Son los críticos de arte más influyentes de Estados Unidos. Dos personas que, cuando entran a una galería, todo el mundo calla. Este matrimonio conoce mejor que nadie un mundo donde se mezclan el dinero, la superficialidad, el talento y los demonios interiores. Por Thomas Bärnthaler y Mareike Nieberding

Las escandalosas cifras del mundo del arte

Al entrar en la casa de Roberta Smith y Jerry Saltz, es imposible no quedarse de piedra. En las paredes de su residencia en el emblemático Village neoyorquino hay colgados cuadros de Banksy, Gerhard Richter y On Kawara. «Todos, copias», advierte Saltz. Sobre una mesa descansa un jarrón del artista británico Andrew Lord. La pieza, en este caso, no es una copia. Es más, las obras de Lord alcanzan cifras de cientos de miles de dólares en las subastas. Es evidente que nos adentramos en la casa de alguien que entiende de arte.

El verbo ‘entender’, sin embargo, se queda corto. Smith y Saltz, casados en 1992, son los críticos de arte más influyentes de Estados Unidos. Jefa de la crítica de arte del New York Times, Smith tiene 71 años y lleva metida en el mundillo desde los setenta y casi tres décadas criticando artistas y exposiciones para el gran referente del periodismo norteamericano. Saltz, por su parte, tiene 68 y fue artista, galerista y camionero antes de convertirse en crítico en los noventa. Columnista estrella de la New York Magazine desde 2006, ganó hace un año el Pulitzer de crítica. Son habituales en la Power100, lista de los más influyentes del arte de la revista Art Review.

banksy

‘Love is in the bin’, obra de Banksy que este destruyó tras venderla por un millón de libras. “Primera obra creada en una subasta”, se dijo

XLSemanal. Hace unos meses, Banksy hizo que una obra suya subastada en Sotheby’s por más de un millón de libras fuera reducida a tiras ante los asistentes. ¿Qué pensaron de aquella acción?

Jerry Saltz. Fue una broma, un divertimento de cinco minutos, sin significado artístico. Solo lo tenía para Banksy y la marca artística y comercial que es el propio Banksy. Y ¿por qué no? Yo me reí un poco por lo bajo.

Roberta Smith. La locura fue que el precio de la obra se duplicó tras la subasta. Ahora se le identificará por eso, es decir, por la nada.

J.S. Al dinero y al arte les encanta tener sexo en público.

XL. ¿Tanto dinero corrompe el arte?

J.S. Al arte le va bien así. En este mercado circula una cantidad obscena de dinero que va de un lado a otro en forma de porcentaje del porcentaje del porcentaje de galerías, artistas y coleccionistas. Mejor sería calmarnos todos un poco.

R.S. En el mundo del arte, todo ha girado siempre en torno al dinero. De lo que se trata es de que se filtre…

J.S. … y llegue a los artistas.

R.S. Y a los galeristas. La suya es una de las actividades más duras desde el punto de vista económico. Solo ser artista es más duro.

J.S. Sí, los galeristas invierten su dinero en su sentido del gusto. Es un riesgo enorme.

“En este mercado circula una cantidad obscena de dinero. Mejor sería calmarnos todos un poco”

XL. Se dice que el mundo artístico lleva sumido en una «crisis de contenidos» desde que los coleccionistas más adinerados no entienden nada de arte.

J.S. El mercado es un sistema que se autorreproduce. Cuando un recién llegado compra humo, todos los neófitos como él compran humo, hasta que uno dice ‘basta’ y encuentra un producto nuevo.

R.S. De todos modos, no creo que el mercado del arte sea la encarnación del mal. También hay músicos que se forran porque gustan a mucha gente. No a todo el mundo le va Prince. En el arte ocurre lo mismo: algunos artistas tienen más talento; otros, más olfato para los negocios… La diferencia es que al éxito de un Bob Dylan contribuyen millones de personas, mientras que en el arte el éxito se basa más en el gusto de un puñado de críticos, comisarios, coleccionistas y galeristas.

XL. Ustedes dos han consagrado sus vidas al arte. ¿Qué buscan en él?

R.S. Algo que me atrape, de lo que no pueda apartar la vista.

