Nací en Madrid y soy actriz. Acabo de cumplir 64 años y estreno ‘Las cosas que sé que son verdad’, en los Teatros del Canal (Madrid), con la que giraremos desde enero. Por Virginia Drake / Foto: Javier Ocaña

XLSemanal. Pues muchas felicidades. ¿Qué nos cuenta de esta obra?

Verónica Forqué. Es la historia de una familia normal: padre, madre y cuatro hijos. Es fascinante porque, cuando te haces mayor, te das cuenta de que hay muy pocas cosas importantes. ¡La de tiempo que perdemos dando vueltas a cosas sin importancia!

XL. Como al estudiar Psicología y dejarlo?

V.F. ¡No! [Ríe]. Mi padre me dijo que debía estudiar una carrera por si acaso, pero fui por allí diez días como mucho, ¡jajaja! En cambio, desde los 17 me he leído un montón de libros de autoayuda.

XL. Vive sola desde hace 4 años y confiesa que está más feliz que nunca.

V.F. ¡Uy, sí! Siempre he vivido con alguien. Me marché de casa de mis padres a los 21 años porque no podía acostarme allí con mi novio.

XL. Era una niña bien y progre.

V.F. Muy, sí. Mi mamá me metió en el Liceo Italiano, porque era feminista, pero contradictoria. Con 17 le pedí la píldora porque me enamoré de un chico… ¡y me dio un portazo! [Ríe]. Pero unas amigas conocían al doctor Sopeña, un ginecólogo famoso que nos la daba.

XL. ¿Ha tenido grandes amores en su vida?

V.F. Tuve importantes, pero Manolo [Iborra] fue la pasión de mi vida y el padre de mi niña, con el que tuve una relación larga y maravillosa. En 2015 le dije: «Échate un poco a un lado, que ahora quiero libertad, libertad».

XL. Pero si no deja de trabajar.

V.F. ¡Sí! Pronto estreno la miniserie Días de Navidad, en Netflix, y el 26 de febrero en Avilés Españolas, Franco ha muerto, una función teatral que dirijo.

XL. Y una película: Salir del ropero, en la que se casa con Rosa María Sardá.

V.F. ¡Nos lo hemos pasado tan bien! No me esperaba este papel tan bonito en una comedia tan dulce y transgresora. Me ha hecho mucha ilusión: desde que cumplí 50, casi no hago películas. Mi madre me decía que el teatro no me abandonaría nunca, y así ha sido.

Verónica Forqué: "Antes, las que venían de los pueblos a ser actrices tenían que acostarse con el productor"

XL. ¿Es cierto que no ve sus películas?

V.F. Algunas nunca las vi y otras, uno o dos años después. Solo veo los defectos.

XL. Por cierto, dice que sigue fascinada con Woody Allen, con la que está cayendo.

V.F. El genio no tiene nada que ver con la persona. Me importan sus películas, no su vida privada.

XL. Pasa por alto si el acosador es un genio.

V.F. No, solo con Woody Allen [sonríe]. Sé que en los sesenta las chicas que venían de los pueblos a ser actrices tenían que acostarse con el productor, pero hoy hay otro modo de ver las cosas. Me sorprende y horroriza que eso aún pase.

Desayuno: agua, café y tabaco

Verónica Forqué

 

«Tomo dos vasos de agua, dos cafés y mi pitillito. ¿Mi rollo zen? ¡A tomar por culo!» [Ríe].

 

 

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