El título de Master of Wine es el máximo reconocimiento en el universo del vino. Solo 368 personas en todo el mundo poseen este galardón. Cuatro de ellos viven en España. Hablamos con ellos y les pedimos un diagnóstico del vino de nuestro país. Por Daniel Méndez

Apenas recibió la noticia de que había aprobado el examen, Andreas Kubach se hizo imprimir nuevas tarjetas de visita. No introdujo un gran cambio: añadió, simplemente, un par de siglas junto a su nombre. MW, rezan. Master of Wine. Una distinción reservada a los consagrados; a los que, como él, han conseguido el título que otorga el Institute of Masters of Wine, «el máximo referente global en el mundo del vino», resume Andreas. En la actualidad hay 368 Masters of Wine en 29 países: «Cada miembro ha demostrado el más elevado conocimiento y habilidad en el arte, la ciencia y el negocio del vino», dice la página web del instituto. En España hay cuatro. El propio Andreas, quien, pese a su nombre y su fuerte acento alemán, ha vivido en España desde pequeño y tiene la nacionalidad española; o el zaragozano Fernando Mora, el cual, como Andreas, consiguió el título en septiembre de 2017. Hasta entonces, solo había un español en el olimpo del vino, Pedro Ballesteros, quien vive y trabaja en Bruselas. Pero hay dos más residentes en nuestro país: Norrel Robertson, alias el Escocés Volante, que lleva 15 años instalado en Calatayud; y David Forer, quien decidió abandonar San Francisco e instalarse en Barcelona hace unos meses.

Solo uno de cada diez candidatos supera las pruebas. Es una semana de exámenes con un temario amplísimo: cata, ensayos…

Pero ¿qué es un Master of Wine? Para obtener el título, hay que demostrar unos profundos conocimientos en viticultura, elaboración y comercio del vino. Y a nivel global. «Tienes que saber de todo, desde el viñedo hasta la copa», cuenta Andreas.

Origen medieval

El examen tiene lugar una vez al año, en tres ciudades a la vez: Londres, Napa (California) y Sídney (Australia). Solo supera la prueba uno de cada diez candidatos. «Es como una maratón», cuenta Andreas mientras contempla uno de los viñedos de Bodegas Fontana, empresa de la que es director general. «Tienes que preparar un temario amplísimo y te enfrentas a casi una semana de exámenes. Por la mañana, de cata; por la tarde, escribir los ensayos. Hay un componente de resistencia física notable, que quizá yo subestimé un poco», reconoce ahora. Aprobó el teórico a la primera, pero el examen práctico de cata se le resistió hasta el tercer intento.

Fernando Mora fue más cauto: «Yo estudié el examen con un amigo, y los días previos cogimos un hotel a 200 metros del lugar de las pruebas, para no tener que hablar con nadie por el camino y no ponernos nerviosos».

El muy británico Institute of Masters of Wine nace en 1955, aunque los primeros exámenes se realizaron un par de años antes. Fue la compañía de vinateros, cuyo origen se remonta a la Edad Media (nace oficialmente en 1363), la que lo puso en marcha con el objetivo de certificar oficialmente a los comerciantes de vino británicos. Aprobaron seis de los 21 candidatos.

«Empezó como algo muy británico -resume Andreas- y comenzó a abrirse en los años ochenta». El primer miembro no británico fue un australiano, que superó las pruebas en 1988.

Si alguien está tentado de presentarse al examen, adelante. Los miembros del instituto aseguran que están deseosos de hacer crecer el selecto ‘club’. Esto es mucho más que un título, es una activa comunidad que se reúne con frecuencia. Una pista: en junio hay un simposio en La Rioja. Habrá más de 100 Masters of Wine reunidos. Eso sí, para presentarse al examen hay que estar dispuesto a invertir tiempo y dinero. Mucho de ambas cosas.