J.S. Yo veo en el arte el sistema operativo más antiguo del mundo. Un software que se inventó en las cavernas de la Edad de Piedra para traducir el mundo real en un mundo artístico. Es tan avanzado que te deja sin palabras, tan inconmensurable que ni siquiera nos hemos acercado a sus límites. Con el arte, el ser humano se aventura en un territorio nuevo. Implica la disposición a fracasar a lo grande, a dedicar toda tu vida a una tarea, hacer tu pequeña contribución tan bien como seas capaz. Todos eligen su propio estilo. Yo he decidido ser el ‘friqui’ del arte que soy. Pero a veces me pregunto si de verdad elegimos nosotros, si no será el arte un organismo que nos utiliza para seguir desarrollándose y evolucionando.

XL. Suelen ver unas 30 exposiciones a la semana. ¿El arte puede llegar a aburrir?

J.S. No, nunca.

R.S. Llevo 46 años haciendo este trabajo y, semana tras semana, descubro multitud de aspectos diferentes cuando voy a las galerías y contemplo un mundo que cambia constantemente. Incluso el peor arte cuenta algo sobre el momento en que vives.

XL. ¿Cómo es para ustedes entrar en una galería? ¿Perciben su poder?

J.S. Sí, la gente nos reconoce. Es divertido, pero vamos a trabajar. Voy para mirar y formarme una opinión. De Roberta, que es muy estricta, he aprendido cómo hay que hacerlo: no me hables, déjame mirar las obras, ellas me cuentan todo lo que debo saber. Aunque no sepas nada de mandalas tibetanos, sí sabes que son maravillosos.

R.S. En mi caso, los galeristas ya saben que lo mejor es dejarme tranquila. Quiero una situación casi clínica para sentir lo que el arte me provoca.

XL. ¿Los críticos tienen algún efecto sobre el arte que describen?

R.S. Jasper Jones estuvo muy acertado cuando dijo: «La crítica de una obra de arte es otra obra de arte». El arte está sometido a la presión de la crítica. Y eso empieza con la capacidad crítica del propio artista. Los artistas geniales son los más despiadados con su trabajo.

J.S. Y está pasando algo maravilloso: 50.000 años más tarde, por fin sale a escena el arte creado por mujeres y por personas que no tienen la piel blanca. Las mujeres ya pueden ser tan mediocres como los hombres y hacer carrera. Quiero poder decir del trabajo de una mujer que no es bueno sin que me llamen misógino y que nadie me vuelva a llamar homófobo por criticar a un artista gay.

R.S. La igualdad de oportunidades en el arte llevará a la igualdad de vulnerabilidades ante la crítica. Es un momento estupendo para ser crítico.

XL. ¿Qué tiene de difícil ser crítico?

R.S. Criticar es como si quisieras someterte a ti mismo a un interrogatorio. Tienes que adentrarte en ti mismo para descubrir lo que piensas de verdad. Eso implica desprenderse de las opiniones ajenas. En este sentido, el arte y la crítica son muy similares, pues ambos estimulan la creatividad y cumplen una función parecida: tanto la obra de arte como la crítica quieren ayudar a las personas a ver.

“Quiero poder decir que el trabajo de una mujer no es bueno sin que me llamen misógino; u homófobo si el artista es gay”

XL. ¿Cómo encontró usted su camino en el mundo del arte, señora Smith?

R.S. Mi madre me despertó el interés por el arte, esa fue la base. Más tarde, cuando me instalé en Nueva York, me sentí fascinada por el mundo artístico y por la ciudad. Nueva York me enseñó dónde estaba y qué quería llegar a ser. Después de escribir a la sección de Cartas al director de una revista, me animaron a que hiciera críticas de arte para ellos.

XL. ¿Y qué le debe usted a su esposa en cuanto a su forma de escribir, señor Saltz?

J.S. Todo. A los 30, yo era camionero. Era un artista fracasado. Me mantuve a flote durante una década con todo tipo de trabajos, con la esperanza de encontrar algún día una forma de entrar en el mundo del arte. Pero no tenía titulación, tampoco había escrito una sola palabra en mi vida. Empecé a escribir pasados los 40, después de conocernos. Llegué muy tarde a esto. Roberta me rescató.

