Fue detenido en 2014 y la foto de su ficha policial arrasó en las redes sociales. Contratado por una agencia de modelos mientras estaba en prisión, una vez en libertad las grandes marcas de moda se lo disputan. Sin embargo, no es la única sorpresa que le ha deparado la vida ‘al preso más guapo del mundo’. Por Helena de Bertodano / Foto: Barry J Holmes

Tom Wolfe y E. L. James trabajando a cuatro manos no habrían ideado una trama tan enloquecida. Jeremy Meeks se hizo famoso cuando la foto de su ficha policial se hizo viral. Tres años después de su detención por tenencia de armas, Meeks conoció a una millonaria, Chloe Green, hija del riquísimo inglés propietario de las tiendas Topshop y que hoy tiene peor fama que nuestro entrevistado: actualmente está acusado de abusos sexuales, entre otras cosas.

Al poco tiempo de conocerse, Chloe se quedó embarazada. La historia no podía ser más jugosa y durante meses la prensa amarilla británica estuvo siguiendo a esta familia megarrica.

Meeks era un tipo duro, formado en la universidad de las calles de California. Pero, mientras él iba convirtiéndose en el delincuente reformado preferido del Reino Unido, empezaron a proliferar las denuncias contra su futuro suegro. Y mientras él declaraba que Chloe era el amor de su vida, la hija del multimillonario daba la impresión de haberse aburrido de Jeremy: en los últimos tiempos se han publicado fotos donde aparece embelesada con el jugador de polo Rommy Gianni.

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Jeremy y su novia Chloe

Me encuentro con Meeks en un club privado de Los Ángeles. Lleva tatuajes de los pies a la cabeza y luce llamativas piezas de joyería. Se levanta educadamente cuando llego. Está nervioso y no se esfuerza en esconder unas notas que su representante le ha dejado impresas, instruyéndolo a mostrarse «tranquilo, seguro de ti mismo, acogedor, animado. En control de la situación».

Y, sí, tiene unos ojos maravillosos, pero en persona no es tan guapísimo como en las fotos. Se lo ve muy flaco. Los collares tienen diamantes engastados. «Todos auténticos», me confirma. Muestra el Rolex de oro con diamantes (60.000 dólares del ala) y agrega: «Me lo regaló Chloe por mi cumpleaños».

Rebusca en su móvil para enseñarme su foto preferida de Jayden, el hijo que tiene con Chloe, también de ojos azules.

La historia de Meeks tiene mucho que ver con sus ojos, unos ojos que lo han llevado de una vida de delincuencia a un carrusel de yates. En su día se sintió atónito al saber que de pronto era famoso. «Me quedé alucinado. Nunca había tenido Facebook, Instagram. Ni sabía qué querían decir con eso de ‘viral’. No entendía nada».

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La imagen que la Policía difundió de Jeremy en comisaría se convirtió en una de las más virales de los últimos tiempos. Un año después fue fichado por la agencia de modelos White Cross Management y consiguió su propio representante

En la foto de comisaría vemos a un tipo duro, pero con un destello de emoción en la mirada. «Porque no podía parar de pensar en mi hijo de 5 años, en su reacción cuando se enterase de que estaba en la cárcel». Meeks tiene un hijo mayor, también llamado Jeremy, quien hoy tiene 9 años.

Una vida entre rejas

Nacido en Washington en 1985, Meeks se describe a sí mismo como «un hijo de la heroína». Su padre y su madre eran adictos. Nueve meses después de su nacimiento, su padre acuchilló a la mejor amiga de su madre. Lo condenaron a 45 años, pero fue puesto en libertad después de 33. «En mi familia todos han estado en la cárcel. Todos menos mi hermana mayor». Meeks tan solo ha hablado una vez con su padre. «Fui a verlo a la prisión cuando tenía 30 años». No tiene intención de volver a visitarlo.

Cuando Meeks cumplió 10 años, su hermana mayor -alistada en la fuerza aérea- lo adoptó y se marchó a vivir con ella a una base militar de California. No salió bien. «Acabé en un reformatorio, un lugar chungo de verdad».

Tenía 15 años cuando lo pusieron en libertad. Al pisar la calle, le pegaron cinco tiros: en las piernas, las caderas y los pies. «Fueron a por mí. Todavía tengo dos de las balas en el cuerpo».

«Soy capaz de trabajar como un animal. Yo lo pruebo todo y si la puerta se abre un poquito, termino por abrirla a patadas», dice Jeremy

Su belleza ya empezaba a despertar comentarios. «Me decían que era guapo, que tenía que trabajar como modelo. Yo no le veía ningún sentido. Me sonaba a algo de otro planeta. Aquel mundo no tenía nada que ver conmigo. No nos llegaba ni para pagar el alquiler… Nos veíamos obligados a robar comida para sobrevivir».

