándose para asistir a clase- o podría darse un rebrote y tener que cerrar los centros de nuevo», dice Carlos Medina, director de INTEF. «Lo importante es que no nos vuelva a pillar por sorpresa», añade.

Eso le sucedió a por lo menos el 75 por ciento del profesorado español. Tuvo que aprender a manejar las TIC y las aplicaciones educativas a toda velocidad. A nuestros ocho millones de escolares y a los casi 1,3 millones de universitarios españoles de este curso que ahora termina también les tocó familiarizarse a toda prisa con los webinars (talleres o seminarios que permiten la interactividad) y aplicaciones como Blackboard Collaborate; Respondus; OBS o Webex. Y lo hicieron: más de 860.000 estudiantes españoles se han descargado Blackboard Collaborate en su teléfono móvil; esta app ha vivido un aumento de más del ¡3600 por ciento! en el número de usuarios diarios globales. Permite ver y oír las explicaciones del profesor, hacer preguntas (de voz o mediante un chat) y ‘coleguear’ con los compañeros: de pantalla a pantalla o tecleando en vez de juntarse en el recreo o ir a tomar un café al bar de la Facultad.

Están cambiando muchas cosas con el estudio virtual. Algunas son sorprendentes. Sus partidarios aseguran que la enseñanza en pantalla es más cercana que la presencial. Lo sostiene Santiago Íñiguez de Onzoño, presidente ejecutivo de IE University. «Fomenta la participación en clase y acerca a los alumnos a sus profesores. Es mucho más intensa que la presencial. Si estás en un foro y no participas, enseguida se hace evidente, mientras que en clase puedes quedarte callado en la última fila y que nadie se percate de ello», dice. «Incluso hay programas de reconocimiento facial que pillan in fraganti al alumno que se está aburriendo», cuenta Íñiguez de Onzoño.

Vídeos, simulaciones y un profesor a mano

Su escuela cuenta con una Wow Room, un auditorio virtual sembrado de monitores que muestran a los alumnos mientras siguen la clase. Hay varios formatos: uno es síncronizado -en directo- y otro asíncrono, que permite a estudiantes de cualquier rincón del mundo conectarse a la hora que les venga mejor.

El aula del futuro

Las pantallas sustituyen a los pupitres en aulas como esta, la Wow Room de la IE Univertity. La educación ‘on-line’ permite que alumnos de distintos países se conecten a las explicaciones del profesor a la hora que les venga mejor.

Aseguran también que la enseñanza on-line es más intuitiva y entretenida. Hay vídeos, simulaciones, hay material muy atractivo… es mucho más divertido que escuchar a un busto parlante, argumentan. Incluso es más personalizada porque el profesor se da cuenta de dónde patina el alumno, de lo que más le interesa y lo que menos… y puede adaptar los contenidos a cada estudiante. «La tecnología humaniza la educación. Yo conozco mejor a mis alumnos, y ellos se conocen más entre sí. Participan todos, no hay capillas. Y se puede trabajar en equipo con gente de otros países, se internacionaliza», afirma Santiago Íñiguez de Onzoño.

La prestigiosa Universidad de Cambridge ya ha anunciado que el próximo curso se impartirá completamente ‘on-line’

Lo cierto es que lo on-line ocupa terrenos que hace unos años parecían impensables, como la banca o la compra de ropa. Incluso ha tomado la muy antigua (fundada en 1209) y muy prestigiosa Universidad de Cambridge que ha anunciado que el próximo curso 2020-2021 se impartirá completamente on-line.

La educación va a cambiar, aseguran los expertos. Ya lo estaba haciendo antes de la COVID-19.
Hace diez años irrumpieron desde California los MOOC (Massive On-line Open Courses). Los alumnos se apuntan gratis y pagan si quieren obtener el título que acredita la formación. Los MOOC ya significaron un cambio que funcionó. Plataformas como Coursera, Udacity; Khan Academy, Skillshare, Lynda o Udemy han multiplicado sus alumnos.

Además, unas 800 universidades del mundo ofrecen formación en línea. Es una cuestión generacional, explica Rubén González, vicerrector de Ordenación Académica y Profesorado de la UNIR. «Antes estudiaban on-line los adultos de unos 35 años, con cargas familiares y laborales. Eran estudios complementarios. Ahora deciden hacer una carrera a distancia jóvenes de 18 años porque su forma natural de moverse es on-line. Ha desaparecido ese miedo de las generaciones anteriores».

Alfabetizarse para el siglo XXI

«El coronavirus ha hecho que las universidades y las escuelas que eran reacias a la formación on-line se dieran cuenta de que la digitalización ayuda al aprendizaje», opina Sebastian Thrun, fundador de Udacity. «Desarrolllar competencias digitales en el siglo XXI es como saber leer en el siglo XX, algo necesario», concluye Albert Sangrá, catedrático de Ciencias de la Educación de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC).

Todos coinciden en la necesidad de acabar con la brecha digital, la falta de medios que ha dejado fuera al diez por ciento de los estudiantes españoles en tiempos de coronavirus. «El acceso a Internet debe ser un derecho, como lo es el acceso a la educación. es una manera de alfabetizarse», subraya Sandrá.

La educación on-line también tiene algunos peros; uno es que hay que regular el uso de los datos personales de los usuarios de las herramientas educativas. «Son los mismos algoritmos que usan Amazon y Netflix para averiguar qué nos gusta, pero en un entorno de aprendizaje», dice Sangrá.

El futuro, apuntan los expertos, se regirá por modelos híbridos, mixtos. El contacto físico sigue siendo
necesario

Lo virtual se expandirá, pero lo hará con matices. «No se trata de replicar lo presencial con medios tecnológicos. Ese es uno de los grandes errores a evitar», agrega el catedrático. «Hay que adaptar lo que se enseña al medio que se utiliza», advierte también Rubén González, vicerrector de la UNIR. El profesor debe hablar y desenvolverse de otra manera; el espacio debe ser atractivo para que los alumnos no se distraigan y hay que tener un sistema de acompañamiento fuera del aula, para estimular a los estudiantes.

¿Cuál será el modelo del futuro? «La educación va a evolucionar a modelos híbridos, mixtos», vaticina Rubén González. También lo cree el presidente de IE University: «El contacto físico es necesario. Los jóvenes se conectan por las redes sociales, sí, pero luego quedan a tomar algo juntos», dice. Además, hay disciplinas experimentales, que incluyen prácticas de laboratorio, por ejemplo, en las que es necesaria una parte práctica presencial.

Motivar la curiosidad de los estudiantes

Nos acostumbraremos. De hecho, la educación a distancia es muy antigua. La impartieron Pablo de Tarso (San Pablo) con sus epístolas y Séneca con sus cartas. Se ha practicado por correspondencia, a través de la radio y la televisión. En España, la UNED nació en 1972, la Universitat Oberta de Catalunya (totalmente on-line), llegó en 1995…

Se trata realmente de una tendencia imparable. Otra de las pegas que se le podrían poner es la tasa de abandonos. Pero también para eso sus partidarios tienen respuestas. «Tienes que comprometerte y eso está en tu mano. Si estás motivado, te conectas», dice Beatriz Plaza, ingeniera biomédica, de 23 años, alumna de un MBA on-line.

«Cuando iba al colegio las clases consistían en transferir información del profesor al estudiante. Ahora la información está disponible. La tarea del educador es motivar a los alumnos a acceder a ella. E impulsarlos a hacerse más curiosos», concluye David Rogier, el chico tartamudo que lo preguntaba todo.

Para saber más

Istituto Nacional de Tecnologías Educativas y de Formación del Profesorado. 

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