R.S. Jerry está dejando fuera una buena parte de su historia: en aquella época había abierto una de las primeras galerías alternativas de la ciudad de Nueva York.

Smith y Saltz en su casa de Manhattan. Ella es crítica de arte de New York Times y él, columnista estrella de la New York Magazine

XL. ¿Por qué quiso ser crítico de arte, señor Saltz? ¿Por qué no comisario o galerista?

J.S. No lo sé.

R.S. ¿Puedo añadir algo? Siempre he visto a Jerry como alguien que estaba esperando a que se inventara Internet.

J.S. ¡Eso que dices es muy inteligente! Nunca lo habías dicho. ¡Sí, es verdad! Internet me ha salvado porque derribó de golpe la pirámide de la crítica, con los poderosos en su cúspide, hablándoles a las masas.

XL. Eso nos lo va a tener que explicar usted mejor.

J.S. Hace diez años escribí una crítica muy dura en Facebook sobre una exposición nueva de Marlene Dumas. La gente reaccionó al instante, de una forma muy directa, sin filtros, y la pirámide se convirtió en algo horizontal. Ya no había un tipo hablando a muchos, todos hablaban con todos. En ese momento supe que había un sitio para mí en Internet. Pero que conste que a los cínicos los bloqueo. A gente que me escribe para decirme que el arte solo va de dinero. Siempre pienso: no conocen el dolor que sufren las personas que hacen arte. Incluso un Teletubbie como Jeff Koons lo arriesga todo por su arte.

R.S. Y tienes que ser capaz de enjuiciar tu propia obra. Hace poco alguien me escribió. «Soy artista desde hace 49 años, todavía no he expuesto y usted es una estúpida». Si no has expuesto en 49 años, tienes que asumir la responsabilidad de que nadie reaccione a tu arte.

J.S. ¡Totalmente!

R.S. ¿Que un crítico ha planteado objeciones a tu arte? ¡Pues habla de ellas con tu obra! Mi crítica es una reacción a lo que se ve. Descubre a qué se debe mi reacción. Cambia algo para que no vuelva a ocurrir.

“Si quieres ser artista, haz de la envidia tu enemigo. La envidia solo sirve a los demás. Lo que te hará avanzar es cuestionarte a ti mismo”

XL. Su marido le ha enseñado alguna vez sus obras de cuando era artista?

R.S. Cuando conocí a Jerry, ya no era artista.

J.S. El artista que hay en mí llevaba tiempo muerto. Mi arte estaba metido en cajas. Nunca se me pasó por la cabeza echar un vistazo a lo que había ahí dentro. Todos los años le decía a Roberta: «¿Eso qué es? ¡Sácalo todo a la basura!». Pero las cajas pesaban demasiado. Hace un par de años me llamó una exnovia de cuando era joven y me dijo: «Estoy haciendo limpieza y he encontrado unas cosas tuyas». Fui a su casa para recoger mis dibujos. Cuando los vi, pensé que estaban muy bien, que eran muy buenos. Cuando llegué a casa, saqué otras obras mías, las extendí y pensé: «¡Oye, a lo mejor hasta eras un buen artista!». Luego le pedí a Roberta que les echara un vistazo. Estaba que no cabía en mí de orgullo. Al principio, no dijo nada; luego, al cabo de lo que a mí me pareció una eternidad, dijo: «Los cuadros son… bueno, están bien».

R.S. No eran originales. Pensé: menos mal que ya no es artista.

J.S. [Como arrebatado por el dolor]. ¡No, no digas eso!

R.S. Artista y crítico no hacen buena pareja, lo sé, ya estuve antes con otro artista. Al trabajo de Jerry le faltaba fuerza. Y no tenía una conexión con los materiales. No pensé nada especial cuando le dije lo que opinaba, fue como al hacer una crítica.

J.S. Como si estuvieras en tu escritorio.