Constantemente entraba y salía de la prisión; en total pasó más de una década entre rejas, por delitos como robo o lesiones a un menor (un adolescente de 16 años con quien se peleó). A los 30, la cosa parecía que iba a mejorar. Se había casado con Melissa, enfermera, y era el padrastro de dos hijos, además del padre biológico del chaval que Melissa tuvo 9 años antes. Por primera vez contaba con trabajo fijo: camionero.

Pero el 18 de junio de 2014, Jeremy tuvo la mala suerte -o la buena, según se mire- de aparcar su coche justo frente a una casa donde la Policía iba a hacer una redada. Los agentes registraron su automóvil y encontraron una pistola semiautomática en el maletero. Lo detuvieron, lo fotografiaron y difundieron las imágenes. Veinticuatro horas más tarde tenía 78.000 likes y 22.000 comentarios. Encarcelado, comenzaron a llegarle contratos para trabajar como modelo. Meeks no entendía nada. «Nunca había visto un contrato con mis propios ojos».

Meeks tenía que seguir encarcelado un par de años. Y aprovechó la ocasión. «Me dio tiempo a prepararme mentalmente». Se hizo con un representante, hacía ejercicio y leía libros, muchos libros. Cuando salió en libertad, llegó el momento de sacarle todo el partido a la famosa foto.

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Jeremy con un abrigo de Philipp Plein en la Semana de la Moda de Nueva York en 2017. A la derecha. El modelo posa junto con la ‘top’ israelí Bar Refaeli para la campaña de gafas de Carolina Lemke.

En febrero de 2017 debutó como modelo en la New York Fashion Week. Cinco meses después lo hizo para Philipp Plein. Luego, para Tommy Hilfiger.

Todo es posible

Durante una fiesta en Cannes en mayo de 2017, Jeremy conoció a Chloe Green, que entonces tenía 26 años. Un par de meses después los paparazis los cazaron acaramelados. Meeks subió a la Red una imagen donde salía sentado en la proa de un yate, con la leyenda: «Todo es posible en esta vida». Melissa, su esposa, se quedó atónita. Al año siguiente se divorciaron, pero Melissa siempre lo describe como «un marido gentil y afectuoso y un buen padre».

Meeks dice que nunca se ha sentido fuera de lugar. «Yo puedo hablar de todo con quien sea, sobre lo que sea, en cualquier lugar. He conocido a algunas de las personas más poderosas del mundo y he aprendido mucho al escucharlas».

¿Y qué tal Philip Green, su suegro? Jeremy lo describe como «una de las personas más dulces que he conocido en la vida». Quizá lo dice porque sabe lo que le conviene. «Me molesta que la prensa se ensañe con él. A mí me recibió bien desde el primer momento. Los padres de Chloe me aceptaron sin dudarlo».

Insiste en que Chloe y él no se han separado. «Claro que seguimos juntos -dice hoy-. No hacemos caso a todos esos chismorreos».

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Jeremy y su novia Chloe en Beverly Hills con el primer hijo biológico de él: Jeremy Meeks Jr

Por lo demás, a Jeremy Meeks le va bien. Está rodando dos películas. True to the game 2 y Dutch. Tiene previsto lanzar su propia línea de ropa y el contrato le ha reportado 15 millones de dólares. Van a salir al mercado camisetas con su imagen y leyendas como: «Seguí creyendo en mí cuando nadie más lo hacía».

Es capaz de trabajar «como un animal», o eso dice. «Yo lo pruebo todo, pruebo a entrar por la puerta que sea, por muy cerrada que esté. Y si se abre un poquito, termino de abrirla a patadas. No pienso pasarme la vida sentado en la playa bebiendo champán».

Le gustaría tener más hijos. ¿Con Chloe? «Pues claro. Eso lo tengo clarísimo, al mil por mil. Quiero tener una hijita, mimarla… Deseo tener cuantos más críos, mejor. Hasta que no tienes un hijo no sabes lo que es el amor. Muchos creen que ahora voy de guay porque las cosas me van bien. Pero sigo siendo el mismo. Siempre tuve buen corazón, incluso cuando estaba metido en rollos chungos. Nunca me metí con inocentes, a la gente normal la respetaba».

Entonces, ¿no se arrepiente de nada? «Claro, de muchas cosas. Alucino al pensar que tengo 35 años. Siempre tuve claro que no llegaría a cumplirlos. Antes me levantaba por la mañana y no sabía si ese día iba a ser mi último día; ahora tengo una posición en la vida. Es para alucinar, ¿no?».

Foto principal: marcas en la piel. Meeks lleva tatuajes de los pies a la cabeza. «La lágrima en la comisura del ojo me la hice porque de chaval tenía fama de llorón», asegura. «Me los hice todos en la cárcel». Muchos son homenajes a «colegas que murieron en mis brazos», otros denotan su pertenencia a un pandilla. Ahora que es padre está considerando quitárselos. «Mi chaval ya tiene edad para entender lo que significan y no quiero que piense en seguir mis pasos».

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