Temporales, sequía, inundaciones… La amenaza del cambio climático se ha hecho realidad, y no es más que un adelanto de lo que nos espera. Si no modificamos nuestro comportamiento hacia el entorno, los científicos anuncian un futuro letal

No se trata se trata de catástrofes aisladas, nos encontramos ante una muestra del definitivo cambio climático que, en el próximo siglo, modificará la faz de la Tierra con una serie de reacciones en cadena.

El Grupo Intergubernamental sobre el Cambio Climático (IPCC), organismo oficial que agrupa a cerca de 2.000 expertos, admitió hace ya tiempo, sin ningún género de dudas, que las alteraciones climáticas se deben al aumento de la concentración en la atmósfera de dióxido de carbono (CO2) proveniente del uso excesivo de combustibles fósiles -gas, petróleo o carbón-, así como a la utilización de productos químicos, conocidos como clorofluorocarburos (CFC), que dañan la capa de ozono responsable de absorber la radiación ultravioleta del sol. Todo ello, como ya predijo en 1896 el químico sueco Svante Arrhenius, provoca un incremento del efecto invernadero -fenómeno natural que mantiene la temperatura en el planeta-, con el consiguiente recalentamiento global del planeta, el derretimiento de los hielos polares y el aumento del nivel de los océanos, con todo lo que ello implica: incremento del vapor de agua y por tanto fuertes aguaceros e inundaciones; desaparición de costas e islas, desplazamiento de pueblos enteros y extinción de numerosas especies.

Voz de alarma

Las declaraciones del presidente estadounidense Bill Clinton en Port Douglas Park (Australia), el 22 de noviembre de 1996, fueron tajantes al respecto: «Si no trabajamos para reducir las dañinas emisiones de gases de efecto invernadero que provienen de automóviles, plantas de energía eléctrica, bosques quemados, etc., y que están calentando nuestro planeta, a fines del próximo siglo tendremos un aumento de tres grados centígrados en las temperaturas. El nivel del mar será entre 15 y 90 centímetros más alto que el actual y amenazará en 2100 a 92 millones de personas. Las lluvias habrán disminuido en las regiones tropicales y subtropicales y se incrementarán en las septentrionales, lo que en general reducirá los cultivos de alimentos en países en desarrollo. Mientras que la mortalidad aumentará a medida que se acentúan la intensidad y duración de las olas de calor, y los mosquitos que extienden la malaria y el dengue emigran hacia el norte».

Durante cien años los científicos consideraron muy controvertida la hipótesis de que el ser humano pudiera aumentar con su actividad la temperatura del planeta, pero hoy ya se sabe que es un hecho; es más.

Por el momento, la evidencia de la alteración climática es impactante. En los últimos cien años la Tierra ha registrado un aumento de temperatura de entre 0,4 y 0,8° C. Tras más de 30 años bajo el efecto del recalentamiento, el banco de hielo en los polos pierde 37.000 km2 por año. Las temperaturas alrededor de la Antártida han aumentado cinco veces más que el promedio global en los últimos 50 años. El fenómeno también se ha registrado en el Ártico.

Por otro lado, al calentarse la atmósfera aumenta la temperatura en la superficie del mar y se incrementa la intensidad de las tormentas, huracanes, tifones, ciclones tropicales, etc. De ahí que, en los últimos años, Centroamérica haya sido azotada por fuertes fenómenos climáticos con un alto coste en vidas y daños materiales.

En el otro lado del termómetro, a medida que la temperatura aumenta, las sequías y olas de calor son cada vez más comunes en todo el planeta. Los incendios forestales causaron también estragos en la Europa mediterránea el pasado verano. Sólo en Grecia se registraron más de 150 siniestros. Y la situación puede empeorar el próximo periodo estival. Asimismo, cuando Asia fue afectada por el fenómeno climático de El Niño, en 1998, sufrió la peor sequía en medio siglo con los cultivos de arroz en ruina y numerosos incendios forestales. El calentamiento del clima tiene además resultados imprevisibles, tanto en la Gran Barrera de Coral australiana, que morirá a causa de las temperaturas superiores a 29° C, como en los Alpes compartidos por Austria, Francia, Italia, Suiza, Eslovenia y Liechtenstein. Según Erwin Mayer, climatólogo de Greenpeace, se ha registrado en ellos un aumento de la temperatura de 1,8° C en los últimos 100 años, lo que provoca que se produzcan numerosos aludes y avalanchas en alturas superiores a los 1.500 metros.