NEW YORK, NY - SEPTEMBER 10: Roberta Smith and Jerry Saltz attend the Glenn O'Brien Memorial Celebration at SVA Theatre on September 10, 2017 in New York City. (Photo by Patrick McMullan/Patrick McMullan via Getty Images)

Smith y Saltz se casaron en 1991 y trabajan en habitaciones separadas en su casa de Greenwich Village de Manhattan

XL. Y fue entonces cuando usted, señor Saltz, escribió su texto premiado con el Pulitzer sobre lo importante que es para su faceta de crítico su experiencia de artista sin éxito.

R.S. Hasta ese momento no me había dado cuenta de lo doloroso que había sido para él renunciar al arte.

J.S. Recuerdo que te dije: «No, no solo están bien, ¡son buenos!». Salió a la luz el artista decepcionado que hay en mí. De repente estaba de vuelta en el otro lado. Pero enseguida mi yo crítico de arte despertó de ese breve delirio febril de vivir en un loft de artista, escuchar música a todo volumen, hacer arte malo e ir a Venecia invitado por la Bienal.

R.S. Estás siendo cínico…

J.S. Cierto. En fin, volví a ser crítico de arte y empecé a entender lo que Roberta me decía. No estaba siendo mala conmigo, era sincera. ¡Comprenderlo fue liberador!

R.S. La sinceridad puede hacer daño. También podría haberle dicho: «Son geniales, cariño».

J.S. Sí, eso, ¿por qué no lo dijiste?

R.S. Porque la verdad siempre acaba saliendo. Ese tipo de juicios son intuitivos, no los tienes bajo control.

XL. ¿Qué han aprendido de sí mismos en estos 26 años de matrimonio?

R.S. Lo bonito del matrimonio es ver y ser visto. Siempre hay alguien que te da feedback, ya sea positivo o negativo. Te ves a ti mismo en el otro, tu personalidad, tus problemas. Y Jerry tiene esa energía increíble de la que yo me alimento.

J.S. Te quiero.

R.S. Ese optimismo inquebrantable, que yo también tengo muy profundo en mí pero que pocas veces saco… Con él he sido cada día más feliz. Los 25 años de psicoterapia también han ayudado, claro.

“El arte y la crítica son similares. Estimulan la creatividad y cumplen una función parecida. quieren ayudar a las personas a ver”

XL. ¿Qué consejo les dan a los jóvenes artistas?

R.S. Tienes que descubrir si de verdad quieres ser artista y estar dispuesto a pasar por un infierno para conseguirlo. No hay garantías de éxito. Busca la compañía de gente que piense como tú, ponte a ti mismo y a tu trabajo bajo su lupa, sométete a su presión. Elimina de tu trabajo las huellas de los demás con toda la brutalidad de la que seas capaz. Solo de esa manera puede surgir el potencial de la originalidad. La originalidad está presente en todos los grandes, puede ser algo pequeño y personal o pasar a la historia. Da igual cómo; tu trabajo tiene que ser coherente y serlo de una forma que resulte convincente. Para ello tienes que trabajar duro y con una enorme determinación. No puedes darte por satisfecho demasiado rápido. Quizá no seas pintor, quizá lo que eres, en realidad, es un artista conceptual. El norteamericano Donald Judd, un precursor del minimalismo, intentó ser pintor durante 10 años, hizo de todo antes de acabar llegando a los objetos de metal y de madera puestos de pie sobre el suelo.

J.S. Trabaja, trabaja, trabaja. Sal toda la noche con otros artistas. Sois vampiros, tenéis que rodearos de otros vampiros. Solos no podéis sobrevivir si no empezáis a comer ratas o a devoraros a vosotros mismos. Crees que sabes más que los demás. ¿Estás seguro? Lo más probable es que seas pobre la mayor parte de tu vida, pero nunca te parecerá aburrido. Haz de la envidia tu enemigo. La envidia solo les sirve a los demás.

R.S. Pero sin espíritu competitivo. Sin dudas tampoco se puede, es la única manera de aprender a situarte.

J.S. Vale, pero la envidia es pasiva, cuestionarte a ti mismo sí que te hará avanzar. Si los demonios te hablan a las tres de la madrugada y te menosprecian, hace falta testarudez y firmeza para responderles. «Soy un maldito genio».

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