El enemigo invisible

Artículos de ocasión

Hace muchos años que se creó el concepto de amigo invisible. Supuestamente se refería a una fabulación de las mentes infantiles. El niño o la niña solitaria se inventaban un amiguito propio. Así los pequeños tenían alguien a quien confesarle sus secretos y sus penas, alguien con quien jugar sin que incorporara todas las deficiencias y molestias de un ser real. El amigo invisible fue trepando hasta la consideración de los adultos, que inventaron un modelo de regalo basado en ese concepto. Te lo hacía un amigo invisible en nombre del grupo o como una manera de mantener el anonimato entre la pandilla. Lo que nunca podíamos imaginar es que, en la escalada de infantilismo global, el amigo invisible se acabaría convirtiendo en un recurso para los adultos. Con la llegada de las redes sociales se puso en práctica esa amistad ficticia, incolora e indolora, que consiste en amigo a distancia. Se contabiliza de manera gráfica en las redes personales y supongo que supone una gran alegría para la gente saber que tiene 300 o 400 amigos virtuales. El problema, igual que les sucedía a los niños con amigos invisibles, es cuando precisas de la presencia real de ese amigo. Entonces descubres que no tienes nada. En la niñez, sencillamente era un salto más hacia la inteligencia y los propios límites. Cuando eso te sucede siendo adulto, supongo que todo es más traumático.

El experimento más singular sucedió hace un par de años. A una joven muy activa en las redes, seguida y con cientos de miles de amigos, la contactó una marca de ropa. Este parece ser el sueño de todas las personalidades relevantes en la Red, que te usen de percha las marcas más rutilantes. Es triste que nuestro sueño de adultos sea convertirnos en pancarta publicitaria, pero forma parte de un nuevo concepto de vida que hay que aceptar, como uno acepta los patinetes en mitad de la acera. Son la caca contemporánea, por llamarlo de algún modo. A esta joven exitosa y con tantos contactos la empresa le ofreció un juego. Le darían un dinero mensual como embajadora de la marca si lograba vender 20 camisetas en un mes. El personaje mediático lanzó el aviso entre sus cientos de miles de seguidores, les explicó el reto, pero solo consiguió vender seis camisetas. Comprobó en ese momento que había una distancia sideral entre seguidores y clientes, entre personas que curioseaban entre sus fotos y amigos de verdad. Este drama les sucede a diario a personas que confían demasiado en los contactos que han tejido en sus cuentas virtuales. Llega el momento de llenar un auditorio, vender un disco o lograr reunir una colecta y descubren, oh, sorpresa, que carecen de amigos.

Todas las personas que han sufrido un ataque viral en las redes han aprendido que también existe el enemigo invisible. Son furiosos indignados contra algo que has dicho o hecho y que te envían por el espacio virtual toda su bilis. En algunos casos, la animadversión llega al odio visceral o las amenazas. A las víctimas les entra un miedo tremendo y, en algunos casos, se toman esta ola por algo real y sufren pánico a salir a la calle. Cuando lo hacen, descubren para su pasmo que en realidad en la calle a nadie le importa un carajo la tan hinchada polémica. Hace unas semanas Twitter y Facebook hicieron público que habían suprimido más de 300 cuentas falsas asociadas al PP. Parece habitual que partidos y organizaciones sociales traten de influir en la opinión pública a través de perfiles inventados. Contratan, además, robots viralizadores que expanden una opinión de manera automática y logran hacer sentir la presión del odio sobre cualquier individuo al que consideran su rival. En casos más tontos la matraca se utiliza para perjudicar a figuras públicas y transmitirles una sensación de animadversión generalizada que ni es cierta ni se sostiene socialmente. Entre las cuentas desveladas como fraudulentas las hay del tipo: Josemari contra el mundo o Pepón, de profesión Español. Es un asco que esto lo hagan agrupaciones maduras de las que se espera decencia. Pero lo estúpido es que la sociedad se tome en serio estos linchamientos-basura. La única realidad es que la mente enferma de cierta gente ha creado el concepto surreal del enemigo invisible. Única receta: no se fíen de nadie que no enseñe la cara.