Las mochilas amarillas de la empresa de este barcelonés están por todas partes. O, mejor dicho, sus repartidores, epicentro de una batalla en la que se juega el futuro del mercado laboral. Su modelo está cuestionado por sindicatos, la Seguridad Social y algunos jueces. Le preguntamos a Oscar Pierre, su fundador, por todo ello. Por Fernando Goitia / Fotografía: Carlos Carrión

Vive en el ojo del huracán desde los 22 años. Oscar Pierre creó a esa edad una empresa convertida un lustro más tarde en epicentro de la polémica sobre el futuro de las relaciones laborales en la era digital. Glovo es parte del paisaje en más de 200 ciudades en 26 países y su crecimiento amenaza a gigantes como Deliveroo o Uber Eats. El modo en que se relaciona con sus glovers (‘repartidores’), sin embargo, es cuestionado por Seguridad Social, sindicatos y glovers que han llevado a la start-up barcelonesa ante los tribunales, denunciando que su régimen laboral constituye una relación de ‘falso autónomo’. La compañía se defiende, y demanda una regulación para plataformas digitales como la suya, mientras la Justicia emite sentencias –nueve a favor y otras nueve en contra– que auguran una larga batalla judicial. Glovo, en todo caso, sigue su camino, creciendo a ritmo de tres pedidos por segundo, con más de 7 millones de usuarios, 36.000 repartidores (en España 7500) y más de 20.000 comercios asociados. En una acristalada sala de su sede, una colmena multicultural de grandes espacios con predominio del inglés y ambiente a lo Silicon Valley, Pierre habla con XLSemanal sobre las polémicas asociadas al proyecto de su vida.

XLSemanal. Su empresa va como un tiro, pero ¿qué parte del presupuesto se va en abogados?

Oscar Pierre. Más de lo que quisiéramos, aunque hemos gastado mucho en asesoría legal desde antes de que empezara todo este ruido. Siempre fuimos conscientes de estar haciendo algo muy disruptivo al permitir que el trabajo de los repartidores fuera flexible.

XL. ¿Quiere decir que ya sabían que tendrían problemas?

O.P. Tampoco preveíamos todo esto. Lo que piensas, más bien, es que tienes una idea muy buena: pedir productos con tu móvil y que te los entreguen sin pagar mucho más, ayudar a comercios a generar nuevos ingresos y permitir a mucha gente tener un trabajo flexible. Pero nunca sabes qué problemas puede haber.

XL. La cuestión de fondo es que ganan dinero gracias a miles de repartidores que trabajan en condiciones precarias mientras ustedes eluden pagar su Seguridad Social, sus indemnizaciones…

O.P. Esas acusaciones me parecen estúpidas. Nosotros queremos incrementar los beneficios y las coberturas de los repartidores. Y estamos dispuestos a cubrirlas, como se hace, por ejemplo, en Francia, donde la figura del autónomo es flexible, con perfiles intermedios con más derechos sociales. España podría adoptar ese modelo y proteger a los trabajadores, pero sin perder la flexibilidad, que es nuestro valor.

XL. ¿Por qué eluden la relación laboral con los repartidores?

O.P. Porque excluiríamos a toda la gente que busca flexibilidad en plataformas como la nuestra. El 60 por ciento de nuestros glovers son personas con trabajo que quieren ganar un extra o estudiantes que quieren trabajar cuando les dé la gana; gente que hace menos de 30 horas por semana. Un estudiante se conecta un domingo cinco horas, desaparece dos semanas; de pronto, hace siete días a tope para pagarse lo que sea… ¿Habría que hacerle un contrato? La mayoría de los riders siguen patrones semejantes.

XL. Pero el otro 40 por ciento no. ¿Estarían dispuestos a contratarlos?

O.P. Las personas que usan estas plataformas como empleo estable y reparten a tiempo completo sí deberían tener algo diferenciado en cuanto a beneficios y coberturas. Y en eso coincidimos con los sindicatos. Ya sea con contrato laboral o como sea.

CEO de Glovo: "No ofrecemos el trabajo ideal" 1

“Glovo ha estado dos veces a punto de quedarse sin fondos. Los inversores de te decían: ¿Cómo vas a competir con Deliveroo o Uber, que tienen millones?’. Los primeros tres años, casi sin capital, competimos con ellos hasta ser líderes de España o Italia. Cerramos después un acuerdo con McDonald’s y ya estamos en 26 países, el último Kazajistán, con Lima como la ciudad donde más pedidos hacemos”

XL. La edad media de los repartidores, aseguran ustedes, es 32 años, pero yo he visto gente de casi 60 con la mochila amarilla…

O.P. Sí, y esa es gente que gracias a nosotros tiene un trabajo. Hace poco nos reunimos con la ministra de Trabajo y le recordé que en España la tasa de paro ronda el 14 por ciento y que nosotros proporcionamos una alternativa a mucha gente. Mira, uno de cada cinco repartidores nuestros estaba sin trabajo; otro tanto tiene otro empleo; y el 30 por ciento son inmigrantes que con Glovo empiezan a ganar dinero. ¡También somos una solución! Lo que queremos es hablar, porque ahora parece como un tabú.