La meteorología sólo estudia las fluctuaciones rápidas de la atmósfera, pero las predicciones a largo plazo tienen en cuenta tendencias y fenómenos muy lentos y hoy, gracias a los programas informáticos y las exploraciones por satélite, resulta más fácil prever el clima de 2050 o 2100, que el tiempo que hará la próxima semana.

Lo que nos espera

Una decena de modelos climáticos realizados por equipos franceses y británicos del instituto Pierre-Simon de Laplace han llegado a la conclusión de que el tipo de tormentas e inundaciones que afectaron a varias zonas de las islas Británicas el pasado octubre serán más frecuentes en el futuro y que, de no tomar medidas inmediatas, las inundaciones y el desbordamiento de los ríos causarán en este país pérdidas multimillonarias. El incremento de temperatura en las capas superiores del mar producirá, en el golfo de México y la bahía de Bengala, huracanes un 60 por ciento más fuertes que los actuales. En general las zonas septentrionales de Europa serán afectadas por graves tornados e inundaciones, aunque disfrutarán de temperaturas invernales más moderadas y veranos más cálidos; mientras que el sur, y sobre todo la cuenca mediterránea, sufrirá estaciones estivales demasiado calurosas para que los turistas acudan a ellas. España, Italia y Grecia padecerán un proceso salvaje de desertificación.

 En 2100 habremos extinguido la mitad de las especies del planeta

Al mismo tiempo, y coincidiendo con las profecías de Nostradamus, el nivel del mar aumentará de aquí a 2050 unos 30 centímetros, lo cual hará desaparecer los diques holandeses. Y, en lugares como Bangladesh, los 25 millones de personas que viven a menos de medio metro sobre el nivel del mar, tendrán que desplazarse hacia las ciudades del interior. Peor será la situación de India que, con el deshielo del Himalaya y el recalentamiento, conocerá en las próximas décadas inundaciones catastróficas que anegarán la mitad de sus tierras. El ascenso del mar tendrá repercusiones imprevisibles en la desaparición de especies de aves zancudas que encuentran su alimento en las franjas costeras, que desaparecerán. Aunque en general, las especies amenazadas son cada vez más numerosas, unas porque son frágiles, como las mariposas o las ranas, y otras, como el cocodrilo, las morsas, el salmón del Atlántico o el tigre asiático, porque su hábitat está a punto de desaparecer. En 2100 habremos extinguido la mitad de las especies del planeta.

Y lo peor, dentro de 25 años la Tierra tendrá 10.000 millones de pobladores y de ellos sólo 3.000 millones dispondrán de 1.700 metros cúbicos de agua por año. Los puntos más calientes del planeta -Siria, Irak, Turquía, Egipto, Sudán, Etiopía, India, Israel- serán los más afectados por la escasez de agua.

En definitiva, la superficie de la Tierra podría llegar a un nivel de temperatura no experimentado en los últimos 9.000 años. Es de esperar que en 2008 entre en vigor el protocolo de Kioto, que marca la reducción de la emisión de contaminantes de efecto invernadero. Y que, alrededor de 2050, el agujero de ozono responda a las decisiones medioambientales y se regenere completamente. Pero también puede ocurrir que no se cumplan estas expectativas. Pero a medida que se acumulan pruebas para demostrar que el hombre perturba el clima, los economistas ponen objeciones para detener la emisión de gases contaminantes.

