La isla del Meridiano, como se conoce a El Hierro, es la más pequeña y remota del archipiélago canario. Un destino (casi) salvaje, con la tierra surcada de cráteres y fondos marinos protegidos, que sueña con ser autosuficiente y que ya se estudia como ejemplo de sostenibilidad. Por Alicia Hernández

La naturaleza ha sido más que generosa con esta pequeña isla, convertida ahora en uno de los destinos más deseados gracias a las imágenes sobre sus espectaculares rincones que sirvieron de escenario a las intrigas de una de las series más vistas del momento: Hierro.

Con 278 kilómetros cuadrados, en los que pasamos del negro y rojo de las tierras volcánicas al verde de las praderas y bosques, la isla fue declarada por la Unesco Reserva de la Biosfera y Geoparque.

Títulos que atestiguan la necesidad de proteger la riqueza natural que esconde tanto en el interior como buceando bajo sus aguas. Bosques de laurisilva, viñedos heroicos y abruptos acantilados se mezclan con extensas formaciones geológicas de lava que han creado cuevas, conos y piscinas naturales.

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El Hierro concentra la mayor densidad de edificios volcánicos del archipiélago canario

Y, para preservar tanta belleza, El Hierro ha optado por energías renovables que se obtienen a partir de recursos inagotables de la naturaleza, como el viento o los saltos de agua. Su famosa central hidroeólica Gorona del Viento ya se ha convertido en un referente mundial de la sostenibilidad, con hitos como llegar a abastecer la totalidad de la demanda eléctrica de la isla con fuentes renovables, con lo que demuestran que un futuro ‘verde’ es cada vez más posible.

LA RUTA DE LOS MIRADORES

En El Hierro, las distancias son cortas y apetece lanzarse a la aventura para recorrerla de punta a punta. La isla se divide en tres zonas: Valverde, al norte; Frontera, al oeste; y El Pinar, al sur.

Seguir la ruta de los miradores es la mejor opción para tener una visión completa de la isla

Valverde es la capital, la única del archipiélago a la que el mar no baña. Fue fundada a finales del siglo XV y dependió del señorío de los condes de La Gomera hasta que obtuvo su independencia en el siglo XIX. En 1899 sufrió un gravísimo incendio y la iglesia de Santa María de la Concepción, del XVIII, es uno de los pocos edificios históricos que quedan en pie.

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El edificio del mirador de la Peña y sus jardines son obra del genial arquitecto canario César Manrique. Foto: Turismo de El Hierro

Seguir la ruta de los miradores es la mejor opción para tener una visión completa de la isla. El más famoso de todos es el mirador de la Peña. Es obra del genial César Manrique, quien creó un maravilloso balcón desde el que contemplar todo el valle del Golfo, los roques de Salmor y los viñedos y plantaciones de plátano y piña tropical que llegan casi hasta la costa. Una estampa con paredes de más de mil metros y caseríos blancos a sus pies que se extiende hasta otro mirador: el de Bascos, cerca del Sabinar.

NATURALEZA SAGRADA

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Moldeado por el viento, este arbusto es considerado el símbolo natural de la isla. Foto: Turismo de El Hierro

En el Sabinar de la Dehesa se encuentra uno de los iconos de isla: la sabina, un arbusto autóctono doblegado por el empuje de los vientos. Muy cerca llegamos al santuario Nuestra Señora de los Reyes. La pequeña ermita fue construida en el año 1577 para alojar a la Virgen que un barco intercambió por víveres. Esta se convirtió en patrona de la isla cuando, tras un largo periodo de sequía, los herreños la sacaron en procesión y la lluvia llegó. Desde entonces se celebra la famosa bajada de la Virgen y se traslada la imagen desde La Dehesa hasta la capital, Valverde
(29 kilómetros), en una animada romería y bailes folclóricos.

