Cuando tenía seis años, un concurso de televisión tuvo que pedirle a Viswanathan Anand que dejara de ganar. Le darían todos los libros del premio que quisiera, pero debía dar oportunidades a los demás. Por J. Díez

Ningún éxito era suficiente para Vishy, el Rápido de Madrás. En 2007 se proclamó el primer asiático de la historia campeón del mundo de ajedrez, el único no exsoviético desde Bobby Fischer que lo ha conseguido.  Ni los éxitos ni su inteligencia incuestionable -que, por ejemplo, le permitió acabar la carrera de Comercio en un solo año- le han hecho perder el rumbo. Anand ni siquiera ha perdido su bonhomía cuando los rivales han echado mano de algún recurso poco deportivo, cosa frecuente en el ajedrez. Según ha explicado, sufrió en su juventud los portazos con los que Gari Kaspárov aterrorizaba a sus rivales después de hacer un movimiento, y nada puede sorprenderlo desde entonces. Asegura que él no emplea ninguna de esas estrategias, pero tiene un secreto en el manejo psicológico de las partidas: escucha atentamente la respiración del rival y, a partir de ahí, es capaz de interpretar cuál es su estado de ánimo.

Escucha la respiración del rival para interpretar su estado de ánimo

Fan de la saga de El señor de los anillos y del cómico Sacha Baron Cohen, hace a diario dos horas de gimnasio y natación, si bien como espectador prefiere el tenis y el fútbol. Le gusta el juego de la selección española: el toque sereno, la posesión del balón y el ataque letal son sin duda cualidades que podrían trasladarse a su propio estilo. En la India, lo tientan para que salte a la política. Está aún lejos del activismo de Kaspárov, pero no tiene reparo en opinar de política o de la crisis. La codicia ilimitada es consustancial al ser humano, y debería tener cortafuegos. “Si transformamos los mercados en un casino, deben regirse por las reglas de un casino. si pierden dinero, se cierran, no piden ayudas públicas”.

Sabías que…

Desde que nació su hijo, Akhil, vive en la India, pero antes vivió en Collado Mediano (Madrid) durante nueve años. Varios ajedrecistas internacionales viven en España, por el clima, el anonimato y porque es un buen lugar desde el que viajar a los torneos.

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