Medidas por tomar

En ese caso, tal vez, como dice Pascale Delecluse, «la primera medida que tengamos que tomar ha de ser individual y pedagógica. El cambio climático no es cuestión únicamente de multinacionales que contaminan. Es la calefacción, el transporte, cosas que conciernen a cada uno de nosotros. El clima no está a merced de la fatalidad, la humanidad tiene el poder de actuar o bien o mal. Y ello nos da una responsabilidad nueva. No se trata de realizar profecías apocalípticas, sino de enfrentar una realidad que cambia». Así que, como se viene diciendo desde hace tiempo, deberíamos pensar globalmente y actuar localmente. Hay cosas que todos podemos hacer, como ahorrar agua y energía, usar transportes públicos, papel reciclado, etc. Sólo la utilización razonable de energías limpias, la reducción de residuos, el urbanismo responsable y el control sobre el tráfico contaminante, preservarán el planeta tal y como lo conocemos.

Año 2050: Los científicos pronostican cambios  radicales en la vida y el paisaje terrestre

EUROPA

Según análisis realizados por un equipo de científicos europeos de la Universidad de Anglia (Gran Bretaña), el calentamiento global producirá drásticos cambios en el clima durante el próximo siglo. Las regiones situadas al norte se volverán húmedas y cálidas, y las del sur resultarán secas y tórridas. El nivel del mar ascenderá y se multiplicarán los tornados.

EL MUNDO

Syukuro Manabe,  del Laboratorio de Dinámica de Fluidos Geofísicos en Princeton, especialista mundial en modelos de efecto invernadero, viene ensayando desde los años  60 pronósticos climáticos sobre lo que ocurriría en caso de una duplicación en el nivel de anhídrido carbónico, algo que probablemente ocurrirá hacia mediados del siglo XXI si no se toman medidas para impedirlo.

El aumento de la temperatura afectará sobre todo a las latitudes altas. Los climas tropicales aumentarán dos grados. India, Europa Occidental y norte de Estados Unidos lo harán unos cinco.  Y en el hemisferio norte, lugares como Estocolmo o Alaska sufrirán  un aumento de diez  grados en su temperatura.

Sobre el océano Glacial Ártico, los inviernos serán mucho más suaves, y en cambio, los veranos sólo serán un poco más cálidos. El ciclo del agua se volverá hiperactivo. Si anualmente moviliza unos 500.000 km3 de agua,  con el calentamiento caerán unos 25.000 km3 de agua extra al año. Pero muy irregularmente repartidos: algunas zonas se anegarán  y otras se secarán. Se reducirán los casquetes de mar helado en ambos polos, con mucha rapidez en el Norte y con bastante más lentitud en el Sur.

En los continentes, la nieve se fundirá mucho antes durante el transcurso del año. El Ártico recibirá un 30 por ciento más de agua de las cuencas fluviales de Siberia y el Canadá. No se sabe qué consecuencias tendrá este enorme cambio. Los veranos se volverán más secos en muchas zonas del mundo. El nivel de muchos ríos descenderá a la mitad en verano.

España

La zona sur y central se convertirá casi en un desierto. El cultivo de frutos y vegetales será inviable.

Reino Unido

Temperaturas moderadas. Inviernos con súbitos aguaceros que provocarán grandes inundaciones. Veranos calurosos con sequías cada tres años.

Región nórdica

Los inviernos serán más suaves. La tundra se verá cubierta con el crecimiento rápido de abedules y pinos.

Alpes

Los glaciares se fundirán, causando grandes colapsos en las cumbres. Será el final del esquí en las altitudes más bajas.

Mediterráneo

El nivel del mar ascenderá medio metro, borrando las tierras húmedas y matando numerosas especies marinas.

Francia

Numerosas centrales eléctricas dejarán de funcionar en el seco periodo estival debido a la escasez de agua.

Italia

Padecerá frecuentes inundaciones en el norte y una gran desertización en el sur.

Grecia

Los veranos se volverán extremadamente calurosos y reducirán el turismo. Habrá una gran escasez de agua. El planeta podría alcanzar pronto una temperatura desconocida en los últimos 9.000 años.


SEQUÍA

Las olas de calor son cada vez más frecuentes en todo el planeta y los científicos preveen procesos de desertificación salvaje en los países situados en los puntos más calientes, África y toda la cuenca del Mediterráneo.

INUNDACIONES

El calentamiento de la superficie marina ha incrementado dramáticamente la intensidad de las tormentas en todo el mundo.