«Yo no tenía pensado presentarme al examen -cuenta Fernando Mora-. Estaba en Londres estudiando en WSET (Wine and Spirit Education Trust, considerado como la antesala para el Master of Wine) y vinieron los del instituto a buscar candidatos españoles. Me presenté y me cogieron». Llegó entonces el vértigo. «Esto exige mucho tiempo y mucho dinero, ¡y no tenía ni una cosa ni la otra!». Buscó alguien que lo patrocinara, sin suerte, y decidió tirarse a la piscina. Dos años después obtenía el título. Fue un trayecto rápido, mucho más de lo habitual, que suele rondar los cinco o seis años. Por un lado, Fernando aprobó todo a la primera, algo poco frecuente. Por otro, no escatimó gastos. «Nunca me ha temblado la mano a la hora de irme, por ejemplo a Napa, en California, si había alguien interesante con quien tuviera que hablar. O irme a Alemania una semana… En 2016 estuve 35 semanas fuera de casa». Porque el que se prepara para este examen no se limita a comprar una botella de importación. va al destino. Va a catas en Londres, a visitar bodegas en Sudáfrica, a ver un viñedo en la Toscana. ¿Cuánto cuesta todo esto? «Hay gente que gasta 20.000 o 30.000 euros. Yo invertí mucho más porque lo he hecho al doble de velocidad», explica Fernando, que en 2013 fundó Bodegas Frontonio y en 2015 Cuevas de Arom.

Hay gente que se gasta entre 20.000 y 30.000 euros en prepararse para el examen. Hay que viajar y hablar con productores

Norrel Robertson, que se hace llamar (a sí mismo y a su compañía) el Escocés Volante (aunque comenta con sorna que en Calatayud, donde vive desde hace 15 años con su mujer, a menudo lo conocen simplemente como «el puto escocés»), obtuvo el título en el año 2000. Estudió Políticas en Escocia antes de lanzarse al mundo del vino, y se nota en un discurso plagado de referencias históricas y políticas. «Mis estudios en Ciencias Políticas me ayudaron mucho a superar las pruebas. Hay que escribir varios ensayos en los exámenes y una tesis final, y ser capaz de plantear una idea y defenderla es una gran ayuda», cuenta. Además, manifiesta su admiración por los candidatos españoles: «Siempre he dicho que tiene mucho mérito superar las pruebas para los candidatos no anglosajones. No es lo mismo estar en Zaragoza que en Londres, donde tienes catas de vinos de todo el mundo al día». Habla con un fuerte acento, pero con un profundo conocimiento de la lengua y la cultura -utiliza la primera persona del plural cuando habla de la tradición vitivinícola de Calatayud-, que se traduce en el nombre que da a sus vinos: Dos Dedos de Frente, Manda Huevos (blanco y tinto) o La Multa.

El Mentor

«Yo no era el estudiante modelo -recuerda Norrel sus tiempos de preparación para el título-. Me encerraba en la biblioteca dos semanas antes del examen. Fue una época intensa. Iba intercalando el trabajo en vendimias del norte y del sur para aprender distintas geografías. Hasta que mi mujer dijo que ya tocaba asentarse. Hicimos un estudio y vimos que Calatayud era un sitio ideal». Ha vivido y trabajado en Australia, Inglaterra, Francia, Chile, Italia… Una vez superado el examen, Norrel fue durante un tiempo mentor de otros aspirantes al título. Es una figura habitual. un ‘padrino’ para los que se presentan.

David Forer tiene, como Andreas y Fernando, el diploma fresco: obtuvo el título el año pasado. Nació en Inglaterra, creció en Canadá y se mudó a California siendo un chaval. Desde hace unos meses vive en Barcelona. «Vine a Europa para estar cerca de las mejores regiones vinícolas del mundo». Antes de dedicarse por completo al mundo del vino, David trabajó en la industria farmacéutica y recuerda que su vecina en San Francisco era la representante en Estados Unidos de la bodega Jorge Ordóñez. «Un día llegué a casa y me dijo que pasase a la suya: acababa de hacer una cata de vinos españoles y tenía varias botellas abiertas. ¡Había 18 de los mejores vinos españoles para probar! Una bombilla se encendió ese día». Y hoy este Master of Wine pretende, desde su nueva casa en Barcelona, contribuir a la comunidad mundial del vino. Con pasión habla de los vinos del Priorat, de vinos canarios o madrileños, del jerez… Y está conociendo a bodegueros y viticultores, con el ánimo de convertirse en cicerone para los extranjeros que quieran profundizar en su conocimiento de los caldos españoles. Porque el Master of Wine tiene la obligación de comunicar y contribuir. Y hacer que la comunidad crezca. Si alguien, pese a las dificultades, quiere probarlo, puede visitar la web mastersofwine.org y conocer todos los detalles. ¡Suerte, maestros!

