Salvajes, volcánicas y desconocidas, las Azores se han convertido en uno de los destinos de moda. Su apuesta por la naturaleza y el turismo sostenible atrae a los viajeros que huyen del ruido y las masas. Bienvenidos a las islas más exóticas de Europa. Por Ixone Díaz Landaluce 

Una vuelta por las Azores

Sus coordenadas geográficas siempre se han encargado de escribir las páginas de su convulsa historia. Bajo las Azores, situadas a 1400 kilómetros de la Península Ibérica y a 2500 del continente americano, está la falla que separa las placas tectónicas de tres continentes. La misma que, a lo largo de los siglos, ha provocado las erupciones volcánicas y los terremotos que han marcado la vida de sus habitantes. Sin embargo, esa misma naturaleza volcánica y ese clima caprichoso, en el que el sol radiante y las tormentas pueden convivir en un mismo día y una sola isla, también hacen de las Azores las islas más exóticas de Europa.

El inventario de sus maravillas naturales es inagotable. volcanes inactivos, pero majestuosos, como el de la isla del Pico; cráteres convertidos en enormes lagos; piscinas naturales de aguas termales; playas de arena negra y acantilados dramáticos; montañas escarpadas verdes tecnicolor en las que las vacas pastan plácidamente… Y todo eso con la inmensidad del océano (y su incesable tráfico de cetáceos) siempre de fondo.

Un lugar por descubrir

Las Azores siempre han sido el secreto mejor guardado del Atlántico. Pero, en la era de las tendencias para todo, el archipiélago se ha convertido en uno de los destinos de moda. El propio The New York Times lo destacaba recientemente en su lista anual de lugares para descubrir en 2019. Entre otras cosas porque en los últimos años sus islas, y en particular San Miguel, han dado la bienvenida a nuevos hoteles y restaurantes que están atrayendo a más visitantes que nunca, tanto de un lado del Atlántico como del otro. Sin embargo, las islas portuguesas nunca han querido convertirse en las próximas Canarias o en el siguiente Hawái.

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Caldeira Velha, un paraíso termal situado en la ladera del volcán Água de Pau, en San Miguel

Por su parte, las Azores aspiran a ser una meca del turismo sostenible. De hecho, las islas han recibido varios premios internacionales por sus esfuerzos en ese sentido. Y eso se traduce en hoteles boutique con encanto, en lugar de grandes resorts de lujo, y en pequeños bistrós y restaurantes que aspiran a modernizar la tradición gastronómica de la región más remota de Europa.

El encanto de lo sencillo

Cuando en 1432 el explorador portugués Diogo de Silves descubrió las Azores, las islas permanecían inhabitadas, aunque, según algunas leyendas locales, Platón se refería al archipiélago cuando hablaba de la mitológica Atlántida. Bajo el protectorado portugués y gracias a un suelo rico en minerales, las islas consiguieron desarrollar una potente agricultura mientras resistían las erupciones volcánicas, los terremotos o el asedio de los piratas. La exportación de las naranjas que se cultivaban en la isla permitió construir las características mansiones coloniales que adornan sus pintorescas ciudades hasta que, en 1860, una terrible micosis terminó prácticamente con todas las cosechas.

Salir de excursión, bañarse en aguas termales o ver ballenas son los planes más buscados

Hoy en día, aunque el turismo es cada vez más importante, las Azores siguen llevando su propio ritmo. No existen proyectos faraónicos para explotar sus encantos ni se los espera. De hecho, ese es precisamente el espíritu de cualquier viaje a las Azores: los visitantes no llegan a las islas con una lista infinita de atracciones turísticas en la cabeza, sino con planes sencillos y pegados a la naturaleza como pasear, hacer excursiones, bañarse en aguas termales o ver ballenas.

Lagos y cráteres

Aunque el archipiélago está compuesto por nueve islas, la más grande y la más visitada de todas es San Miguel. Su capital, Ponta Delgada, tiene un casco antiguo empedrado en blanco y negro y su fortaleza data del año 1544. Pero, aparte de su riqueza histórica, San Miguel es famosa por albergar algunos de los paisajes más impresionantes del archipiélago. Desde la playa volcánica de Mosteiros o los acantilados de Ferraria hasta el jardín botánico de Terra Nostra, en cuyas aguas termales teñidas de amarillo (por su alta concentración en hierro) los visitantes pueden darse un chapuzón. El complejo fue construido en el siglo XVIII por Thomas Hickling, el cónsul estadounidense que utilizaba la mansión de la propiedad como residencia de verano. Pero, sin duda, el lugar más fotografiado (y fotogénico) de todos es la zona volcánica de Sete Cidades, donde dos enormes cráteres están ocupados por dos lagos: uno de aguas azules y el otro, de aguas verdes.

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Lago de Santiago, forma parte de la ruta de los lagos de Sete cidades y ocupa un cráter volcánico. A su lado, el Lago Azul y el Lago Verde forman uno de los lugares más icónicos del archipiélago portugués

La leyenda local cuenta que una laguna recoge las lágrimas de un pastor y la otra, las de la princesa de la que se enamoró y con la que compartió un amor prohibido. En el centro de la isla, la Lagoa do Fogo, otro lago contenido en un gigantesco cráter cuya última erupción ocurrió en 1563, ofrece un paisaje difícil de olvidar. Otro más.

Aunque actualmente no hay vuelos directos entre las islas y España, con TAP se puede hacer escala en Oporto o Lisboa antes de volar a San Miguel, Terceira, Pico o Faial. La aerolínea lusa también conecta las islas entre sí, aunque otra opción son los ferries, que sobre todo funcionan en verano. Lo que está claro es que no conviene posponer demasiado el viaje. Las Azores están de moda. Y eso solo puede significar que el desconocido jardín del Atlántico se convierta en un gran secreto a voces.

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