Nací en 1941, en Cabezón de Liébana, Cantabria. Arquitecto, historiador, ilustrador, humorista. Publico mi novela ‘El corazón con que vivo’, Premio Primavera (Espasa). Por Virginia Drake/Fotografía: Javier Ocaña

XLSemanal. Ha superado la COVID-19.

Peridis. Sí, estoy de ITV, en revisión…

XL. ¿Cómo está el corazón con que vive?

P. Contento. He salido de una peligrosa por mi edad, mi tensión alta, una neumonía y una operación del corazón. Cuando me ingresaron temí no volver, por mi familia. Es importante morir con dignidad, poder despedirse…

XL. Fue ingresado en pleno caos…

P. Sí, al inicio. Los sanitarios estaban muy desprotegidos; temía contagiarlos. El sistema sanitario se ha resquebrajado. Con la Sanidad no se juega.

XL. ¿Estamos preparados para un rebrote?

P. Creo que no ha habido tiempo para mitigar el agujero y que hay un gran problema presupuestario. Debemos ser responsables: ni botellones ni fiestuquis ni grandes alborotos: no hay vacuna, y los jóvenes, que se creen inmunes a todo, se acaban llevando por delante a los mayores.

XL. Nos han engañado como a chinos, dice.

P. Es que a lo mejor China tardó en decir la verdad, la OMS reaccionó tarde y ningún país veía la gravedad. Recuerda lo que costó suspender las Fallas.

XL. Y ahora doble reto: la salud y el paro.

P. Sí, y el Gobierno, con la colaboración de todos, debe evitar que revienten el sistema sanitario y, a la vez, la economía porque nos vamos a pique. Es un panorama diabólico.

XL. Su novela transcurre en la Guerra Civil.

P. Habla de vecinos que se convierten en enemigos. Una de las mujeres del libro dice: «La guerra acabará algún día, los militares se marcharán del pueblo y nosotros tendremos que convivir». Los odios se quedan y los vecinos se cruzan por la calle con el asesino de su hijo o con el delator de su hermano.

XL. Uno de los protagonistas es el abuelo republicano de Pablo Casado.

P. Sí, fue un héroe; lo condenaron a muerte y se salvó porque un cura intercedió por él: lo dejaron en perpetua. Era un médico prestigioso de Palencia, se chupó cuatro años de cárcel y allí hacía de todo: curaba a los tuberculosos, operaba, procuraba la mejor higiene.

XL. Escribió este libro tras morir su hijo.

P. Lo decía Jane Austen: «No hay nada como la actividad febril para ahuyentar las penas».

XL. Por esa dura experiencia ya había pasado al perder también a una hija.

P. La vida es así, te toca y no puedes hacer nada. El dolor y el sentimiento de culpa te carcomen. Yo me agarré a la vida como un náufrago a un tablón. Y ahora a la novela, que me ha curado, aunque las lágrimas te invaden cuando quieren

Desayuno: equilibrado

José María Pérez (Peridis)

 

«Un zumo de dos naranjas: una fría y otra del tiempo. Un tazón de leche caliente con cinco o seis galletas doradas de Aguilar de Campoo (Palencia)».

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