Trampa para conejos

Artículos de ocasión

Semanas atrás me interesó la intervención de la periodista Nuria Roca en su sección del programa El hormiguero. En apariencia, se trataba tan solo de un irónico repaso a algunos de los titulares que el programa de entretenimiento tan exitoso que presenta Pablo Motos había provocado a lo largo del año pasado. La broma consistía en que, a juzgar por esos titulares extraídos de publicaciones digitales y medios tradicionales, el programa parecía concitar constantes polémicas de alta gravedad, enfrentamientos de los invitados con el presentador y trifulcas agrias. El cariz de los titulares era este: el ‘zasca’ de no sé quién al presentador, la irritación del invitado por una pregunta, la grosería que hizo enfadar a un famoso, la tensa entrevista con otro. Para quienes conocen el programa resultaba poco menos que alucinante ver la tónica irreal de esos titulares. El sentido del repaso era evidente, el propio programa quería denunciar una especie de campaña en su contra. La crítica televisiva, como la de cualquier espectáculo, puede ser todo lo dura que se quiera si es razonada y elocuente. Pero aquí se trataba de otra cosa. Puede que tenga que ver con la envidia natural que despierta un programa de éxito, claro. Las dos cadenas privadas dominantes en España siguen una estrategia de retroalimentación de sus propios productos que las lleva a un cierto nivel de boicot a los demás y han terminado por teñir el negocio televisivo de corral privado donde siempre se da pienso a las mismas gallinas. Pero ese es otro asunto.

Más allá del injusto ataque a Pablo Motos, lo que escondían esos titulares que repasó Nuria Roca resultó ser la mejor radiografía de cómo funciona la prensa en su matriz digital. Se trata de generar lo que los anglosajones llaman los clickbait o ‘ciberanzuelos’, captar tráfico que pinche sobre titulares chocantes que prometen noticiones suculentos. La polémica, la invasión de privacidad, la promesa de lo zafio, la mala baba, la tentación de un desnudo filtrado, la curiosidad malsana, todas estas naturales inclinaciones del navegante son prendidas del anzuelo de este nuevo periodismo que, por desgracia, deja un retrato penoso del estado de la profesión. Porque el periodista no ha de fabricar noticias, algo que le lleva a la falsedad sin remedio. La política sensacionalista de los medios amaña la realidad con intrigas y ha enlodado la Red. El daño que provoca es altísimo, pues la estupidez nos ha llevado a medir la importancia de un medio por el número de pinchazos de clientes interesados en sus píldoras informativas. Todo el mundo sabe que tras ese dato en apariencia objetivo se esconden dos mentiras flagrantes: la primera es que esa curiosidad del consumidor responda a valores informativos; la segunda es que ese dato numérico de clics es fácilmente manipulable por mecanismos que generan tráfico inexistente pagado por empresas que se dedican al falseo y por estrategias de compra de clientela.

Durante años, en los medios se presumía de cumplir con un ritual estilístico que impedía por ejemplo titular con preguntas retóricas. ¿Qué tiene enfadado a Messi?, por ejemplo, era una forma de titular que se consideraba aprofesional y chabacana. Hoy en día se obliga a arrancar así cada pieza para la Red. La búsqueda de un lector que picotee desde el morbo no podrá ser vencida más que por la propia inteligencia del usuario. Eso es algo a lo que no podemos aspirar. Así que solo nos queda anhelar la dignidad de las empresas informativas, algo que por el momento se desbarranca cada día más sin que sus accionistas tengan nada que decir. Todo vale en el ganar dinero; en este caso, en el ganar usuarios de modo indecente. Los titulares que se repasaban en el programa mencionado conducían a informaciones falsas, polémicas ficticias y enfrentamientos que no habían sido tales. Nos llenamos la boca con bagatelas en torno al concepto de fake news, pero no caemos en la cuenta de que el formato es ya de por sí una mentira. Una vez más el medio es el mensaje, y lo grave es que el medio ha apostado por un mecanismo falso que de periodístico tiene tanto como una trampa para cazar conejos.