La búsqueda del agua ha regido siempre la vida de los herreños y nos conduce a uno de los puntos más visitados de la isla, toda una seña de identidad que aparece hasta en su escudo: el árbol de Garoé o árbol sagrado. Gracias a sus grandes hojas, este árbol condensaba el agua de las nubes de los vientos alisios en sus ramas y hojas, la cual llenaba unas albercas a las que acudían hombres y animales para calmar la sed. Un terrible tornado arrancó el Garoé en 1610 y en su lugar se plantó un tilo. Hoy cuenta con un Centro de Interpretación para conocer el fenómeno natural de la lluvia horizontal y la riqueza arqueológica y cultural que este mítico lugar encierra.

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En la zona de Frontera se puede practicar parapente cuando soplan los alisios. Foto: Turismo de El Hierro

El mirador de Isora nos permite conocer la cara este de la isla, Las Playas, una bahía con imponentes acantilados. Hacia el sur, el mirador de Tanajara tiene la mejor perspectiva del mar de las Calmas y de la ladera de El Julan. Desde aquí se pudo contemplar el espectáculo de la última erupción submarina en la zona de la Restinga, en 2011, donde se concentran más de 200 conos volcánicos. Por su parte, el mirador del Parque Cultural de El Julan guarda la historia más remota de la isla, con la vista guiada a los petroglifos (los ‘carteles’ tallados que dejaron los aborígenes, los bimbaches) y los restos de su lugar de reunión: el Tagoror.

PISCINAS DE LAVA

El Hierro posee un puñado de buenas playas, pero los baños más increíbles te esperan en las piscinas naturales rodeadas de murallas de lava que frenan la fuerza del mar. Cerca de Valverde están las de Tamaduste, con sus aguas cristalinas. Al Charco Manso se llega bajando por un espectacular cono volcánico de colores rojizos, picón, y las preferidas de los herreños son La Maceta, un conjunto de tres infinity pools perfectas para lucir en Instagram. A su lado está el charco de los Sargos y un poco más adelante, la más paradisiaca de todas (y no es un tópico), el Charco Azul, en mitad del Golfo. Dos magníficas piscinas de aguas turquesas metidas en una cueva, con un arco basáltico sobre el que rompe el mar formando una espuma blanca. ¿Y no hay playas? La respuesta es afirmativa. Hasta existe el Monumento Natural de las Playas, o Las Playas sin más. Un lugar idílico situado en el sur de la isla que surgió por los deslizamientos de tierra hace millones de años. El resultado son paredes gigantescas y abruptos acantilados que mueren en el mar formando extensas playas de arenas volcánicas.

Visitas imprescindibles…

El Faro de la Orchilla y el Meridiano Cero

Hasta 1885, la punta de Orchilla fue considerada el meridiano cero, como aparece en los mapas del siglo XVI y XVII, hasta que este se trasladó al Observatorio de Greenwich, en Inglaterra. Un sencillo monumento recuerda que la raya del meridiano pasó durante 200 años por este punto.

Para buceadores

La Restinga está declarada Reserva Marina de la Biosfera, es un lugar único en Europa para bucear gracias a la temperatura (entre 18 y 25 ºC) y la claridad de sus aguas, con profundidades de hasta 300 metros. Te cruzarás con viejas, atunes, delfines o ballenas.

Dormir, comer…

Hotel Puntagrande

Levantado en una lengua de lava en mitad del océano, el que fuera durante años el hotel más pequeño del mundo es un alojamiento de ensueño. Sus cuatro habitaciones se asoman al mar, con las olas salpicando los ventanales. El edificio data de 1830, era una antigua aduana, y las reliquias de naufragios y piezas navales lo convierten casi en un museo. Ha sido declarado Bien de Interés Cultural en la categoría de Sitio Etnológico.

Parador de El Hierro

Ha elegido un lugar remoto para asegurar la desconexión a quien se aloje, enclavado entre la montaña volcánica y el azul del océano. En la zona de Las Playas, una carretera termina en el parador, con 18 habitaciones y un buen restaurante con cocina atlántica.

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