Peligrosos, molestos, cotillas… y hasta armados. Si el patinete se ha adueñado de las calles, los drones llevan camino de colonizar el aire. Han pillado a su vez a los legisladores europeos desprevenidos. España es, sin embargo, pionera a la hora de legislar sobre ellos. Se lo contamos. Por Carlos Manuel Sánchez

Los ‘Top gun’ españoles de los drones

¿Cómo hacer que los cielos sean seguros en ciudades donde un enjambre de vehículos voladores hará que las calles se parezcan cada vez más a las de la película Blade Runner? ¿Cómo controlar el espacio aéreo europeo cuando aviones y helicópteros convivan en 2033 con siete millones y medio de drones? ¿Cómo reconducir un dron que se escapa del control de un usuario inexperto y se mete en la M-40? ¿O cómo abatirlo si sobrevuela un estadio deportivo o una refinería?

NO ES TAN FÁCIL

«El aumento exponencial de drones se debe a que es barato y engañosamente fácil de pilotar. Una ráfaga de viento y se desvía. Con humedad, niebla, lluvia o calor, la electrónica se satura y cae como una piedra. Y la velocidad terminal de un objeto en caída libre es de unos 200 kilómetros por hora. También hay que tener en cuenta que los drones utilizan la misma frecuencia de comunicaciones que los teléfonos móviles, susceptible por tanto de interferencias y hackeos», explica Javier Ruiz de Ojeda, ingeniero aeronáutico y director de Avistadrone, empresa de trabajos aéreos con drones y academia de pilotos.

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En diciembre, el aeropuerto londinense de Gatwick vio alterado su funcionamiento por la presencia de dos pequeñas aeronaves no tripuladas. Más de mil vuelos suspendidos y 140.000 pasajeros en tierra. Un caos que estuvo a punto de repetirse en los aeropuertos de Heathrow y Dublín por el mismo motivo. En 2016, un Airbus A320 que hacía el trayecto Barcelona-París evitó in extremis la colisión con un dron durante el aterrizaje. Ya se han dado casos de delincuentes que intentan introducir droga y teléfonos móviles en una cárcel, como sucedió en la de Málaga. También se han producido atentados en el Yemen y en Venezuela durante sendos desfiles militares.

Con humedad, niebla, lluvia o calor, el dron falla y cae como una piedra. La velocidad de un objeto en caída libre es de unos 200 kilómetros por hora

Este rosario de incidentes pone en evidencia la vulnerabilidad de instalaciones estratégicas, edificios oficiales o aglomeraciones humanas. Y está obligando a las autoridades a replantearse los mecanismos de defensa contra el uso perverso o irresponsable de los drones. «La legislación existe y España es pionera. Como nos hemos adelantado a la normativa europea, que todavía está siendo debatida, se ha optado por ser muy restrictivos. Pero eso no basta para resolver las amenazas, porque la tecnología va por delante de la legislación», afirma Ruiz de Ojeda.

LLEGAN LOS ‘AEROCOCHES’

El principal problema es cómo detectar este tipo de artefactos y cómo neutralizarlos sin riesgos para terceros. Se trata de interceptar el dron, tomar el control del aparato y llevarlo a un lugar seguro en el caso de que esté cargado con una bomba o un arma química o bacteriológica. Para ello existen diferentes sistemas más o menos ingeniosos. La Policía holandesa dispone de águilas adiestradas para cazarlos. Y la empresa española Indra ha desarrollado un escudo electrónico que, de momento, ha vendido a un país asiático. Se trata de un sistema de radares capaz de detectar el dron intruso, identificar el modelo, interferir sus comunicaciones con un inhibidor de frecuencias y ‘engañarlo’ para asumir el mando.