XL. Pero si dice que acaban de reunirse con Magdalena Valerio…

O.P. Sí, pero nos dijo que la regulación ya es suficientemente flexible. Y no es así, esto es un nuevo grado en que la persona decide cada día cuántas horas trabaja y si lo hace con nosotros, Uber Eats, Deliveroo, Stuart… o con varias a la vez. Si el problema son los derechos sociales, que han costado generaciones conseguir, busquemos maneras de mantenerlos, pero incorporemos la flexibilidad, que es algo que pide cada vez más gente.

“Explotación es tener trabajadores mal remunerados a quienes obligues a hacer cosas que no quieren. Nosotros hacemos todo lo contrario. No damos órdenes”

XL. No es por nada, pero esta ministra es la misma que ha puesto en marcha un plan contra la explotación laboral que los ha colocado en el punto de mira…

O.P. Sí, es verdad, y es lamentable. Explotación es tener trabajadores mal remunerados a quienes obligues a hacer cosas que no quieren, que es todo lo contrario de lo que hacemos. Nosotros no damos órdenes a los glovers. Ellos entran en la app y deciden, pedido a pedido. No somos una empresa de mensajería, somos una plataforma que pone en contacto a comercios con clientes y con repartidores.

XL. Pero sus beneficios dependen de su trabajo, aunque no les den órdenes…

O.P. A ver, no nos engañemos, tampoco ofrecemos el trabajo ideal. Nadie quiere ser glover toda la vida, pero si trabajas a una buena media puedes ganar por encima del salario mínimo, aunque nuestro objetivo es que lleguen a un 30 por ciento más que el salario mínimo.

XL. Según una encuesta, sus ingresos más habituales van de los 750 a los 1000 euros…

O.P. Depende de lo que repartas, claro. Por eso trabajamos en mejorar la eficiencia del algoritmo para que hagan más pedidos por hora y ganen más con cada uno. Queremos que el mensajero tenga un ingreso aceptable, que el comercio también haga dinero –hoy ayudamos a generar más de 33 millones a las pymes asociadas a la plataforma– y que el usuario esté satisfecho.

XL. Y ustedes también, claro…

O.P. Desde luego. Es nuestro negocio. Pero es un modelo con márgenes de beneficio muy pequeños y solo con una gran inversión en tecnología puedes obtener rentabilidad.

XL. Prefiere hablar más de ingenieros y menos de glovers

O.P. Bueno, son tan importantes como ellos. Ya somos 110 y queremos llegar a 300 en un año.

XL. ¿Por el algoritmo?

O.P. Es lo principal. Los glovers hoy emplean 27 minutos de media y ganan unos 8 euros, pero queremos que ganen más y que no pasen, como ahora, un tercio del tiempo esperando en restaurantes. Y eso depende de la tecnología. La clave de nuestra empresa es conseguir que sea cada día más eficiente.

XL. Y cuando lleguen a 300 ingenieros, ¿necesitarán más?

O.P. Seguro, porque si miras a Google o Amazon ves que llevan trabajando con el mismo algoritmo 20 años y tienen miles de ingenieros desarrollando eso.

XL. Volviendo a los glovers, ¿cree posible que un gobierno en España cambie el marco laboral a su gusto?

O.P. Pues no sé, pero el Gobierno sabe que esto es el futuro y que eso es incontestable, porque va al G-20 y allí habla con otros ejecutivos sobre el tema y saben que en diez años habrá plataformas para todos los gustos en cada ciudad. Esto es un motor económico y se tiene que regular. El tema es que, si al final se cargan a la empresa española que intenta asentarse o la hunden, todo el pastel estará en manos de la multinacional americana de turno y pagando impuestos en Irlanda, claro.

XL. España, cuna de la empresa, ¿es donde más problemas tienen?

O.P. De largo. También es donde tenemos más impacto, porque empezamos aquí y estamos asentados, pero de 26 países es el único donde andamos en tribunales.

XL. Y multas, y sanciones…

O.P. Sí, todas recurridas.

“Cuando empezamos, repartíamos mi hermano y yo. Luego fuimos formando una pequeña flota de repartidores, pero muchas veces no querían coger los pedidos y debías salir tú. Yo he repartido mucho”

XL. ¿Cómo se crea un ejército mundial de 36.000 repartidores?

O.P. Cuando empezamos, repartíamos mi hermano y yo. Entraba un pedido y salíamos. El primer año tenías dos pedidos al día, o ninguno, y de pronto diez, así que fuimos formando una pequeña flota para cubrir esos picos inesperados. El problema es que, muchas veces, los mensajeros no querían coger los pedidos y debías salir tú. Yo he repartido mucho.

XL. Hoy, para ser glover, te das de alta como autónomo, pagas 60 euros el primer año, algo más el segundo, y cuando la cuota es fija, de 280 euros, muchos lo dejan. Pero a la empresa le da igual porque vienen más y no paga indemnizaciones ni finiquitos. ¿No es eso aprovecharse del sistema?