Fernando Mora, aragonés

fernando mora, master of wine

“Los mejores viñedos producen pocas uvas y se abandonan”

España es el país donde se compran las uvas más baratas del mundo. ¿Por qué? Porque el poder ha estado siempre en manos de las bodegas, no de los productores. Por eso, los mejores viñedos, que suelen ser los que producen menos uva, se abandonan. En la foto estoy en un viñedo ¡de 98 años! Pero el terreno tiene un 30 por ciento de desnivel y solo produce 800 gramos por planta. Para evitar que estos viñedos se pierdan, se deben dar herramientas al productor para que pueda subsistir. Hay movimientos que defienden esto en Rioja, Bierzo, Cava… Es bueno para todos. Si en una zona de cultivo intensivo hay cuatro productores que hacen un producto más personal, darán a conocer la zona y hasta los vinos económicos podrán subir algo el precio».

Norrel Robertson, escocés. Reside en Aragón

Norrel Robertson, Master of Wine

“El competidor es la cerveza. Aquí se ha perdido la cultura del vino”

Mi mujer y yo decidimos venir a Calatayud hace 15 años. Trabajaba para una empresa de vinos, en la que me encargaba del sur de Francia y España. Barajamos otras opciones, como Burdeos, Montpellier, Campo de Borja… pero mirando el mapa vimos que Calatayud era el punto más céntrico. Me apasiona la zona, tiene la mejor garnacha de España. En su mayor parte, viñedos de más de 45 años, que producen poca uva pero de calidad excepcional. En España se ha perdido cultura del vino. El competidor no es otra bodega, sino la cerveza o los cubatas. Un ejemplo. en los años cincuenta había 40.000 hectáreas de viñedo en Calatayud. ¡Hoy hay 3500!».

David Forer, inglés criado en Canadá. Vive en Barcelona

Master of Wine

“No solo vale hacer buenos vinos, además deben saber a tu región”

Hay una serie de nuevos productores que están haciendo grandes vinos en sitios como Ribeira Sacra, Canarias…

En los años noventa, España ganó mucha fama con denominaciones como Toro o Campo de Borja, que tuvieron mucho éxito entre críticos como Robert Parker. Muy bien, pero no basta. Ahora, los productores se están dando cuenta de que no solo tienen que hacer grandes vinos, sino que deben saber a su región, hacer vinos más personales.
Se están incorporando elaboradores que no vienen de una familia de viticultores o bodegueros. Y cuando no estás ligado a una tradición familiar, es más sencillo innovar».

Andreas Kubach, hispanoalemán. Vive en España

Master of Wine, Andreas Kubach

“Estamos en la segunda revolución del vino”

En España ha habido dos grandes revoluciones. Una tecnológica, en los años ochenta, ligada al desarrollo del país, que permitió por ejemplo los depósitos de acero inoxidable. Esto a priori es bueno: reduce los defectos de los vinos. Pero tiene una contrapartida: los hemos uniformizado.

Ahora estamos en la segunda revolución, que implica volver a descubrir la calidad del vino más allá de la técnica, una mayor atención a la relación entre el viticultor y la bodega, la recuperación de uvas autóctonas… Hacer un producto con personalidad, que haga honor a lo que es el vino: una manifestación cultural, como lo es el arte o la música. El siguiente paso es la sostenibilidad: el cambio climático es una realidad».