Solo es el principio. Estamos ante una revolución de la movilidad personal. La Policía de Dubái ha incorporado una moto voladora para respuesta rápida en áreas de difícil acceso, en pruebas. Y Airbus está probando un ‘aerocoche’ en Singapur, de momento con sacos de cien kilos en lugar de pasajeros, mientras que Uber desarrolla su propio proyecto. Una empresa alemana ha diseñado el Volocopter, una nave autónoma que aspira a sustituir a los helicópteros en megalópolis como São Paulo y que permitirá a hombres de negocios y funcionarios del Gobierno sobrevolar los atascos. Audi y el Gobierno alemán han elegido la ciudad de Ingolstadt para probar el primer sistema de transporte público aerotransportado. Son solo algunos ejemplos… Pero Ruiz de Ojeda es cauto: «El coche volador lleva en pruebas desde los años cuarenta en Estados Unidos. No está en el mercado aún por la complejidad del despegue en carretera. Lo que parece claro es que el primer dron para transporte de personas será autónomo. Es más seguro que lo pilote un robot que un humano. Y no estará operativo hasta varios años después de que se apruebe el primer coche autónomo terrestre, porque la seguridad aérea está más controlada que la viaria, pues hay que proteger al que viaja en dron y al que está en tierra y le puede caer encima».

Habrá que habilitar pasillos aéreos específicos, ‘dronopuertos’ donde poder ‘aparcarlos’ y una banda de comunicaciones en las redes 5G reservada para sus operaciones. «No obstante, es más fácil que los drones se generalicen como medio de transporte alternativo en zonas despobladas de Nueva Zelanda, incluso en los pueblos aislados de la España del interior, antes que en las grandes ciudades», opina este experto.

Fomento contempla que los drones estén integrados en el espacio aéreo en 2030, y repartirán correo. ocho millones de paquetes anuales

Para entonces deberíamos habernos habituado a su utilización en diferentes ámbitos, en especial el transporte de mercancías, sobre todo las de pequeño tamaño típicas del comercio electrónico. Fomento contempla un plan estratégico para que los drones estén completamente integrados en el espacio aéreo español en 2030, lo que permitiría el reparto aéreo de ocho millones de paquetes anuales, así como el uso de estas aeronaves en agricultura, topografía, mantenimiento de carreteras y tendido eléctrico, supervisión de puentes y presas, vigilancia contra el fuego, emergencias sanitarias…

LA DIFÍCIL AUTORIZACIÓN

En la actualidad existen más de 3600 operadores autorizados en España para pilotar drones, aunque la mayoría se dedica a la fotografía y la grabación de vídeo. Y unas 50 empresas fabrican estas aeronaves y diseñan su software. «Pero el negocio está frenado porque es muy difícil conseguir la autorización para volar en zonas restringidas. Por ejemplo, el espacio urbano de Madrid es zona prohibida por la influencia del aeropuerto de Barajas (donde se ha ubicado una unidad especial de la Guardia Civil), el aeródromo de Cuatro Vientos y la base aérea de Getafe. Nosotros tardamos catorce meses en conseguir una licencia para hacer un trabajo en colaboración con Airbus», se queja Ruiz de Ojeda. Las multas por el uso indebido de drones pueden llegar a los 221.000 euros. De momento se han impuesto unas 200 sanciones, que oscilan entre 300 y 14.000 euros.

En España, las multas pueden llegar a los 221.000 euros. De momento, se han impuesto sanciones, que oscilan entre los 300 y los 14.000 euros

El vuelo de los drones no se limitará a los exteriores, habrá que acostumbrarse a ellos también en el interior de los edificios. IBM ya ha patentado un sistema para repartir café volando en oficinas y cafeterías, dotado de inteligencia artificial para detectar el estado cognitivo de empleados y clientes que precisan una dosis de cafeína antes de que ellos mismos se percaten.

Cómo cazar un dron

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1.Controlarlo con ‘jamming’

Se generan interferencias en la conexión del dron con el control remoto y la señal del GPS. El aparato aterriza o se da la vuelta.

2. Atacarlos con láser

El problema es que los drones empezarían a arder y caerían. Es un método peligroso y caro.

3. Atraparlos con redes

Otro dron provisto con una red despega y se sitúa por encima del intruso. Las hélices de este se enredan, lo que provoca su caída.

PARA SABER MÁS

Web de la Agencia Estatal de Seguridad Aérea (AESA).

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