O.P. Sí, de acuerdo, ese es el modelo, pero es que el problema es el propio sistema, donde la cuota no depende de tus ingresos. Es único en Europa y no tiene sentido.

XL. Lo que digo es que sin esa ventaja inicial tendrían problemas para conseguir repartidores…

O.P. Sí, es cierto que esa cuota fija de 280 euros dificulta que el precio por hora sea competitivo para los glovers, pero, como te digo, es algo que se debería cambiar.

XL. Los sindicatos consideran que sus condiciones infringen la normativa de prevención de riesgos laborales, que ocupan a miles de trabajadores sin comunicar su alta…

O.P. Lo que no dicen es que la llegada de las plataformas es una faena para los sindicatos porque son trabajadores independientes y eso les quita negocio a ellos. Quieren laboralizar a todo el mundo para mantener su modelo de negocio porque viven de eso.

XL. Hacienda y la Seguridad Social, en todo caso, les reclaman que paguen por cada repartidor…

O.P. A ver, nuestro modelo es legal. Verificamos que todos los glovers paguen su cuota de autónomos y pagamos todos los impuestos que nos corresponden en España. Además de promover talento.

XL. Muchos glovers se agrupan en asociaciones críticas como Riders X Derechos. ¿Hablan con ellos?

O.P. Nosotros escuchamos a los glovers con encuestas semanales y la flexibilidad siempre sale como punto positivo. Cuanta más, mejor. Lo más criticado, por otra parte, es que pierden mucho tiempo porque la comida tarda en salir, pero desde la flota no nos llega que quieran contratos laborales.

XL. La gran innovación laboral de las tecnológicas parece haber sido normalizar la precarización…

O.P. Bueno, se puede hacer mejor o peor, pero la gran innovación del trabajo en plataformas es el trabajo flexible, que es una demanda cada vez más global. Es imparable y lo estamos haciendo bien éticamente.

XL. Hay glovers que dicen que si no trabajan en exclusiva para ustedes se los penaliza…

O.P. Para nada. No exigimos exclusividad… Es más, pese al consejo en contra de nuestros abogados, por ser un miniindicio de laboralidad, les pagamos un seguro para accidentes y daños a terceros y en los materiales transportados.

CEO de Glovo: "No ofrecemos el trabajo ideal" 2

Ingeniero aeronáutico de 27 años, Pierre fundó Glovo en 2014. “Quería crear un producto que mejorase el día a día de la gente y con un componente tecnológico”. Bajo esa premisa decidió “digitalizar esa expresión tan española: los recados”. Hoy, su empresa goza de una valoración de entre 500 y 800 millones de euros

XL. ¿Niega que se los penalizase por tardar con un pedido?

O.P. No imponemos condiciones. Incluso si están en plena entrega y se van a casa, pueden hacerlo. No damos órdenes, pero tampoco admitimos ciertos comportamientos con clientes o comercios. Siempre hemos invertido en abogados para cumplir la ley. Desde el principio. Por eso hemos ganado tantos casos.

“Si tuviéramos que contratar a los ‘glovers’ muchos no querrían trabajar con nosotros al perder la flexibilidad. Y habría que trasladar costes a comercios y usuarios, pero seguiríamos”

XL. Tantos como perdidos…

O.P. Porque hay una zona gris por aclarar. Pero estaremos encantados de cubrir más gastos de glovers.

XL. Si tuvieran que pagarles un sueldo, ¿la empresa sería viable?

O.P. Nos adaptaríamos, pero muchos dejarían de estar interesados al perder la flexibilidad.

XL. ¿Y seguirían siendo rentables?

O.P. Bueno, todavía no lo somos, salvo en algunos países…, pero sí, trasladaríamos costes a comercios y usuarios y seguiríamos. Lo bueno es que hemos crecido mucho, ya que con este modelo necesitas ser muy grande para tner beneficios.

XL. ¿Qué piden para repartir?

O.P. Autónomos, vehículo y móvil.

XL. Y tu jefe es una aplicación…

O.P. Bueno, la sensación es, más bien, de que no tienes jefe.

XL. ¿No es el capitalismo cada vez más impersonal?

O.P. Puede ser, pero las nuevas generaciones, lo ves aquí, se cansan rápido del trabajo rutinario y buscan cambios a velocidad bestial. No sé si bueno o malo, pero es así.

XL. Hablando de juventud. ¿Cómo lo miran inversores y políticos?

O.P. La verdad es que la ministra de Trabajo me hablaba un poco raro en la reunión [se ríe]. Y al final me preguntó la edad. Les choca.

XL. Esta frase es suya: «Dejé Twitter por prescripción del departamento de comunicación».

O.P. [Se ríe]. Sí, sí, pero he vuelto.

XL. ¿Bloquea a mucha gente?

O.P. Bueno [ríe], digamos que ahora está todo mucho más tranquilo.

XL. ¿Solo piensa en su empresa?

O.P. Es verdad que no desconecto, pasé tres años sin vacaciones hasta este verano. Es que este es mi hobby, mi pasión, aunque procuro hacer cosas distintas los fines de semana.

XL. ¿Por ejemplo?

O.P. Montar en bici [se ríe].

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